Existe Dios? Existencia de Dios: preguntas, argumentos y testimonios

9Jul/110

Evidencias de la existencia de Dios

Paul Ferguson

El ateísmo se define como la “no creencia en Dios o dioses”.

Lo que parece increíble es que los ateos sostengan tal creencia con tanta certeza, si consideramos que incluso ateos renombrados como Thomas Edison admiten que “no conocemos ni una millonésima parte del uno por ciento de nada”.

En efecto, ni siquiera sabemos todavía cuál es la composición del noventa por ciento del universo. ¿Qué es la gravedad? ¿De qué están hechas las partículas fundamentales de la materia, tales como los electrones, los quarks o los protones? ¿Qué es la energía? ¿Cómo se explica que un gramo de pétalos de rosa contenga una cantidad de energía idéntica a la de un gramo de uranio? Si no sabemos el “cómo” del funcionamiento de estas cosas, ¡cuánto menos el “por qué”! Ser ateo, por tanto, exige una buena cantidad de fe.

—Pero a Dios no le podemos ver —me dijo en cierta ocasión un estudiante.

—Cierto —le respondí—; pero tampoco podemos ver los electrones, la música, los campos magnéticos, la mente o el viento y no por eso dudamos de su existencia.

Si no podemos ver a Dios, entonces deberíamos evaluar las evidencias de Su existencia con el mismo método que utilizamos para descubrir las cosas que no podemos ver, es decir, sus efectos.

1. La Evidencia Cosmológica

En 1916 un joven, natural de Alemania, llamado Albert Einstein publicó un trabajo en el que delineaba una nueva teoría del origen del universo. El teorema matemático de Einstein sobre la Relatividad General (TGR [siglas en inglés]) sugería que el universo conocido se estaba expandiendo y establecía un comienzo concreto para todo el tiempo, todo el espacio y toda la materia. Antes de ese momento, no existía nada, ni siquiera las leyes de la física. Antes de Einstein, los ateos se aferraban a la idea de un universo eterno. Actualmente, la mayoría de los científicos sostienen que la gran masa de evidencia científica observable apoya el TGR, ¡lo que implica que el universo ha tenido un comienzo y que está en plena expansión!

La Ley de la Causalidad es el fundamento de toda ciencia. Esta Ley afirma que todo COMIENZO ha de tener una CAUSA. Esa es la razón por la que los investigadores tratan de hallar la causa del cáncer, o la causa del SIDA, etc. De no existir esta Ley, toda la ciencia sería un sin sentido, ya que la ciencia es en esencia una búsqueda de causas. Si alguien te dice que no cree en esta Ley, pregúntale simplemente qué es lo que le hace llegar a esa conclusión.

Por lo tanto, si el universo ha tenido un comienzo, ¿QUIÉN fue su Causa original? La ciencia cosmológica ha provisto abundante evidencia de que nuestro universo tuvo un comienzo. Este comienzo demanda ahora una explicación.

De la evidencia cosmológica podemos concluir que la Causa Original del universo ha de tener una existencia autónoma, inmaterial, a temporal o eterna y carente de espacio, puesto que todas estas cosas fueron creadas por esa Causa Original.

Radioactividad

La Química demuestra que los elementos radioactivos degeneran con el tiempo hasta convertirse en elementos distintos. Sabemos, por ejemplo, que el uranio radioactivo se ioniza convirtiéndose en plomo. Pues entonces, si todos los átomos de uranio fuesen infinitamente antiguos, ¿no deberían haberse ya convertido todos en plomo? Como que es evidente que esto no ha ocurrido, se puede concluir que el universo no es infinitamente antiguo.

La Segunda Ley de la Termodinámica

La primera Ley de la termodinámica afirma que el total de la energía existente en el universo es constante. En otras palabras, el universo posee sólo una cantidad finita de energía (algo así como la capacidad limitada de carburante que cabe en el depósito de un automóvil). Pues si en el depósito de un automóvil sólo cabe una cantidad limitada de gasolina (la primera Ley), y cada vez que está en funcionamiento está consumiendo carburante de forma ininterrumpida (segunda Ley), ¿estaría todavía funcionando el vehículo si se hubiese puesto en marcha hace una cantidad infinita de tiempo? No, por supuesto que no. Se le habría acabado la gasolina antes. De la misma manera, al universo ya se le estaría acabando la energía de haber estado consumiéndola durante una eternidad. Pero hete aquí que las luces todavía están encendidas, de modo que el universo debe haber comenzado en algún momento concreto del pasado. Es decir, el universo no es eterno; hubo de tener un comienzo.

2. La Evidencia del Diseño

Esta argumentación es también sencilla y clara:

a. Todo diseño tiene un diseñador.

b. El universo posee un diseño altamente complejo.

c. Por lo tanto, el universo tiene un diseñador.

Con el reciente avance del conocimiento científico del universo, comenzamos a darnos cuenta de la asombrosa complejidad que exhibe el diseño del mismo. Es importante notar que al hacer referencia al concepto de diseño inteligente a lo largo de este estudio, no nos referimos necesariamente a la optimización o perfección del diseño, sino al ente inteligente (sin tomar en consideración la habilidad del diseñador). También es importante advertir aquí que las inferencias al concepto del diseño son moneda común y parte importante de la ciencia moderna. Entre las numerosas disciplinas que hacen uso de este concepto se hallan la arqueología, la antropología, la medicina forense, la jurisprudencia criminal, las leyes de copyright, las leyes sobre las patentes, la ingeniería inversa, la criptografía, la generación numérica aleatoria e, incluso, la investigación de inteligencia extraterrestre (SETI [siglas en inglés]).

ADN

En el interior de cada una de nuestras 100 trillones de células tenemos 2 metros de ADN embobinado cuyo peso es de unas 6 trillonésimas partes de un gramo. Cada célula posee 30.000 genes en 23 parejas de cromosomas que pueden llegar a producir de 20-25.000 proteínas. El ADN contiene una enorme cantidad de información que la célula usa para fabricar las proteínas necesarias para la vida. Bill Gates afirmó en cierta ocasión que “el ADN es como un programa informático, solo que mucho más complejo que cualquiera de los que nosotros hayamos podido concebir”. Lo que levanta la sugerente pregunta de por qué el azar habría de crear ADN con información si no puede crear ni un sólo programa de Microsoft.

El Ojo

El ojo representa cuatro milésimas del peso total de un adulto y posee 120 millones de células foto sensitivas en la retina que convierten la luz en impulsos nerviosos que llegan al cerebro a través del nervio óptico. Este nervio óptico está formado por unos 40.000.000 de terminaciones nerviosas. De hecho, nuestros ojos parpadean unos 400 millones de veces en toda nuestra vida (trata de que el limpiaparabrisas de tu coche tenga el mismo rendimiento sin necesidad de recambios). Si perdieses un ojo, lo único que te podría ofrecer para reemplazarlo el mejor cirujano oftalmólogo del mundo sería una “canica” de cristal coloreado que cubriese el agujero. ¿Por qué? Porque ningún científico “inteligente” actual puede crear un ojo o hacer una réplica de su diseño.

El Cerebro

El año 2005 IBM anunciaba con gran pompa publicitaria el lanzamiento de la supercomputadora más potente del mundo: La Blue Gene/L. Se dice que este ordenador tiene una potencia de procesamiento equivalente a la del cerebro humano. Sin embargo, los cerebros humanos todavía demuestran ser superiores a las supercomputadoras en muchos aspectos: La Blue Gene/L tiene unos 16 terabytes (trillones de bytes) de memoria; mientras que un cerebro se calcula que tiene una capacidad de 100 terabytes. Los cerebros son portátiles; la Blue Gene/L mide como 64 cajas de frigoríficos y cubre una superficie de 426,72 m. cuadrados (más o menos como un campo de tenis); un cerebro normal hace unos 142 cm. cúbicos y pesa aprox. 1,5 Kg.

Diccionario Electrónico
Ordenador Portátil Super-Computadora IBM Cerebro Humano
¿Es complejo? Sí Sí Sí Sí
¿Fue diseñado? Sí Sí Sí ¿?
¿Fue creado? Sí Sí Sí ¿?

Al estudiar esta tabla es importante tener en cuenta que el diccionario electrónico, el ordenador portátil y la supercomputadora sólo realizan las funciones de adquirir información, procesarla, guardarla y distribuirla. No tienen emociones. Recuerda cuando vayas a través de la tabla que el nivel de complejidad de los instrumentos descritos va en aumento, de modo que el cerebro es el aparato más complejo que guarda, procesa y adquiere información.

La lógica nos dice que si a un ordenador que tan sólo adquiere información, la procesa, la guarda y la distribuye, ninguna persona en su sano juicio le negaría ser producto del designio y la creación de alguien; ¿por qué, pues, se sostiene que la “supercomputadora” cerebral, infinitamente más eficiente e impresionante, sea el producto y la creación del azar?

Las Leyes de la Naturaleza

Hay muchas leyes naturales que gobiernan la existencia y el mantenimiento de este universo, tales como las Leyes de la Termodinámica, de la Gravedad, etc. Se impone una pregunta obvia: ¿Quién es el “Legislador” que ha promulgado dichas Leyes? ¿Quién las mantiene?

Ahora nos estamos dando cuenta del asombroso equilibrio de esas leyes y de su increíble precisión. En efecto, a menudo leemos en los periódicos acerca de la posible catástrofe que provocaría el aumento de tan sólo uno o dos grados en la temperatura de la tierra. Por ejemplo, si se alterase la fuerza gravitacional un 0’00000000000000000000000000000000000001%, nuestro sol no existiría, ¡ni tampoco nosotros!

3. La Evidencia de la Moralidad

Si Dios no existe, no puede haber tampoco valores morales objetivos, como el bien o el mal. Lo único que nos queda son nuestras opiniones subjetivas, pues no hay una norma con la cual determinar lo que está bien o mal. Las normas morales no aparecieron de la nada. De haber sido así, ¿con qué lógica podríamos pedir a la gente que las pusiese en práctica?

De forma instintiva todos somos conscientes de la existencia de las verdades absolutas y de los valores morales y, de hecho, nos conducimos bajo tal premisa. Incluso la persona que niega la existencia de valores absolutos, valora su derecho a afirmar eso.

4. La Evidencia de la Consciencia

Un ateo me dijo una vez:

—La única cosa en la que yo creo es en la química.

Yo le señalé que esa declaración de fe materialista que acababa de hacer no estaba hecha con elementos de “química” molecular y, por tanto, era contraproducente e ilógica. ¡Acababa de probar la falsedad de su propio argumento! Sería como si yo dijese: “No puedo hablar castellano”, ¡cuando acabo de probar, diciéndolo, que sí puedo!

Sin embargo, para demostrarle con toda claridad que estaba en un error, le ofrecí la oportunidad de probar su hipótesis. El desafío que le planteé fue que me acompañara al tanatorio más cercano y, una vez allí, escogiera un cuerpo “químico” muerto cualquiera; ahora debía hacer que esa persona recientemente muerta volviera a la vida, permitiéndosele el uso de cualquier sustancia química.

—Después de todo —le decía yo razonando con él—, eso debía ser tarea fácil para un joven científico, educado e inteligente como él, ya que el mero “azar” se las había arreglado él solito para poner esa “consciencia química” en seis mil millones de personas.

A pesar de ofrecerle la posibilidad de contar con los servicios de algún hábil médico o científico, ¡el joven sorprendentemente no quiso poner a prueba su teoría!

¿Por qué? No se necesita ningún doctorado de Harvard para saber que el cuerpo humano tiene un alma consciente, que no participa de la condición material de aquél. Si nuestras emociones son materiales, ¿puedes pesar tus “pensamientos” o embotellar el “amor” o la “envidia” y vender esos “productos químicos” en el supermercado local? ¿Son las sustancias “químicas” las que provocan que dos personas se enamoren?

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