Existe Dios? Existencia de Dios: preguntas, argumentos y testimonios

28Mar/100

LA IGLESIA Y LA INQUISICION

LA IGLESIA Y LA INQUISICION

SUMARIO.-I. Definición.-II. Formas.-III. Inquisición eclesiástica. -IV. Juicio sobre la Inquisición eclesiástica.

487. -I. Definición. -Llámase Inquisición la institución destinada a indagar y reprimir la herejía.

488. -II. Formas.-La Inquisición revistió las siguientes formas:

1.° Episcopal: toca a los Obispos el cuidado de vigilar porque no se introduzcan en sus diócesis herejías o errores perniciosos a la fe. Data de los orígenes del Cristianismo.

2.° Pontificia, instituida hacia el año 1231 por el Papa Gregorio IX.

3.° Nacional, es la inquisición adoptada por diferentes naciones, como Francia y España.

III. Inquisición eclesiástica.-Bajo este nombre incluimos la Inquisición episcopal y la pontificia.

1.° La represión de la herejía se ejercitó en los tres primeros siglos del Cristianismo, mediante el empleo de las censuras eclesiásticas, principalmente la excomunión.

2.° Los primeros emperadores romanos cristianos incluyeron la herejía entre los delitos castigados con severísimas penas, hasta con la muerte, a pesar de la oposición de los Santos

Padres. SAN AGUSTÍN, al ver los excesos que cometían los donatislas en Africa, solicitó contra ellos una persecución moderada; pero protestó siempre contra la pena de muerte, impuesta por crimen de herejía.

3.° Los bárbaros convertidos miraron la herejía como deli to social y la castigaron con penas temporales y aun con la de mutilación y muerte.

4.° Peligrando, no sólo la fe sino el orden social con la he­rejía de los Cátaros, el emperador de Alemania, Federico II, promulgó en el año 1220 penas severísimas contra los herejes. Mas, perteneciendo el delito de herejía al tribunal eclesiás­tico, y temeroso el Papa Gregorio IX de que las disposiciones imperiales se aplicaran inconsideradamente por los oficiales ci­viles, avocó a sí el delito de herejía, aprobó las constituciones de Federico II contra los herejes, procuró que fuesen adopta­das por las ciudades italianas y envió desde 1231 a cierto nú­mero de delegados pontificios, inquisidores de la malicia heretical, que en los diversos países organizaran el tribunal` de la Inquisición, distinto del episcopal, con jurisdicción delegada del Papa y con la severidad de sus procesos tomada de las le­yes de Federico II.

El cargo de inquisidor era confiado a religiosos mendicantes, especialmente dominicos.

490. 5.º El procedimiento redúcese a seis puntos princi­pales: a) Los acusados carecían de abogado defensor; b) eran admitidos los testigos infames; pero el acusado podía rechazar a sus enemigos personales; c) los nombres de los testigos eran ignorados por el reo; d) a partir del 1252 fué admitida la tortu­ra; e) el inquisidor, oídas personas prudentes e instruídas, po­día rechazar a los acusadores del reo; f) el reo tenía derecho además a presentar en su descargo testigos jurados de su or­todoxía.

6.° El reo convicto o gravemente sospechoso de here­ jía, preso o libre bajo fianza, aguardaba el día del auto de fe. Era éste, no el suplicio de los herejes, sino la abjuración solemne, que los reos deseosos de reconciliarse con la Iglesia hacían de sus errores en presencia de todo el pueblo. Imponía­seles una penitencia módica.

7.° Los herejes contumaces eran condenados a reclusión temporal o vitalicia, confiscación de bienes en favor del Estado y relajación al brazo secular.

Esta última pena llevaba consigo el suplicio de la hoguera y no se aplicaba sino a herejes relapsos, esto es, a los que ha­bían vuelto a caer en herejía después de haberla abjurado públicamente, después de la segunda abjuración. El reo era sacado del templo y entregado a los oficiales civiles; dábasele una noche para que pudiera arrepentirse. Si ante la hoguera abjuraba, era restituido al tribunal eclesiástico y escapaba de la muerte.

8.° La Inquisición no se estableció en toda la Cristiandad. Abarcó permanentemente Flandes, Bohemia, Aragón, Francia, Dos Sicilias, Nápoles, Roma, Florencia, Venecia, Alemania, Castilla y Portugal.

En Francia cesó su influencia después del cisma de Occi­dente y sus atribuciones pasaron al Parlamento.

491. - IV. Juicio sobre la Inquisición eclesiástica.

1.° El origen fué conveniente para defender la fe y en bien de los mismos culpables, que hallaban en los tribunales ecle­siásticos más amparo, equidad y alivio que en los tribunales civiles.

2.° El rigor del proceso y de las penas ha de apreciarse te­niendo en cuenta:

a) Los crímenes y devastaciones de los Cátaros, que ponían en peligro el orden social. «Cuando el Papado abatió a los Cá­taros, su victoria fué la del buen sentido y la de la razón» (SA­BATIER, racionalista). (1)

b) Los procedimientos vigentes entonces en los tribunales civiles, más rigorosos que los de la Inquisición, la cual además poco a poco los fué suavizando.

3.° Existieron abusos; v. gr., en los procesos contra algu­nos templarios, contra Santa Juana de Arco, etc.; pero los Pa­pas los condenaron siempre y rehabilitaron la memoria de las víctimas.

LA IGLESIA Y LA INQUISICION ESPAÑOLA

SUMARIO—I. Historia.-II. Carácter.-III. Procedimiento—IV. Critica -V. Juicios sobre la Inquisición española.-VI. Inquisición española en América.--VII. Comparación con el fanatismo protestante yanqui del siglo XVII.

I. Historia. -Vivos estaban en la nación española los recuerdos de las traiciones y crímenes de los judíos, y de las invasiones y crueldades de los moros. Para contener las venganzas populares contra judíos y moros, y para salvar la misma existencia nacional, pensaron los Reyes Católicos, Fer­nando e Isabel, organizar en sus Estados la Inquisición o San­to Oficio con nuevas bases. Con aprobación del Papa Sixto IV y después de fracasados todos los medios pacíficos para atraer a los descarriados, fué erigida en 17 de Septiembre de 1480, nombrándose juez de apelación al Arzobispo de Sevilla en re­presentación del Papa. Fué abolida por las Cortes de Cádiz en 22 de Enero de 1813 por noventa votos contra sesenta y por decreto Real de 9 de Marzo de 1820.

II. Carácter. - La Inquisición española fué una institución mixta, político-religiosa, en que el carácter ecle­siástico conserva una marcada preponderancia.

494. - III. Procedimiento. - Merecen conocerse las si­guientes normas, que en sus procesos seguía la Inquisición española.

1.° Antes de entrar en el ejercicio de sus funciones y de vez en cuando durante el proceso, la Inquisición ofrecía plazos de gracia de 30 ó 40 días, durante los cuales, quien se decla­raba culpable, era perdonado.

2.° Para proceder contra un culpable, eran necesarias tres denuncias; una o dos no bastaban. Las denuncias debían ir firmadas y juramentadas ante Notario; las anónimas eran rechazadas.

3.° No se dictaba auto de prisión, sino cuando las pruebas eran tales que bastaban a dar sentencia definitiva. El delito había de probarse con la declaración concorde de siete tes­tigos.

4.° El Auto de prisión debía decretarse por unanimidad de todos los jueces y ser aprobado por el Consejo Supremo; un solo voto discorde impedía el encarcelamiento.

5.° El acusado tenía derecho de presentar cuantos testigos de descargo creyera convenientes, teniendo el Santo Oficio obligación de oírlos, aun cuando debieran librarse exhortos a América. Los mismos parientes y criados del reo eran admiti­dos a testificar, si las preguntas sólo podían ser probadas por sus declaraciones.

El acusado que confesaba inmediatamente su culpa y pro­metía su enmienda, o probaba que había faltado por ignorancia, era inmediatamente absuelto con ligerísima penitencia.

6.° Para reputar convicto a un reo, se necesitaban dos nue­vos testigos concordes, además de los cinco necesarios para dictar auto de prisión.

7.° El reo tenía siempre el derecho de apelación del juez de los tribunales subalternos al. Supremo y de éste al juez de Apelaciones nombrado por el Papa, que era el Arzobispo de Sevilla.

8.° Toda sentencia definitiva debía ser revisada y aprobada por el Consejo Supremo y por el Inquisidor General, sin cuyos requisitos, carecía de fuerza legal. El Inquisidor General, an­tes de dar su aprobación, debía consultar a varios abogados ajenos ala Inquisición.

9.° Las cárceles más cómodas de Europa eran las de la In­quisición. El preso en ellas se podía creer simplemente arres­tado en casa particular. Si era casado, podía asistirle su mujer; si tenía criados, podía ser servido por ellos. La Inquisición costeaba toda la manutención de sus presos, dándoles a todos, ricos y pobres, tres veces al día, comida abundante, bien con­dimentada y hasta con su ración diaria de carne, y asistencia '• de médico en caso necesario.

10. Todos los tribunales del mundo aplicaban en aquella época el tormento como medio de averiguación. La Inquisición no lo aplicaba sino rarísima vez, exigiendo para decretarlo condiciones tales, que lo hiciesen dificilísimo. Los Inquisido­ res y el Obispo de la Diócesis debían presenciarlo para que su vista moderase el rigor. Un médico debía autorizar el acto, a fin de que se suspendiese en cuanto perjudicase a la salud del, reo, y sólo podía aplicarse una vez. Al contrario, los tribunales civiles podían repetirlo cuantas veces creyesen conveniente. La Inquisición fué el primer tribunal del mundo que suprimió el tormento cien años antes de ser extinguida. En Francia, Alemania, Inglaterra, los protestantes aplicaban todavía el tor­mento de sus tribunales cuando ya se había perdido la memo­ria de él en los de la Inquisición.

11. Cuando el delito del reo resultaba evidente, la Inquisi­ ción lo declaraba culpable, y lo entregaba al brazo seglar, es decir, a la justicia ordinaria de la nación, la cual, a tenor de sus leyes, aplicaba la sentencia. Las penas eran las comunes en aquella época para los demás criminales.

Crítica. -1.° El único defecto censurable en la Inquisición española, fué la dependencia demasiada del po­der real, que algunas veces la convirtió en máquina de Estado. Sin embargo, siempre los Papas se reservaron el derecho de apelación y el de avocar a su tribunal las causas de especial dificultad, como sucedió con la del infortunado Arzobispo de Toledo, el dominico Fr. Bartolomé de Carranza.

Sixto IV censuró en 1482 la demasiada severidad de la In­quisición de Sevilla y León X excomulgó en 1519 a los Inqui­sidores de Toledo, con gran pesar de Carlos V.

2.° Las crueldades han sido enormemente exageradas. «La Historia crítica de la Inquisición Españolá», obra en que tantos escritores ligeros han bebido su odio a España y a la Inquisición Española, fué compuesta por R. LLORENTE, ven­dido al rey intruso Pepe Botellas, enriquecido con los despo­jos perpetrados por las tropas francesas y emigrado a Francia, de donde hubo también de ser expulsado en 1822. El pérfido ex-secretario de la Inquisición y Canónigo de Toledo, tuvo buen cuidado de quemar antes los archivos, para que éstos no pudieran acusarlo de falsario y calumniador.

3.° El número de víctimas fué muy reducido. LLORENTE cuenta 340.411 en los 331 años de existencia; pero ese núme­ro, en apariencia grande, abarca, no sólo a los reos de herejía, sino también a otros muchos malhechores, como con­trabandistas, usureros, etc., que igualmente estaban sometidos al Santo Oficio.

Además, se cuentan, no sólo las víctimas quemadas en la hoguera, sino muchísimos culpables que no eran condenados; de modo, que según el mismo LLORENTE, de los 2.350, entre­gados al brazo seglar en los autos de fe de Toledo en 1486, no hubo una sola víctima de muerte.

Entre los autos, que se escaparon de la quemazón de LLO­RENTE, están los de Córdoba, uno de los mayores de los doce distritos, en que estaba dividida la Inquisición española. Pues esos documentos arrojan las siguientes sumas: quemados vi­vos, 5; quemados en efigie, 73; condenados a confiscación de vienes y cárcel perpetua, 71; relajados al brazo secular, 31; es decir, un total de 180 víctimas. Con razón escribe MENÉN­DEZ Y PELAYO, refiriéndose a los autos de Sevilla y Valladolid: «La ponderada efusión de sangre fué mucho menor que la que en nuestros días emplea cualquier Gobierno liberal y tolerante para reprimir una conspiración militar o un motín de plazue­la». (2) Compárense esas cifras con la represión sangrienta tomada por Inglaterra en 1917 a 1921 contra los sinnfeiners irlandeses y contra los nacionalistas indostánicos.

Juicios sobre la Inquisición española. -Comencemos por el padre de los enciclopedistas, VOLTAIRE: «Es necesario ser muy tonto para calumniar a la Inquisición y bus­car en la mentira pretextos con que hacerla odiosa». (3)

Y sigue DE MARTINET: «La Inquisición ofrece los dos carac­teres distintivos de un Gobierno civilizado: quitar al crimen los medios de extenderse, para que haya menos culpables que cas­tigar; y proporcionar las penas a los delitos, no haciendo caer todo el peso de la ley sino sobre las cabezas incorregibles». (4)

El año 1805 escribía Mr. BOURGOUNG, Ministro Plenipoten­ciario de Francia en Madrid: «Declaro en homenaje a la verdad que la Inquisición española podría citarse en nuestros días como un modelo de equidad». (5)

Con mucha razón escribe el protestante COBBETT que la reina Isabel de Inglaterra hizo morir en un solo año más víctimas que la Inquisición española en toda su existencia.

Y añade CÉSAR CANTU que en sólo once años (1641-1652) los protestantes ingleses dieron muerte a más católicos que herejes ejecutó la Inquisición en todo el mundo.

Oigamos al CONDE DE MAISTRE: «Instituida hacia el fin del siglo XV esta Inquisición ha sido suprimida en los primeros años del XIX. Pues bien: estos tres siglos han sido para Espa­ ña un período de paz y de gloria: paz, unión y dicha, dentro; gloria y poderío, fuera; rivalizando con Italia en cultura de letras y artes, sobrepujando a todas las naciones de Europa en poder y extensión, abrazando bajo su dominio el antiguo y el nuevo mundo, no poniéndose el sol en sus Estados y hallándose sus reyes a punto de hacerse dueños del universo. ¿Se ha su­primido la Inquisición? España pierde la América y comienza a desgarrar sus propias entrañas con guerras civiles.

Mas no es esto todo: tenemos además con qué hacer la con­traprueba. Estos tres siglos de gloria y bonanza para España con la Inquisición, ¿qué han sido para Alemania, Francia e In­glaterra sin ella? Tres siglos de guerras o disensiones civiles o religiosas que están curadas, y que pueden de un día a otro volver a sumir a Europa en el caos.

Ved en Alemania la guerra de los Treinta años, encendida por los argumentos de Lutero; los excesos inauditos de los ana­baptistas y paisanos.

Ved las guerras civiles de Francia, Inglaterra y Flandes; el degüello de San Bartolomé, el degüello de Merindol, el de­güello de Cevennes, el asesinato de María Estuardo, de Enri­que III, de Enrique IV, de Carlos I, del Príncipe de Orange, de Luis XVI, de María Antonieta y otros.

Ved a Alemania dividida contra sí misma en católicos y protestantes y amenazada por esta división de ser hoy o mañana presa de la Rusia salvaje, con la Escandinavia protestante, más endurecida con sus preocupaciones anticatólicas que jamás lo estuviera la Escandinavia pagana.

Ved al Estado Francés sin principio, sin brújula, sin ancla, temblando hundirse a cada soplo de viento bajo su mismo peso. Ved a Inglaterra, separada de la unidad católica, dividida en una infinidad de sectas, sin saber por cuál declararse y tan in­cierta como las olas del mar que la ciñen...

Después de los horrores que hemos visto en Europa; ¿con qué cara se vitupera a España por una institución que los evitó todos? El Santo Oficio, ha dicho alguien, con unos sesenta procesos durante un siglo, nos hubiera ahorrado el espectáculo de una montaña de cadáveres capaz de exceder la altura de los Alpes y de detener el curso del Rhin y del Pó. (6)

Al reparo que algunos objetan, diciendo que la Inquisición española cortaba las alas al pensamiento, responde el gran po­lígrafo MENÉNDEZ Y PELAYO: «Nunca se escribió más y mejor en España que en esos siglos de Inquisición». (7)

Inquisición española en América.

Historia. -a) Fué establecida en Méjico, a petición de Hernán Cortés, del Obispo Zumárraga y de los vecinos más notables por su saber y posición social. No estaban sujetos a ella los indios. Fué abolida en 1820.

Celebró desde su fundación en 1534 hasta 1820, treinta autos de fe, en los que solamente nueve individuos sufrieron la pena del fuego. (8)

b) En Lima se erigió en 29 de Enero de 1570 con jurisdic­ción sobre el Arzobispado de Lima y los Obispados de Panamá, Quito, el Cuzco, Las Charcas, Río del Plata, Tucumán, Con­cepción y Santiago de Chile. Al principio estuvieron de ella independientes los indios. Estuvo vigente hasta 1820. En los 250 años sólo fueron quemadas 15 víctimas.

VII. Comparación con el fanatismo protestante yanqui del siglo XVII -Compárese este rigor de la Inquisi­ción española en América con la benignidad de los fanáticos puritanos, cucákeros y episcopalianós de las colonias ingle­sas de la América del Norte, hoy Estados Unidos.

Solamente por la acusación de hechicería, hacia fines del si­glo XVII, en Salem, Estado de Massachussets, las cárceles se hallaban atestadas de presos y diariamente se renovaban las acusaciones (9). Las ejecuciones de muerte eran diarias y al­gunas veces en masa.

«Ni la inocencia de la juventud, ni los achaques de la vejez, ni el honor del sexo, ni la santidad del ministerio, ni el respeto a la posición social de la persona, eran bastantes para proteger a las víctimas. Niños de once años fueron encarcelados por brujos.» (WYNNE) (10).

A las mujeres se las registraba de la manera más impúdica para hallar en sus cuerpos las señales mágicas. Las manchas escorbúticas, que suelen aparecer en la epidermis de los viejos, recibieron el nombre de pellizcos del diablo y eran prueba indiscutible contra aquéllos que las tenían. Admitíanse como pruebas las consejas más absurdas y hasta los cuentos de apa­recidos, a los cuales no hacían referencia nuestras leyes, fue­ron llamados pruebas espectrales.»

Bastaba la acusación de un niño; y los jueces, como añade SPENCER, manifestaban «su evidente parcialidad, su cruel sis­tema de arrancar confesiones y su inconsiderado proceder al desechar las retractaciones sinceras». «Aquellas escenas del brutal salvajismo excitaron el asombro del mundo civilizado, ofreciendo un horrible ejemplo de la debilidad humana» concluye el norteamericano GRAHAM.

Pbro. N. Marin Neguerela. “Lecciones de Apologética” . 2ª Edición, Barcelona, 1927.

Notas:

(1) Vieae St. François d'Assise, p. 40.

(2) Heterodoxos, prólogo.

(3) Ensayos sobre las costumbres.

(4) So­lución de los grandes Problemas.

(5) l ableau de l ' Espagne Moderne.

(6) Lenre4. m e .

(7) Historia de los Heterodoros españoles, tomo 2.° capítulo último.

(8) ZAMACOIS, Historia de México, tomo X, cap. XVII.

(9) véase J. T. ME­DINA, Historia del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición de Lima, Santiago, 1887.

(10) SPENCER, Historia de los Estados Unidos.

(11) A General His­tory of the British Empire in America , Londres, 1770.

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