Existe Dios? Existencia de Dios: preguntas, argumentos y testimonios

28Mar/100

Confiabilidad de la Escritura

Transcribimos aquí un breve pero interesante comentario de Peter Kreeft (Cristianismo para paganos modernos) sobre algunos pensamientos de Pascal y la confiabilidad de las Escrituras. Tema que, actualmente, es atacado por el ateísmo militante y el modernismo, dando a entender que las escrituras datan del siglo primero pero, como sabemos y está demostrado, las escrituras son de la era apostólica (año 50 D. C. aprox.).

Confiabilidad de la Escritura

Aunque oscura , la Escritura es confiable.

Aunque nos da pistas y datos más bien que pruebas, las pistas son confiables y los datos verdaderos.

Esto es así especialmente para el centro crucial de la Escritura, aquello que Dios más quiere revelarnos: Cristo. Pascal, cristocéntrico como la Escritura misma, se focaliza en los relatos del Evangelio, especialmente la proclamación clave de la Resurrección.

La crítica modernista de la Escritura duda de e impugna la confiabilidad de las transcripciones escriturísticas, especialmente los Evangelios, y ha convertido a muchas universidades y seminarios católicos y del protestantismo troncal en los lugares más eficaces del mundo para perder la fe. Pascal se enfrenta con el corazón de la progenie escriturística vigente defendiendo la confiabildiad de la Escritura con argumentos simples y de sentido común más bien que técnicos y eruditos.

332
Profecías. Si un hombre solo hubiera escrito un libro prediciendo el tiempo y el modo de la venida de Jesús y Jesús hubiera venido en conformidad con estas profecías, esto tendría un peso infinito. 

Pero aquí hay mucho más. Hay una sucesión de hombres durante un período de cuatro mil años, surgiendo consistente e invariablemente uno después de otro, profetizando el mismo advenimiento; hay un pueblo entero proclamándolo, existiendo por cuatro mil años para atestiguar en masa la certeza que sienten al respecto, de la cual no pueden ser apartados por cualesquiera amenazas y persecuciones que puedan sufrir. Esto es de un orden de importancia muy diferente. (710)

[332]
Como la mayoría de los apologetas cristianos premodernos, Pascal enfatiza fuertemente el cumplimiento en Cristo de las profecías del Antiguo Testamento y también sus milagros -dos énfasis hoy generalmente pasados de moda para los eruditos pero argumentos perennemente poderosos para el sentido común. Incluimos aquí solamente un pensée y omitimos docenas de otros a causa de su gran detallismo, número y naturaleza especializada. (Para el tratamiento de los milagros por Pascal, ver el punto 22.)

Si fueras a calcular la probabilidad de que en cualquier persona se cumplan, por pura casualidad, todas las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento que se cumplieron en Jesús, esta sería tan astronómica como la de ganar la lotería todos los días durante un siglo. Aun si Jesús hubiera tratado deliberadamente de cumplir las profecías, ningún mero hombre podría tener el poder para disponer el tiempo, lugar, sucesos y circunstancias de su nacimiento o los sucesos posterio­res a su muerte.

No obstante, las profecías son usualmente un tanto oscuras, y aun después de que se han cumplido hay un pequeño espacio para la duda, pues Dios las otorgó como pistas fuertes, no como pruebas compulsivas.

303
Un artesano hablando de riquezas, un abogado hablando de la guerra, o del oficio real, etc., pero el hombre rico bien puede hablar de riquezas, ...y Dios bien puede hablar de Dios. (799) 

[303]
La autoridad está basada en la experiencia. Cuando quieres la palabra autorizada sobre una novela, escucha al autor.

Así es que el hombre rico, no el artesano, es la autoridad en el tema de las riquezas; el soldado, no el abogado, es la autoridad sobre la guerra; y Dios, no el hombre, es la autoridad sobre Dios.

Este es un argumento en favor de la necesidad de la revelación. Lo que imagina un chico de tres años sobre la vida de una persona de trein­ta resulta ridículamente desacertado, a menos que la persona de treinta se lo diga al chico de tres. Aún menos esperanza hay para nuestra com­prensión de Dios a menos que El tome la iniciativa y nos diga, esto es, que se revele.

Cuando queremos conocer algo que es mucho menos que nosotros mismos -por ejemplo, una roca-, es sencillo. Toda la actividad está de nuestra parte; la roca no se puede esconder. Cuando queremos conocer un animal, es más difícil. Es activo. Puede escapar. Puede esconderse. Tenemos que ganar su confianza. Con todo, la mayor parte de la actividad corre por nuestra cuenta. Cuando se llega al conocimiento de otro ser humano, la actividad resulta compartida mitad y mitad. A menos que ambas partes se abran, no hay comunicación. Cuando llega­mos al conocimiento de Dios, toda la actividad es suya. Debe haber revelación.

310
Pruebas de Jesucristo. La hipótesis de que los Apóstoles fueron bribones es completamente absurda. Sigámosla hasta el fin e imaginemos estos doce hombres reuniéndose luego de la muerte de Jesús y conspirando para decir que había resucitado de entre los muertos. Esto significa atacar a todos los poderes. El corazón humano es singularmente susceptible a la inconstancia, al cam­bio, a las promesas, al soborno. Solamente uno de ellos tenía que negar su historia por estos móviles, o más todavía a causa de posi­ble prisión, torturas 'y muerte, y todo se habría perdido. Pensemos en esto. (801)

[310]
El punto fundamental de toda la Escritura es Cristo, según el Cristianismo.

La afirmación cristiana fundamental sobre Cristo es que es divino. Si no es divino, no puede salvarnos del pecado y la muerte y el Infierno.

La prueba más clara y simple y poderosa de que es divino es su Resurrección. Es también la consumación de su obra de nuestra salvación del pecado y la muerte y el Infierno.

Todo sermón predicado por todo cristiano en el Nuevo Testamento se centra en la Resurrección. La Resurrección era tan central para la predicación de Pablo que los atenienses pensaron que estaba predicando dos nuevos dioses, "Jesús y Resurrección [Anastasis]" (Hechos 17:18).

Si Cristo resucitó realmente, el Cristianismo es verdadero; si no, es falso.

Hay sólo dos alternativas para negar una resurrección real. Si Cristo no resucitó realmente, como los autores del Nuevo Testamento, sus apóstoles, dicen que hizo, entonces los apóstoles estaban engañados o eran engañadores. O no sabían que su relato era falso, o lo sabían.

Pascal refuta ambas posibilidades. La "teoría de la conspiración" -que conspiraron para engañar al mundo- es absurda; pues la gente conspira para mentir solamente por ganar alguna ventaja. ¿Qué ventaja ganaron los apóstoles de Cristo? Excomunión, persecución, odio, tortura, prisión, crucifixión -vaya negocio!- El sorprendente hecho histórico de que ninguno de ellos jamás confesó la conspiración, ni aun bajo tortura -ni lo hizo ninguno de sus sucesores- es evidencia muy poderosa.

La alternativa de que fueran engañados (la "teoría ele la aluci­nación"), Pascal la refuta en el N° 322.

322
Los Apóstoles fueron o engañados o engañadores (si Jesús no resucitó realmente). Ambas hipótesis se presentan dificultosas, porque no es posible imaginar que un hombre ha resucitado de entre los muertos.

Mientras Jesús estuvo con ellos podía sostenerlos, pero después, si no se les apareció, ¿quién les movió a actuar? (802)

[322]

Si los apóstoles imaginaron la Resurrección, fueron o bien los hombres más estúpidos en la historia, incapaces de distinguir un cadáver de un triunfante, resucitado Señor de la vida y de la muerte; o bien su alucinación se comportó de un modo muy diferente de cualquier otra alucinación en la historia, apareciendo muchas veces, a mucha gente (Pablo menciona quinientos en I Corintios 15:6 y desafía a sus lectores a entrevistarlos destacando que "muchos de ellos están todavía vivos"), comiendo verdadero pescado (Lc 24:26-43), per­maneciendo cuarenta días (Hechos 1:3), y -como Pascal destaca en la última frase- transformándolos de una chusma asustada como conejos, huyendo en la crucifixión, negando a su Señor (Lc 22:54-62), agachán­dose detrás de puertas cerradas (Jn 20:19), en una fuerza que conquistó al mundo, ablandando los duros corazones romanos y endureciendo la resolución de los mártires, yendo hacia leones y cruces con himnos de gozo en sus labios. Si Jesús no resucitó realmente de entre los muertos, entonces les ocurrió un milagro aún más grande, sin causa ninguna: ellos y miles de otros abandonaron placeres mundanos, aceptación, seguridad, prestigio, poder, riquezas y muy a menudo la vida misma por nada y desde nada. Nadie ha contestado jamás la simple pregunta final de Pascal: "¿Quién les movió a actuar?"

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