Existe Dios? Existencia de Dios: preguntas, argumentos y testimonios

28Mar/100

IDENTIFICACIÓN CIENTÍFICA DE LA TUMBA Y DE LOS RESTOS DE SAN PEDRO EN EL VATICANO

IDENTIFICACIÓN CIENTÍFICA DE LA TUMBA Y DE LOS RESTOS DE SAN PEDRO EN EL VATICANO

La identificación científica de la tumba de san Pe ­dro es obra de los padres jesuitas Kirschbaum y Ferrúa, y de los señores Ghetti y Josi. Todo empe ­zó en 1939, con Pío XII, cuando se estaban lle­ vando a cabo unas excavaciones para preparar la tumba de Pío XI. Mientras se estaban haciendo las excavaciones se descubrió un mosaico.

Existía una tradición que decía que debajo del altar papal, debajo del baldaquino de Bernini, de -bajo de la cúpula de Miguel Angel, había una ne­crópolis, un cementerio, donde había sido ente­rrado san Pedro.

Cuando al hacer la excavación para enterrar a Pío XI apareció un mosaico, Pío XII mandó que siguieran excavando, y apareció la necrópolis. Un cementerio importantísimo. En él aparecen mau­soleos de familias importantes de Roma, como los Flavios, los Valerios, etcétera.

Se sacaron cincuenta mil metros cúbicos de tierra de debajo de la basílica de San Pedro. En la excavación aparece una tumba cavada en la tierra abierta y vacía.

Sabemos por la historia que Nerón persiguió a los cristianos. Nerón era un maniático que incendió Roma y echó la culpa a los cristianos. Perseguir a los cristianos era una justificación del incendio de Roma. Tuvo lugar una matanza de cristianos, entre ellos san Pedro, al que martirizó en el circo de Calígula. Este circo lo había empezado a construir Calígula y lo terminó Nerón. El circo, que se llamó de Nerón, está al lado del monte Vaticano.

Dice la tradición que a san Pedro lo crucificaron cabeza abajo. Flavio Josefo, historiador dé aquel tiempo, que conocía cómo eran las crucifixiones de los romanos, refiere las distintas maneras de cruci­ficar que solían usar, y una de ellas era cabeza abajo. Dice la tradición que a san Pedro lo crucificaron cabeza abajo, en el circo de Calígula y Nerón, al lado del monte Vaticano. Y en el monte Vaticano había una necrópolis, un cementerio. A san Pedro lo enterraron en esa necrópolis en la ladera del Monte Vaticano, y en una tumba pobre. San Pedro era pobre. Aquellos cristianos eran pobres. Lo enterraron en la tierra, en una tumba pobre.

El lugar de la tumba de san Pedro

Cuando Constantino venció a Majencio en la ba­talla de Puente Milvio, el 28 de octubre del año 312, afirmó que había visto el signo de Cristo en el cielo, y que le había dado la victoria sobre Majencio, a pesar de que éste tenía tropas muy superiores. Esto lo cuenta el historiador Eusebio de Ce­sarea, y dice que lo oyó de viva voz del mismo Constantino.

Constantino, en agradecimiento a Cristo que, según él, le había dado la victoria, se convierte al cristianismo. Junto a la basílica Lateranense, en Roma, hay un obelisco en el que pone: «Aquí fue bautizado Constantino por el papa Silvestre.»

Constantino da paz a la Iglesia en el año 313 y edifica una serie de templos cristianos. Uno de ellos fue la basílica en honor de san Pedro, sobre la tumba de san Pedro.

¿Y cómo sabía Constantino dónde estaba enterrado san Pedro?

Hacía muy pocos años que había muerto san Pedro. Todavía vivían los nietos de los que habían conocido a san Pedro. Todo el mundo sabía dón­de estaba enterrado, sobre todo san Silvestre, su sucesor. Además, las tumbas eran lugares sagra­dos y muy venerados.

Pero además hay una razón clarísima para sa­ber que Constantino levanta su basílica sobre la tumba de san Pedro, porque la edifica en la lade­ ra de un monte, con un desnivel de once metros. Hubo que hacer un enorme corrimiento de tierras para hacer una gran explanada en la ladera del monte, y entonces no existían las excavadoras y las máquinas que tenemos hoy. A los pocos me­tros tenía la gran explanada del circo de Nerón, que tenía trescientos metros de largo por cien de ancho, que le habría evitado mucho trabajo.

Además de las dificultades técnicas que tuvo que resolver para levantar la basílica en la ladera de un monte, están las dificultades morales y jurídicas, puesto que tuvo que sepultar bajo la basílica una necrópolis que había llegado a ser una de las más importantes de Roma, y donde estaban enterradas muchas familias ilustres. Surgirían problemas con las familias que allí tenían a sus seres queridos.

Por lo tanto, la única razón por la que Constantino levantó su basílica en la ladera de un monte, sepultando una necrópolis con todas las dificultades que suponía, era porque allí estaba la tumba de san Pedro. En caso contrario no tiene explicación que levantara su basílica en un sitio tan complicado.

En la tumba abierta y vacía que aparece en la necrópolis, debajo del baldaquino de Bernini y la cúpula de Miguel Ángel, se descubren dos cosas muy importantes:

Primera: esa tumba esta protegida por unos muros para defenderla de las filtraciones de agua, muy frecuentes en esa ladera del monte Vaticano. Las otras tumbas adyacentes no tienen esa pro­tección de muros. Luego la persona que estaba enterrada en esta tumba de tierra era muy impor­tante.

Segunda: debió de ser una persona muy vene­rada, porque en esa tumba abierta y vacía apare­cen centenares de monedas. Monedas romano-imperiales y monedas medievales de casi toda Europa; por lo tanto, esa tumba fue venerada por toda Europa.

Por varias razones los investigadores llegan a la conclusión de que es la tumba de san Pedro. Pío XII lo anunció en el radiomensaje de Navidad de 1950: «Hemos encontrado la tumba de san Pe­dro.»

Las investigaciones en la tumba de san Pedro

Terminada esta investigación, en 1952, la profesora Margarita Guarducci, primera autoridad mundial en epigrafía griega, empieza a descifrar los grafitos que hay en uno de los muros adyacen­tes a esa tumba.

Los grafitos son unas inscripciones hechas con punzón en el enlucido de los muros. Lo que se ve allí es una maraña, porque están escritos unos encima de otros. Ha publicado tres gruesos tomos en folio descifrando esos grafitos. Descubre unos muy interesantes. Por ejemplo: «Pedro, ruega por los cristianos que estamos sepultados junto a tu cuerpo.» Otra inscripción es el logotipo de Pedro, que era como una P y en el palo vertical tres rayas horizontales en forma de llave. Significa: «Pedro el de las llaves.» Alude al pasaje evangélico de san Mateo, en el que Cristo entrega a Pedro las llaves del reino de los cielos.

La profesora llega a la conclusión de que por allí está la tumba de san Pedro. Estos grafitos es­tán en el muro G, que es un muro blanco; pero en el adyacente, que es un muro rojo, descifra un grafito que significa: «Pedro está aquí.» Excavan y descubren un nicho forrado de mármol blanco, y allí unos huesos.

Se encarga al profesor Venerando Correnti, catedrático de Antropología de la Universidad de Palermo, que estudie esos huesos. El profesor Correnti llega a esta conclusión: «Aquí hay huesos humanos y huesos de ratón.» Un ratón que se coló por una rendija, no pudo salir y murió allí. Y los huesos humanos, una vez estudiados, pro­porcionan los siguientes datos:

Primero: tienen adherida tierra. En cambio, los huesos de ratón estaban limpios. Se analiza la tierra adherida a los huesos humanos y es la misma tierra de la tumba abierta y vacía, identificada como la de san Pedro, mientras que las tumbas colindantes tenían otra clase de tierra.

Segundo: esos huesos están coloreados de rojo por haber estado envueltos en un paño de púrpu­ra y oro. Hay hilos de oro y de la tela. Debían de ser huesos de una persona muy venerada, pues los envolvieron en un rico paño de púrpura y oro, para guardarlos en ese nicho. Parece que estos huesos fueron retirados de la tumba de tierra y guardados en ese nicho para protegerlos de la humedad del terreno. Este nicho ha permanecido intacto desde Constantino hasta hoy.

Tercero: los huesos humanos son de la misma persona, de sexo varón, de complexión robusta, que murió a una edad avanzada y vivió en el siglo I.

Como afirma la profesora Guarducci, si nosotros a priori buscáramos los huesos de san Pedro, ¿qué buscaríamos? Huesos de varón. De complexión robusta: Pedro era pescador. Muerto a una edad avanzada: parece que Pedro murió a los setenta y tantos años. Que vivió en el siglo I.

Precisamente eso hemos encontrado. La profesora Guarducci ha publicado la identificación de estos huesos en un libro titulado Las reliquias de san Pedro, publicado por la editorial Vaticana en 1965.

Por eso, Pablo VI dijo el 28 de junio de 1978: «Hemos llegado al final. Hemos encontrado los huesos de san Pedro, identificados científicamen­te por especialistas en el tema.»

El recuerdo de Pedro en Roma

El recuerdo que ha quedado de san Pedro en Roma, desde su tumba hasta la cúpula de Miguel Ángel, es incomparablemente superior al de todos los emperadores romanos, de los que en su mayoría sólo quedan ruinas.

Los emperadores tuvieron todo el poder terrenal en sus manos. San Pedro fue un pobre pesca d or ignorante; pero murió por una verdad: la gran verdad de Cristo-Dios.

Cristo, el hombre que más ha influido en la historia de la Humanidad. Y el hombre más ama-do de la Historia. Cristo, el hombre que con su doctrina de amor al prójimo hizo posible en la Historia la abolición de la esclavitud, la igualdad de derechos de la mujer ante la ley y, hoy, el derecho a vivir del no nacido, en contra de los que de­fienden el aborto, que quieren legitimar la conde­ na a muerte de un inocente. La doctrina de Cristo defiende siempre los derechos del tratado injusta-mente.

Cristo hace dos mil años que murió, y hoy se le ama como a nadie en el mundo. Miles y miles de hombres y mujeres lo han amado hasta la muerte. Unos dando la vida de golpe, como los mártires. Otros dándosela gota a gota, consagrándosela por entero. Millones y millones de hombres y mujeres lo han amado hasta la muerte. Millones y millones de cristianos que lo aman con locura y están dispuestos a morir por El antes que traicionarle.

La muerte y la victoria de Pedro es prenda de nuestra esperanza. Pues ese Pedro, a quien Cristo hizo piedra fundamental de su Iglesia, está aquí. Su tumba está aquí. Sus restos están aquí. Y encima, su único y legítimo sucesor en la tierra. Una cadena de doscientos sesenta y cinco papas, legítimos sucesores de san Pedro, le transmiten su autoridad. El que quiera estar en la Iglesia que Cristo fundó en Pedro, tiene que estar en la Iglesia del papa de Roma, que es el único en la tierra le­gítimo sucesor de san Pedro. Estamos en la Igle­sia de Juan Pablo II de Roma, el único legítimo sucesor de san Pedro, en quien Cristo fundó su única Iglesia.

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