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9Jul/110

¿Tiempo de sobra para la Evolución? Viejos argumentos con vestidos nuevos

14 diciembre 2010 — Un matemático y un biólogo han calculado que hay «tiempo de sobra para la evolución». ¿Y cómo es posible? La evolución tiene una espía: la selección natural. Esta espía de Darwin reduce enormemente el tiempo que según argumentan los «dubitativos» se necesitaría para crear un complejo organismo como el de una mariposa. ¿Conseguirá alzar el vuelo este argumento?

¿Contemplaba «la evolución» las mariposas como objetivo, para que la selección natural fuese fijando cada mutación favorable con vistas a la consecución de dicho objetivo? La tesis del espionaje y del pirata informático no concuerdan ciertamente con la tesis materialista de un proceso que no tiene objetivo alguno. Imagen: Mariposa Rey (Papilio machaon), de Menorca. Cortesía de Rixonrixon

El breve artículo objeto de esta reseña, de Herbert Wilf y Warren Ewens, ha sido publicado en PNAS con el simple título: «Hay Tiempo de sobre para la Evolución».1 La esencia de su propuesta es que la evolución, en contra de las ideas de los críticos que consideran que todo ha de evolucionar de forma secuencial, funciona como un procesador en paralelo: «La evolución es un “proceso en paralelo, en el que las mutaciones beneficiosas en el locus de un gen quedan retenidas después de haber quedado fijadas en una población mientras que mutaciones beneficiosas en otros loci quedan fijadas», decían. «De hecho, este enunciado es esencialmente el principio de la selección natural». Procedían al uso de algunas ecuaciones para demostrar que su modelo reduce drásticamente el tiempo que se precisa para la evolución de sistemas complejos,2 sin referirse ni una vez a ningunos casos biológicos en concreto. Sin embargo, el modelo que proponen supone que cada mutación beneficiosa quedará fijada durante la búsqueda mutacional aleatoria.

PhysOrg acepta sus alegaciones de forma totalmente acrítica, llegando incluso a decir en su titular: «Nueva investigación matemática demuestra que hay tiempo de sobra para la evolución», y que «la idea de que la evolución precisaría de “demasiado tiempo” para ser ciertademostrada como falsa». Pero demostrar es una palabra muy enérgica. Para apoyar esta afirmación, PhysOrg citaba a Wilf comparando la evolución con un experto pirata informático. Si tal pirata experto intenta adivinar una contraseña compleja, necesitará mucho tiempo para realizar una búsqueda aleatoria. Pero si un espía le indica al pirata cada vez que encuentra un carácter correcto, el tiempo se reduce espectacularmente. El artículo intenta remachar el argumento así: queda

Pero, ¿qué tiene que ver la piratería informática con la evolución de las especies?

Es muy sencillo, dice Wilf. En el caso de la evolución, el pirata informático es la evolución misma. La contraseña es la cadena de codones que describe, por ejemplo, una mariposa. Y el espía es la selección natural.

Hasta ahora parece que no tenemos nada sino una reformulación de la tesis de Darwin, o peor, que una mariposa evoluciona a tal simplemente porque lo hace. También parece reminiscente del algoritmo informático de Richard Dawkins que converge a la frase «Methinks it is like a weasel [Me parece que es una comadreja]», dado que cada letra correcta mutada en una cadena aleatoria queda fijada cuando es correcta. Pero, ¿quién verifica que cada letra es correcta? ¿Quién es el espía que ayuda al pirata informático? Imbricada en este modelo está la suposición de que cada mutación tiene valor para la supervivencia. Wilf explicaba en el artículo de PhysOrg:

«Si, cuando suponemos toda la cadena de letras [para una nueva especie], una de las letras es correcta —por ejemplo, una que describe correctamente los ojos de una mariposa—, entonces esta letra tiene valor para la supervivencia», afirmaba.

«No resultará descartada al darse mutaciones futuras, porque las criaturas intermedias están viendo muy bien, y vivirán y se reproducirán. De modo que aunque a primera vista parece que el proceso de mutaciones al azar necesitará de un tiempo muy largo para producir un organismo más complejo, gracias al espionaje de la selección natural, el proceso puede ir muy rápidamente.

»En el artículo estas ideas son cuantificadas de forma precisa, según este modelo, y se determina la magnitud de la aceleración. Es enorme, y demuestra que desde luego hay tiempo de sobra para la evolución».

Pero antes que Wilf y Ewens puedan rubricar esto con un «Quod erat demonstrandum», se suscita una multitud de interrogantes. ¿Quién está espiando, y quién espía a los espías? Lo que Darwin quería era librar a la biología de inteligencias-guía que pudieran dirigir ningún proceso hacia un objetivo para plasmar un designio previo. El principal problema con la analogía de Dawkins era que un agente inteligente había preseleccionado una secuencia objetivo, y que un vigilante invisible estaba verificando si las letras eran las correctas (en su computadora, el algoritmo que comparaba la cadena de caracteres que se generaba con la secuencia objetivo). Pero el materialismo, y su expresión biológica, la evolución como propuesta del origen y desarrollo de la vida, no tiene ningún propósito, no tiene ninguna secuencia objetivo; no hay nada en la evolución que la dirija hacia la llegada de la mariposa. La evolución no dispone de un algoritmo de comparación. La supervivencia no puede ser el algoritmo: no hay nada en la supervivencia que exija la aparición de un órgano complejo. La aptitud no puede ser el algoritmo; no hay ninguna medición independiente de aptitud en la teoría de la evolución aparte de la supervivencia misma, lo que por otra parte reduce la «supervivencia de los más aptos» a una tautología —a la aptitud de los más aptos, a la supervivencia de los supervivientes (véase Aptitud para dummies). Además, las mediciones de la aptitud se basan a menudo en malas estadísticas (véase Los estudios en selección natural, basados en malas estadísticas, y Cómo no demostrar la selección positiva).

Además, ninguna mutación simple proporciona ninguna previsión hacia un resultado distante. Wilf y Ewens contemplan las mutaciones beneficiosas, incluso si son tan infrecuentes como 1 en 10.000, como resultando en beneficios independientes, aditivos, a un organismo. Esto ignora casos en los que no se confiere ningún beneficio hasta que se logran situar múltiples modificaciones genéticas (complejidad irreducible), y también se deja sin explicar los efectos dañinos de la pleiotropía —cuando los beneficios en un gen ocasiona desastres en otro (p. ej.: 06/30/2009) – y la epigenética (véase La epigenética sube en la consideración de genetistas y embriólogos, y Se avecina una nueva revolución en genética). Otro reto lo constituyen efectos genéticos indirectos que producen «retrocesos» cuando una descendencia más apta se enfrenta con hermanos y enemigos más aptos (véase 03/17/2003). Los argumentos basados en la analogía están también repletos de escollos (cp. El Linux de Darwin). Los genomas son «infinitamente más complejos» que las contraseñas (véase El genoma humano, «infinitamente más complejo de lo que se esperaba»), siendo que contiene códigos que controlan códigos (Descubrimiento de un subcódigo genético, y Un hito científico: descubrimiento del segundo código genético), y que pueden tener la naturaleza de fractales en su arquitectura global (véase 13/10/2009). Incluso una sola célula exhibe una «complejidad pasmosa» (véase la construcción de una célula).

El artículo de Wilf y Ewens sólo incluía dos referencias y no respondía a las críticas de anteriores esfuerzos para vencer el problema del tiempo. Véase también las entradas La no evolución de las moscas del vinagre, La morfogénesis: ¿Está resuelta la evolución de las formas corporales?

1. Herbert S. Wilf y Warren J. Ewens, «There’s plenty of time for evolution», Proceedings of the National Academy of Sciences, publicado en línea antes de su impresión el 13 de diciembre de 2010, doi: 10.1073/pnas.1016207107.

2. Para una palabra desconocida de L letras, usando un alfabeto de K letras, el modelo secuencial exigiría KL ensayos para acertar la palabra. Ellos argumentan que el procesado en paralelo reduce los ensayos a aproximadamente KlogL.

Este artículo pudiera hacer impacto en 1860, cuando los miembros del Club X de Darwin estaban en pleno auge (04/03/2004), pero no un siglo y medio después de reflexión acerca de la selección natural y de múltiples revoluciones en genética. Estos autores parecen haber olvidado todos los argumentos en contra planteados contra similares nociones en el pasado. ¿Dónde han estado? Lo que es más instructivo es que esta idea tan desfasada y contraria al mismo pensamiento materialista haya sido publicada por la prestigiosa National Academy of Sciences de los EE.UU. y que se ofrezca como «demostración» de la narrativa evolucionista en la prensa popular. Para una excelente lectura de una crítica clásica de esta clase de argumentación y otras relacionadas, recomendamos la lectura de la entrevista realizada a Norman MacBeth, agnóstico, autor del libro Darwin Retried y estudioso del tema, con estrechas vinculaciones con el Museo Americano de Historia Natural. La entrevista fue realizada en 1982, y en la misma se revelan falacias de razonamiento e interioridades del mundo de la biología evolutiva y disciplinas relacionadas, y se presentan unas aceradas críticas al cuentismo adaptacionista enmascarado con bata blanca: Darwinismo: Tiempo de Funerales.

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