Existe Dios? Existencia de Dios: preguntas, argumentos y testimonios

28Mar/100

Ateos porque la religión tiene misterios

Ateos porque la religión tiene misterios

Hay otro tipo de hombres que no aceptan la reli­gión porque tiene misterios. Por ejemplo: la Eu­caristía. No entendemos la Eucaristía. Nosotros sabemos que Cristo está en la Eucaristía, pero lo sabemos porque Él nos lo ha dicho. No porque lo entendamos. A Cristo no se le ve en la Eucaristía, pero sabemos que Cristo es Dios y sabemos que Cristo tomó un pedazo de pan y dijo: «Esto es mi cuerpo. » Como yo sé que Cristo es Dios, y que puede hacerlo, yo me fío de Él, pero no lo entien­do. ¿Cómo voy a entender que en la Sagrada For­ma esté Dios? Lo creo pero no lo entiendo: es un misterio.

Hay personas que no creen en la Biblia y des­pués creen en cosas menos evidentes. Porque hay montones de cosas en la vida que no se entienden, y aun así se creen. Si no saben electrónica, ¿cómo se explican que dándole a un botón de la televi­sión salga un señor leyendo noticias en Madrid, o un partido de fútbol en Valencia? Y, sin embargo, aceptan el hecho de la televisión.

O el que sabe electrónica no sabe medicina. Le duele algo y va al médico y le dice: ataque de apéndice. Y va al quirófano. Y él ¿qué sabe si es ataque de apéndice o cólico nefrítico? Se fía del médico, que sabe si es apéndice o cólico nefrítico. ¡Se tiene que fiar de él!

Y el médico se fía del piloto. Va en avión, y el médico sabe medicina, pero se asoma a la cabina del avión y empieza a ver relojes: un vacuómetro, un tacómetro, un manómetro, un altímetro, etc. El piloto, que los entiende, vigila la compresión del motor, las revoluciones por minuto, la altura, la presión del aceite. Y el piloto se fía del médico, y el médico y el piloto se fían de la cocinera, por­que no todos sabemos distinguir las setas veneno­sas de las comestibles. Si vamos a tener que ana­lizar cada alimento que nos ponen para saber que no está envenenado, no podríamos comer. Tene­mos que fiarnos unos de otros. Y resulta que un hombre que se fía del médico, del piloto y de la cocinera, después no se fía de Dios.

Pero es más. Es que el hombre que no cree en Dios tiene que creer cosas mucho más inexplica­bles que los que creemos en Dios. Los que creemos en Dios tenemos explicación para muchas cosas que sin Dios no tienen explicación. Los que no creen en Dios no pueden explicárselas, por eso recurren a la salida cómoda del «no sé», propia del agnosticismo. Como no quieren creer en Dios, rechazan la razón que hay para creer y prefieren quedarse en la cómoda ignorancia del «no sé». Pero esta postura del agnóstico supone muchas más «tragaderas».

El catolicismo tiene misterios: la Eucaristía, la Trinidad, la redención, la virginidad de Ma­ría... Para el no católico existen muchos más misterios. Porque si quitamos a Dios, la vida tiene muchas cosas que no se explican. Por eso dice Solzhenitsin: «Señor, qué fácil me es creer en Ti; porque si prescindo de Ti, la vida está llena de oscuridades, llena de incógnitas, llena de cosas inexplicables.»

De otro premio Nobel de Medicina, Alexis Car­rel, es esta frase: «No soy tan crédulo como para ser incrédulo. » Porque el incrédulo, el que no cree en Dios, tiene que dar por inexplicables muchas más cosas que el creyente, que el que cree en Dios. Por lo tanto decimos que somos creyentes porque realmente es muy razonable creer en Dios.

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