Existe Dios? Existencia de Dios: preguntas, argumentos y testimonios

13Nov/101

Consideraciones sobre el agnosticismo tomadas de la experiencia

1. Etimológicamente agnóstico (Huxley) significa ignorante, lo que no deja de ser paradójico, pues son muchas las veces que los agnósticos son, o al menos presumen, de intelectuales.

Usan el término agnóstico aquellos que piensan que la razón humana es incapaz de alcanzar algún conocimiento sobre Dios, ni siquiera «su existencia». En este caso agnóstico es el ignorante en lo que a Dios se refiere.

Teniendo en cuenta que Dios, Suma Verdad, es la causa de todo lo que existe y su fin, nos encontramos con que quien ignora a Dios, ignora lo más importante. Y de quien ignora lo más importante se puede decir que “su ignorancia es grave”. Suponiendo que la realidad fuera semejante a una pirámide quedaría cortada su parte más alta, las más noble. Pero esto no es todo porque todo el resto del saber queda herido, pues pasa a carecer de causa y de sentido. Todo el resto queda cuarteado.

2. Entre los agnósticos podemos distinguir una gran variedad, pero en este momento me quiero fijar en dos posturas. La primera de ellas es la de aquellos que estudian el tema religioso y concluyen que no tiene un fundamento transcendente. No he hecho estadísticas, pero me extrañaría que superaran el 1%. Luego hay muchas personas que se declaran agnósticos pero que no han dedicado «nada o prácticamente nada» a pensar, ni estudiar el tema de Dios.

3. Por lo tanto, entre los agnósticos una gran parte lo son a priori, lo que supone que es una opción previa o ajena al pensamiento.

4. El agnóstico suele adoptar frente al creyente una actitud de superioridad. Vosotros estáis bajo la religión, nosotros por encima, ya que la estudiamos como un fenómeno humano. Pero en realidad el agnóstico está en inferioridad de condiciones ya que el creyente posee una cosa que él no posee: la experiencia religiosa. Un creyente sabe lo que es vivir la fe, un agnóstico, no. Lo que estoy diciendo se puede parecer a dos personas que discuten sobre el mar. Uno lo ha visto y el otro no. El agnóstico es el que no ha visto el mar, pero se siente muy seguro a la hora de hablar sobre él. La ignorancia ha sido siempre muy atrevida.

5. El agnóstico se apoya en una filosofía de locos, pues niega datos que se poseen por sentido común, como la existencia de las cosas y la causalidad. Sobre un padre que pega a su hijo la filosofía hipercrítica que apoya el agnosticismo nos dirá que no sabemos si hay padre, ni tampoco hijo, ni tampoco el hecho de pegar. Una filosofía tan crítica devora todo lo que se le pone delante y, en consecuencia también a Dios.

Esta filosofía solamente admite como válido para el conocimiento lo que nos ofrece el mundo de los sentidos sin que se pueda trascenderlo. De manera que podría decirse que para ellos el conocimiento balbuceó en las edades antigua y media para desarrollarse a partir de la ciencia moderna de lo que es experimentable y medible.

Pero con este planteamiento queda excluido todo otro conocimiento, no solamente sobre Dios, sino p. e. la ética. Los principios morales de la ética no son medibles, ni experimentables. Así el «no matarás» no puede ser admisible. El argumento de Kant contra la posibilidad de demostrar la existencia de Dios no tiene en este contexto ningún sentido. Si Kant se lo quiere dar es su problema, pero Dios ni es medible, ni experimentable.

6. A pesar de lo que digan no me cabe la menor duda de que los agnósticos también dudan. Un día hablando con una de estos le pregunté: «Cuando te mueras te confesarás» y me contestó con toda secillez «que sí» y me dio la siguiente razón: «por si acaso».

7. De las personas que se declaran agnósticos se supone que han llegado a esa conclusión después de profundos estudios sobre la fe. Esa fue la actitud de Justino y Agustín y tantos otros que buscaron la verdad y no pararon hasta encontrarla. Los agnósticos ya parten del «no Dios» — no buscan — por lo tanto su labor solamente necesita ser destructiva y en esto llevan ventaja, porque destruir es más fácil que construir. Adoptar una actitud agnóstica es más cómodo que afanarse por buscar con sinceridad verdaderos argumentos, porque un creyente no puede permitirse el lujo de aceptar el error, pues tal vez tenga que jugarse la vida por ello, y además no puede ofrecer flancos al oponente. Es fácil y no es fácil elaborar un argumento, es fácil porque hasta la gente sencilla los pronuncia, pero como hay quien legítimamente procurará rebatirlos, habrá que dejarlos fundamentados teniendo en cuenta la filosofía y la ciencia moderna. Pero no es así, ellos suelen oponer su actitud racional a la irracional del creyente.

Como los agnósticos niegan la existencia de Dios, no prestarán ninguna atención a los sucesos sobrenaturales. Sobre ellos dicen que son mitos, cuentos, leyendas, que nos han legado de tiempos pasados más primitivos, sucesos que ahora no se dan. Por citar sucesos de particular transcendencia mencioonaré Lourdes y Fátima, así como los milagros que los acompañan. Un agnóstico no presta atención a esto, pero sí a una religión que se practica en polinesia por un centenar de personas, porque esto les sirve para sembrar la duda.

8. Sin embargo la experiencia religiosa es muy amplia no solamente en los santos con fenómenos místicos inexplicables, sino también en la gente sencilla que encuentra en su vivencia de la fe la confirmación de su veracidad. Esto un agnóstico no lo puede comprender.

9. El agnóstico suele recurrir para justificar el hecho religioso a la necesidad que el hombre siente de salvación y ve en aceptar esa situación la realidad de un hombre fuerte y que sabe que su horizonte es muy corto.

La realidad es que la vida de un agnóstico es nauseabunda. Después de una vida limitada, cada día más limitada, después de una muerte dolorosa ir al encuentro de la nada, (o no). Creo que hay diferencia con la vida de un cristiano que sabe que después de la muerte le espera su Padre Dios y que mientras camina en esta vida los sufrimientos que pueda encontrar son méritos para una mayor gloria.

10. De nuevo sobre la contraposición entre fe y razón. Hay argumentos que prueban la existencia de Dios, tanto a partir de las criaturas como del ser humano. A este hecho parecía ser rebelde la ciencia moderna, pero parece que últimamente se va plegando. ¿Quién iba a decir que iba a ser un sacerdote católico quien iba a alumbrar la teoría del Big-Bang, que ha puesto contra las cuerdas a todos los materialistas? Esta teoría hoy está bien confirmada, pero también se puede citar la muerte térmica del universo, así como la progresiva sabiduría y belleza que existe en el cosmos. Realidad que claman por un más allá.

La filosofía ha aportado razones profundas para aceptar la existencia de Dios. Ahora bien esas pruebas no eximen del estudio detenido y de la meditación sincera.

11. El agnóstico carece de fundamento para una vida ética. Sin un Dios legislador, no hay ley, y por lo tanto no hay moral. “Probablemente Dios no existe...pégate buena vida”.

12. El agnóstico se diviniza. Él no está no debajo de la religión sino por encima. Es un pequeño diosecillo que desde el pedestal de su ignorancia puede juzgar a todos los que no piensan como él. La razón por encima del mito. Esto le hace profundamente proselitista. Basta con acudir a los medios de comunicación para darse cuenta del profundo esfuerzo que están haciendo estos personajes para borrar la huella de Dios. Luego ellos acusan a los demás de proselitistas, mientras que ellos lo son más que nadie. También tienen su religión, sus dogmas, su moral, incluso podríamos hablar de sus ritos. Es tal su influjo que lo llamado “políticamente correcto” viene a coincidir con las tesis de los agnósticos.

Por eso el agnóstico es más fundamentalista que nadie. En esto me recuerdan a los liberales., si no son los mismos. Hay quienes presumen de liberales, pero la razón es que pasan de la verdad, cuando en su vida aparece un valor lo defienden con uñas y dientes. Pues lo mismo sucede con algunos agnósticos que lógicamente deberían pasar del tema de Dios, pero que, por el contrario son sorprendentemente beligerantes. Su ignorancia sobre Dios no nos impide ver su rechazo. Por eso el que debería permanecer ajeno a lo divino, incluso con curiosidad adopta posiciones de beligerancia, queriendo quitar toda presencia de Dios de la sociedad y reduciéndolo primero a la conciencia y luego a la nada. Pero en el mundo aunque siempre ha habido agnósticos, jamás han faltado los creyentes.

13. El parentesco de los agnósticos (no saben sobre Dios) con los escépticos (no saben de nada) hace que ambos sean enormes «charlatanes». Un agnóstico puede hablar sobre el fenómeno religioso sin parar (homínidos, primates, tipos de religiones, ) etc. Es lógico, como a Dios no llegan y observan el fenómeno religioso, es preciso explicar éste, pero lo hacen desde una actitud que prematuramente desprecia lo trascendente.

Es preciso tener mucho cuidado pues es tal la macedonia de datos y el modo de mezclarlos que pueden llegar a confundir a quien se encuentra poco avisado.

14. Entiendo que en la filosofía moderna hay mucho literatura erudita, o de filosofía ficción. De hecho llama la atención la disparidad de escuelas. ¿Podrán ofrecernos los filósofos algunas verdades que sean aceptadas por todos ellos? Este dato nos debe llevar a ser muy prudentes al leerlos. Sería muy bueno recordar la enseñanza de Descartes sobre las «ideas claras y distintas». Se afirman demasiadas cosas con el único argumento de una autoridad. Otras veces, se afirma gratuitamente sin someterjuicio las propias afirmaciones.

Pablo Ozcoidi
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  1. LA VERDAD MEJORA EL MUNDO

    De la vida y la muerte
    solo cierto
    es el misterio incalculable.
    Del tiempo y universo
    solo cierto
    es el misterio incalculable.
    Niebla,
    y más niebla
    es la total presencia viva
    que empaña siempre
    a nuestra consciencia,
    niebla que siempre oculta
    la dimensión profunda
    donde la noche termina.
    Solo raya la luz
    un tímido rayo,
    pareciéndonos romper
    cual hacha
    a un pequeño silencioso leño.
    Desde siempre,
    desde nuestro origen
    solo un brote,
    solo una raíz
    persiste el crecimiento:
    la Santa Duda
    devolviéndonos la salud
    al lavar nuestros pecados sangrientos
    de ambición y soberbia.
    La duda
    revisa, reinicia y progresa.
    La duda extiende los puentes
    por donde se acercan
    dos débiles humanos.


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