Existe Dios? Existencia de Dios: preguntas, argumentos y testimonios

9Jul/110

El dolor del Padre

Enrique Cases
Universitat Internacional de Catalunya

El tema del dolor de Dios es antiguo y nuevo. La Sagrada Escritura y los Padres lo tratan con abundancia. En la actualidad toma fuerza ante la presión de las corrientes kenóticas fruto de la muerte de Dios de Hegel llegando a extremos inaceptables.

Juan Pablo II, en su encíclica Dominum et vivficantem, cita el dolor del Padre y su compasión afrontando el tema con brevedad y valentía al decir: "la concepción de Dios como ser necesariamente perfectísimo, excluye ciertamente de Dios todo dolor derivado de limitaciones y heridas (...) Pero a menudo el Libro Sagrado nos habla de un Padre que siente compasión por el hombre, como compartiendo su dolor. En definitiva, este inescrutable e indecible dolor del Padre engendrará sobre todo la admirable economía del amor redentor en Jesucristo, para que, por medio del misterio de la piedad, en la historia del hombre el amor pueda revelarse más fuerte que el pecado. Para que prevalezca el don (...)En la boca de Jesús Redentor, en cuya humanidad se verifica el sufrimiento de Dios, resonará una palabra en la que se manifiesta el amor eterno, lleno de misericordia: Siento compasión (cfr Mt 15,32; Mc 8,2)" (n.36). El sufrimiento está unido al pecado y el Espíritu santo lo revela: "el convencer en lo referente al pecado, ¿no deberá revelar también el sufrimiento? ¿No deberá revelar el dolor, inconcebible e indecible, que, como consecuencia del pecado, el Libro Sagrado parece entrever en su visión antropomórfica en las profundidades de Dios y, en cierto modo, en el corazón mismo de la inefable Trinidad" (n.39). Antes autores como Galot, Maritain y Varillon tratan la cuestión con profundidad y con una perspectiva católica.

El tema conecta con al esencia del pecado, con la realidad del infierno, con la permisión del mal, con la causa de la redención y, sobre todo, con el alcance de la muerte de Cristo. Este estudio intenta abrir una luz hacia el misterio de Dios y su amor insondable, un amor real, lejano a la indiferencia e impasibilidad que evocan la real inmutabilidad de Dios. Pensamos que Dios experimenta un dolor propio que no es imperfección, sino perfección del amor.

Miraremos como el Verbo sufre en la humanidad de Jesús por la comunicación de idiomas. Pasaremos después a la obediencia de Cristo hasta la muerte. El Espíritu Santo se entristece en su amor unitivo como atestigua Pablo. El Padre es el gran ausente en este amor-dolor, pensamos que es el Amante compasivo con el Hijo y con todo el dolor humano. Esto es así por la perichóresis con el Hijo, por su ser personal de Padre y por su comunión con los hombres por gracia y por creación

La revelación de la intimidad divina es importante para conocer el corazón de Dios, lo más personal. En la Sagrada Escritura nos encontramos diversos textos que nos muestran a un Dios accesible a los dolores en su relación a los hombres. "Yahvé se arrepintió de haber creado a los hombres y le pesó en el corazón" (Gn 6,6). "Irritaban al Santo de Israel" (Sal 78,41). "Por ellos se rebelaron e irritaron su santo espíritu" (Is 63,10). Ellos "ofenden" a Dios (Dt 4,25), le "cansan" (Is 7,13). No sólo se da el amor con cólera en Dios, sino el amor con clemencia que supera la ira en su interior: "un vuelco ha dado en Mí mi corazón, a una han ardido mis entrañas. No ejecutaré el ardor de mi cólera, no volveré a aniquilar a Efraím, pues soy Dios y no un hombre" (Os 11,8-9). En el humano lenguaje bíblico se desvela la intimidad divina con unos sentimientos que tienen un paralelo con los nuestros. Esto se ve muy bien en Jeremías: "¿Es Efraím un hijo favorito, niño de mis delicias para que cuantas veces hablo contra él, me vuelva a acorda de él? Por eso mis entrañas por él se conmueven y he de tener por él piedad -oráculo de Yahvé" (Jer 31,20). También es clásico el texto de Isaías: " dice Sión: Yahvé me ha abandonado. El Señor me ha olvidado. ¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas lllegasen a olvidar yo no te olvido. Míralo, en las palmas te tengo tatuada, tus muros están ante mí perpetuamente" (Is 49,15-16). La ternura, la compasión, el cariño que no olvida, que sufre ante el dolor del hombre es mostrado por los profetas, Toda la Biblia está llena, de principio a fin, de una especie de lamento apesadumbrado de Dios, que se expresa en aquel grito: "¡Pueblo mío, pueblo mío...! Pueblo mío, ¿qué te hice, en qué te molesté? Respóndeme" (Miq 6,3). Pero Dios no se aflije por sí, sino por el hombre que, de esa manera se pierde. Se aflige, pues, por puro amor [1]

Pero es en la revelación de Jesús donde se hace más clara la intimidad del Padre al decir Abba, Pater mi. Es fácil intuir la ternura del Padre ante el Hijo bienamado en el que tiene sus complacencias, pero cuando el Hijo sufre y clama: Pater mi ¿cuál puede ser la expresión de su querer? ¿no será compadecer el Padre con el Hijo?. Como dice San Pablo de Padre: "no escatimó al propio Hijo" (Rom 8,32) con un dolor infinitamente superior al de Abraham cuando conduce a Isaac al sacrificio.

Desde luego estas revelaciones están lejos de un Dios lejano e indiferente ante la suerte de los hombres o de su Hijo Jesucristo. ¿Hasta que punto se puede utilizar la analogía de lo que sucede en el amor de los hombres para vislumbrar el amor de Dios, su gozo y su dolor? Algo podemos hacer, pero la Escritura nos pone delante de los ojos un amor divino que siente libremente y compadece con los hombres.

[2] Los Padres

La reflexión teológica de los Padres sobre la fe y sobre los datos bíblicos es rica y matizada. De una parte se afirma con rotundidad la inmutabilidad de Dios -no podía ser de otra manera- con clara influencia griega; de otra se matiza sobre la apatheia o ataraxia de esa inmutabilidad como incapaz de sufrimiento, aquí las posturas son más ricas. Para los filósofos griegos Dios era una idea, no una persona viva: la idea no sufre, no se apasiona, "no puede mezclarse con el hombre" (Platón), puede ser amado, pero no ser amante. Dios es el motor inmóvil (Aristóteles). El escándalo del Deus Passus ronda sobre las distintas soluciones especialmente a raíz de las controversias cristológicas.

Los Padres defienden la apatheia de Dios, equilibrando esas afirmaciones con la de la vitalidad de Dios, de su libertad para comunicarse, de sus sentimientos que se exteriorizan respecto al hombre, al menos atribuyendo a Dios compasión y misericordia como respaldo del sufrimiento humano del Hijo.

Los antioquenos colocan el sufrimiento de Cristo sólo en su parte humana; para los alejandrinos la parte divina se apropia ese sufrimiento. Ni los monarquianos, ni los apolinaristas, ni los monofisitas querían, con la afirmación de que en Cristo padeció la divinidad, someter de verdad el ser de Dios al sufrimiento humano.

Ahora bien conviene entender que los griegos entienden por pathos un accidente externo involuntario, cosa que nunca le puede suceder a Dios. Gregorio Taumaturgo dice que sufre por decisión libre, padece de un modo impasible, como paciente voluntario, está por encima del sufrimiento, es la "pasión del impasible". Hilario se acerca al docetismo al decir que el cuerpo de Cristo estuvo exento de necesidades naturales, siente los dolores, pero sin tener que padecerlos. Julián de Halicarnaso dice que sólo por decisión libre del Hijo puede padecer Jesús.

Otro sentido de pathos es considerarlo unido al pecado y es como una enfermedad de la actuación. Cristo nace, crece, debe alimentarse, pero el pathos propiamente es una enfermedad de la capacidad de elección dice Gregorio de Nisa. Máximo el Confesor sigue esta distinción y también Juan Damasceno. El Verbo Encarnado puede padecer los dolores naturales inocentes por su condición de hombre y por permisión divina. San Agustín va mas lejos al decir que las pasiones son un movimiento contra la razón, como una perturbación, por lo que Dios sólo puede ser impasible: arrepentimiento, compasión, paciencia són sólo expresión de su actitud duradera, que es todo lo contrario de insensibilidad

En resumen vemos que los Padres se distancian de la apatheia de los griegos. Origenes trasladará la passio al Hijo eterno el que es magnánimo y misericordioso, ¿no padece él de alguna manera? En su providencia tiene que sufrir que los hombres sufran igual que el Hijo padece nuestras pasiones. Es decir, se conjuga la paradoja de la impasibilidad de Dios y su conmoverse en la redención.

En Dios no puede darse un padecer en la medida en que ésto signifique ser golpeado desde fuera, o dicho de otra manera, Dios (y el Hijo hecho carne) puede ser afectado de forma pasiva sólo en la medida en que esto responde a una decisión libre. Además a que tomara analógicamente los afectos humanos ya que no se puede afirmar una "mutabilidad" de Dios. Tras la patrística se tiene a resaltar más la impasibilidad de Dios y las reacciones bíblicas de Dios a la conducta humana son sólo antropomorfismos. Tras la condena de la herejía patripasiana que confunde el Padre con el Hijo se reacciona borrando las consideraciones anteriores

Como vemos lo esencial es la noción de Dios que se alcance y cómo se perciba su perfección e infinitud. En ocasiones parece ponerse en oposición el Dios trascendente con los mitos, es posible, sin embargo, profundizar en el Dios trascendente sin caer en explicaciones reductivas de la divinidad y míticas [3]

Modernos

Con Hegel queda alterado el equilibrio de el pensamiento que puede aunar la inmutabilidad y transcendencia de Dios con la presencia real del dolor en lo más íntimo. Esto se da con la intuición central de la "muerte de Dios" Hegel piensa que "el Dios de Israel se convierte en un concepto "sin contenido y vacío", abstracto, "sin vida, no simplemente muerto, una nada" que, sin embargo, como "objeto infinito" reivindica para sí toda la verdad, la libertad, la justicia, con lo que el hombre desciende a "pura propiedad de Dios" que celosamente exige para sí veneración y adoración, odia cualquier otro culto manda destruirlo en cuanto sea posible, hace servir y servir ante él a sus siervos en una "triste y vacía unidad", sin belleza, sin tener "parte en ningún tipo de eternidad" [4] . Luego entonces ¿que idea tiene de Dios? una idea negadora de Dios según Feuerbach denuncia es un verdadero ateísmo. Pero aún así nos interesa su intuición original" En Hegel la 'muerte de Dios' (como negación del puro estar-en-sí de lo absoluto) juega un papel decisivo" [5] Su visión es una cristología filosófica tratando de recuperar el "dolor infinito", el considera el Viernes santo especulativo, "la vida de Dios y el conocimiento divino pueden, pues, ser considerados como un juego que cae en lo edificante y en lo insípido cuando falta ahí lo serio, el dolor, la paciencia y trabajo de lo negativo" (Phäenomenologie des Geistes). Para ello integra en la idea de Dios, "el sentimiento doloroso...de que Dios mismo ha muerto". Incluso en su versión más cristiana interpreta a Dios como un proceso necesario y teológicamente como una autorrevelación y autoentrega en Cristo libres. El acento recae en que un absoluto que no conoce el padecer y morir real es "lo solitario inerte" y como divino tiene que hacer la experiencia de morir para vivir como lo divino viviente. Así llega a decir;"Dios se sacrifica, se entrega a la aniquilación. Dios mismo está muerto. La desesperación suprema del abandono total de Dios" . La raíz de esta apreciación es que el existente en-sí no tiene consistencia verdadera y por eso" se aliena a sí mismo, va a la muerte y, de ese modo, concilia consigo mismo al ser absoluto. La muerte es lo negativo en el cual Dios toma conciencia de sí mismo, es un momento de la naturaleza divina misma [6] . Parece claro que esa idea de Dios no sólo no es cristiana, sino que no es teista pues parte de un Dios que no es Dios al carecer de conciencia de sí. La kénosis de Cristo es llevada al extremo de ser una negación de Dios mismo como si dejase de ser Dios en un acto de amor y entrega supremo, cosa que es imposible.

Santo Tomás en el comentario a Flp 2,6-11 pone en un su sitio la kénosis al decir que el vaciamiento de Dios no es prescindir de una propiedad; "No, porque aunque tomó lo que no era, permaneció lo que era. Esto hay que entenderlo así: tomó lo que no tenía, pero no tomó lo que tenía. Porque así como descendió del cielo, no porque dejase de estar en él, más porque empezó a estar en la tierra de un nuevo modo, lo mismo que se anonadó, no dejando su divina naturaleza, sino tomando la humana"

Los kenóticos alemanes son posteriores a Hegel ven un padecimiento y mutación en la divinidad y ven como requisito de la encarnación del Hijo su autolimitación o renuncia de sus propiedades de su divinidad referidas al mundo (Thomasius), la "despotenciación de su conciencia de Dios" en una conciencia humana" (Frank) incluso la renuncia total a su autoconciencia eterna (Gess), algo así como la muerte de Dios en Dios. Los ingleses insisten más en la repercusión del pecado sobre Dios, que no podría ser perfecto en el caso de que no sufriera bajo el pecado, sea en su esencia, sea en la persona especialmente del Padre, que es el primero que padece (antes que el Hijo, Bushnell) y que en todo caso padece con el Hijo (D, White) [7]

Moltmann toma la idea de Hegel de que sin los dolores y muerte de cruz no hay Trinidad, para ello habla de una "intima sed de padecer de la divinidad, su anhelo interior del otro, que puede ser para Dios el objeto de amor supremo, ilimitado". Dios se manifiesta como Dios sólo en su opuesto, en la ausencia y abandono de Dios [8]

Koch afirma que el conocimiento de Dios se da sólo en Cristo y a través de él conocemos a un Dios que quiere y debe ser conocido en el padecimiento y en la muerte, con lo que el Padre no puede ser ya el inmutable. La extensión de la muerte a Dios mismo es clara, sumerje la vida de Dios en el devenir y pasar del mundo para levantar el mundo de la vida y la muerte [9] Kitamori reflexiona, como Lutero, desde el pecado que produce una ira en Dios y por fidelidad la supera mediante el amor al pecador y lo hace mediante el acto más doloroso enviar a la muerte a su propio Hijo. "La voluntad de Dios de amar el objeto de su ira. Eso es el dolor de Dios". El Padre sufre al enviar a su Hijo. Pero transfiere el dolor a la esencia de Dios y no tiene en cuenta la libertad de Dios en la creación y en la redención. Atribuye al Dios impasible en su esencia una pasibilidad querida por él mismo [10]

Brasnett también conecta el sufrimiento de Dios con la creación. Dios crea y es fiel a la creación que no es insensible al sufrimiento del mundo. Recoge la idea de Orígenes de que el cielo entero no puede conseguir beatitud plena "hasta que yo, el último de los pecadores me haya convertido" para mostrar esto dice Brasnett que Dios encuentra mayor alegría en una creación manchada que en un vacío inmaculado y como la libertad humana es el bien supremo, la culpa es inevitable, con lo que el sufrimiento se convertiría en un momento interior de la "esencia" de Dios dice como los sistemas anteriores [11]

Barth se fundamenta más en la Cristología. La muerte de Cristo es el testimonio de la fidelidad extrema de Dios a la alianza pues en esa muerte carga él con la infidelidad de Israel y de la humanidad, y, con ello, su situación de desgracia total. El crucificado es imagen del Dios invisible y, por eso, de una pasión de Dios. Pero no hay en esa pasión ninguna contradicción interna (Moltmann) o un conflicto entre cólera y amor(Kitamori). Su sucumbir en el sufrimiento es expresión de su superioridad. Dios en su esencia se hace dependiente del mundo. No se trata de un eterno padecimiento intratrinitario de Dios que no haría más que repetirse en la cruz. La Pasión de Cristo explica toda la esencia de Dios, también el corazón del Padre que, por amor, hace entrega de lo más preciado para él. El Padre no es un simple espectador de la Pasión, padece el sufrimiento del Hijo con profundidad, es un co-padecer. Barth rechaza la "muerte de Dios" como un abuso de la perichóresis, también rechaza la idea de que tras el sufrimiento temporal de Cristo, Dios padezca eternamente [12]

Galot aborda el tema del sufrimiento de Dios con una perspectiva católica. Por un lado desarrolla la comunicación de idiomas entre la naturaleza divina y la humana. Pero, sobre todo, señala que toda la Trinidad está implicada en la redención, el Padre, como Abraham consumado, entrega al Hijo y es el oferente, El Hijo revela el sufrimiento del Padre y en segundo lugar oferta al mundo. Galot se atiene de un modo pleno a la inmutabilidad de Dios y distingue la vida intratrinitaria a la que ningún dolor puede afectar y la libre decisión de las personas divinas por puro amor a la creación del mundo a pesar de que el dolor puede afectarles. El sufrimiento divino se presenta aquí como una manifestación del amor supremo. Señala como en los hombres se alcanza la madurez en el sufrimiento tantas veces. Dios es el primero que sufre sin culpa y la misma comunión entre las personas divinas es un éxtasis pero también una renuncia en la donación [13] .

Maritain, a su vez, medita el tema sobre la base de que el "dolor nos confiere una nobleza incomparablemente preciosa y fértil" y lo ve también en Dios. Por ello ve en las entrañas de misericordia de Dios una propiedad sin imperfección alguna que podía ser descrita como "captura victoriosa", "aceptación" "superación" del dolor. "El pecado hace a Dios algo que le llega hasta su profundidad divina, no en el sentido de que le haga sufrir algo causado por una criatura, sino en el sentido de que la criatura, en su relación con Dios, transfiere a la innominada perfección de Dios algo de lo que es nuestro dolor y cuyo arquetipo está en Dios" [14] . Galot distingue el dolor efectivo del dolor afectivo según lo dicho por Maritain de que Dios "padece" con nosotros y mucho más que nosotros; el co-padece mientras hay dolor en el mundo.

Varillon [15] va más lejos y dice que en Dios el devenir es una perfección de Dios, ¿es vida una vida sin movimiento?

El amor y el dolor

Jesucristo revela al Padre, conocemos el rostro de Dios y su intimidad a través de lo que hace y dice Jesús. "Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío" (Jn 17,10). Son muchos los textos que nos muestran la inmanencia del Hijo en el Padre, "el que me ha visto a mí ha visto al Padre" (Jn 14,9), en su rostro crucificado nos invita a ver al Padre, lo que muestra a un Padre paciente, nada indiferente y lejano. Para ver como se compaginan el amor y el dolor, la impasibilidad y la pasibilidad vamos a observar el misterio de Dios y de la redención desde distintos puntos de vista.

El primero es lo evidente del sufrimiento de Jesús que experimenta: el odio, la injusticia, la calumnia, el desprecio, la burla, el dolor físico hasta el límite y la muerte por amor en un sacrificio costoso. La comunicación de idiomas entre la naturaleza divina y la humana de Jesús nos muestra que este dolor humano es dolor de la persona de Jesús. El Hijo sufre ese dolor humano que le afecta vivamente. Separar lo humano y lo divino lleva al nestorianismo. No parece aceptable la indiferencia en el Hijo en cuanto Dios cuando los sufrimientos en su alma y en su cuerpo humanos son tan patentes. Es claro que no se puede aceptar un dolor que disminuya la divinidad de modo que, de hecho, no fuese Dios. El origen del arrianismo fue el escándalo ante el Deus passus. Pero si no puede entenderse como deficiencia, deberá entenderse como perfección del amor que es el motivo de la redención. Luego el Verbo sufre por amor.

Por otra parte nos atestigua San Pablo que el Espíritu Santo se contrista por el pecado: "no contristéis al Espíritu Santo de Dios" (Ef 4,30). No podía ser de otro modo, el Espíritu Santo es el Espíritu del Hijo, es amor del Hijo y sufre con la misma causa que sufre el Hijo, es más, sufre con su dolor y su anonadamiento. La perichóresis nos habla de un intercambio de todo lo que tiene el Hijo y todo lo que tiene el Espíritu Santo. Si el Hijo tiene dolor amoroso el Espíritu Santo también participa de él.

El Padre también vive la perichóresis, y la vive como eterno Amante, la vive como es el que es el origen del amor al Hijo, y como origen del amor redentor que quiere el modo más sabio de salvar la libertad pecadora del hombre. La voluntad de que sea el Hijo es porque los hombres han sido creados a imagen del Hijo, y porque la restauración sería un rehacer la imagen del Hijo en los hombres y un modo de elevar la naturaleza humana a una unión con la divinidad imposible de superar pues es hipostático en Jesús. La voluntad del Padre es obedecida por el Hijo como Dios y como hombre y llega hasta la muerte, hasta el dolor más extremo. Sería una injusticia pensar que Dios Padre permanece indiferente en una voluntad justiciera que otro tiene que satisfacer de una manera tan cruenta. El Padre experimenta un dolor que es una perfección del amor trinitario que en la creación y en la redención alcanza nuevos modos de manifestarse

La perichóresis trinitaria ilumina el acto doloroso de la redención, en un amor loco, en un amor que es donación total, en una Misa que es acción divina no humana. Apreciar el dolor de Dios ayuda a conocer más a fondo la intimidad de Dios que ama sin detenerse ante nada.

Otro punto a considerar es poder valorar lo que es realmente el pecado. Si se considera la impasibilidad de Dios ante los pecados de los hombres, entonces todo importa poco, por no decir nada, los pecados son indiferentes, salvo quizá en cuanto son ofensas a los demás hombres. Pero si se considera el pecado como ofensa a Dios, como una acción libre humana que entristece a las personas divinas, que las daña en una acción imposible ya es otra cuestión. Pero, ¿porque las daña? porque la gloria de Dios es la vida del hombre y lo que hiere la vida del hombre y le mata duele en lo más íntimo el amor de Dios. El Padre sufre con el dolor del hijo más que el mismo hijo pues ve mejor sus daños alocados. Podría quitar la libertad al hombre, podría anular la creación, pero sería etenamente menos perfecto. El amor libre y la misericordia dolorosa valen más que el pecado.

Además se da otro factor, Dios es solidario con el hombre, lo más íntimo del hombre es su ser que es participado del ser divino, Dios es más íntimo a nosotros que nosotros mismos, luego nuestros amores y nuestros dolores afectan a Dios. Si añadimos la solidaridad por la gracia en la cual Dios está en el hombre y el hombre en Dios, la comunión de dolores y de amores no puede ser menos que real.

Todas estas consideraciones nos llevan a profundizar en el amor infinito de Dios. La revelación de Dios Trino nos muestra un amor que se entrega al hombre como reflejo de ese amor entregado entre las tres personas. Para Dios en sí no habría dolor si no existiese el hombre, pero los hechos nos dicen que existimos y por tanto Dios se ha comprometido con nosotros en nuestra existencia real. El hecho de que permita el mal muestra que la libertad para amar es superior a todos los dolores, cosa experimentada por los hombres, el mismo infierno es la ausencia del amor de Dios por libre elección pecadora

[1] Cantalamessa. El Señorío de Cristo p. 121-122

[2] Urs von Balthasar Teodramática t5 El último acto p. 200 yss

[3] cfr Urs von Balthasar Teodramática p. 213-218

[4] cfr Urs von Balthasar Gloria t5 metafísica, edad moderna p. 531

[5] cfr Urs von Balthasar Teodramática t.5 p. 224.

[6] cfrUrs von Balthasar Teodramática t.5 El último acto p.222 -225
[7] Urs von Balthasar teodramática t. 5 el último acto p. 22

[8] ibid. p225-226)

[9] (Koc Die zukunf des toten Gottes cit en Urs von Balthasar p. 22

[10] Kitamori Theologie des Schmerzen Gottes, citado en Urs von Balthasar o.c. p.229-231)

[11] Brasnett The suffering of the Impassible God.Citado en Urs von Balthasar teodramática t.5 p.232

[12] Barth Kirchliche Dogmatic citado enUrs von Balthasar Teodramática p.232-235

[13] Galot Dieu souffre-t-il en von Balthasar Teodramática t. El último acto p. 237-238

[14] Maritain Cursus der salmanticenses vol 7 p. 210 citado en von Balthasar

[15] Varillon La soufrance de Dieu

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