Existe Dios? Existencia de Dios: preguntas, argumentos y testimonios

9Jul/110

LA REENCARNACIÓN DE LAS ALMAS: ¿OPORTUNIDAD, CASTIGO O ILUSIÓN?

ACEPRENSA (http://www.aceprensa.com). Servicio 24/02

La idea de la reencarnación de las almas experimenta un aumento de popularidad en Occidente, de la mano de movimientos religiosos de impronta New Age y de doctrinas propias de religiones orientales (budismo, hinduismo). ¿Es posible conciliar la reencarnación con el cristianismo? ¿Es coherente con la grandeza de la existencia humana? Recogemos algunos párrafos tomados de dos artículos, uno del cardenal Christoph Schönborn, arzobispo de Viena, y otro del cardenal Walter Kasper, presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, incluidos en el libro Temas actuales de Escatología (1), que acaba de publicar Ediciones Palabra.

20/2/2002.-
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¿Cómo surge la doctrina de la reencarnación?

Kasper. La muerte es un problema fundamental de la humanidad. En realidad, los hombres siempre se han preguntado: ¿qué es lo que sucede con la muerte?, ¿qué hay después de la muerte?, ¿se acaba todo con la muerte o hay una vida después de la muerte? (...) La doctrina de la reencarnación, es decir, la vuelta en un cuerpo y el volver a nacer o también la trasmigración de las almas (metempsicosis), es una de las más antiguas respuestas a esa pregunta. (...) Se encuentra entre los así llamados pueblos primitivos, entre los antiguos egipcios, entre los celtas, en la filosofía griega (órficos, Pitágoras, Empédocles, Platón, Plotino), en el poeta latino Virgilio, entre los gnósticos cristianos, entre los maniqueos y los cátaros y entre la Cábala judía. Sin embargo, en todas esas religiones o escuelas filosóficas, la teoría de la reencarnación es sólo un elemento entre otros. En la India, por el contrario (hinduismo y budismo), se convierte en el dogma dominante de toda la religión y del conjunto del pensamiento.

El común denominador de las teorías hindúes, que, sin embargo, en los detalles particulares son muy diferentes, es la doctrina del Karma (=acción, obra). Según esta doctrina, el destino de cada persona en esta vida y en la futura está determinado por las consecuencias de precedentes o actuales buenas o malas obras. La doctrina de la reencarnación es, por tanto, una doctrina de la justa recompensa o de la compensación reparadora. En su interior se encuentra la idea de justicia. Al mismo tiempo debe responder al problema de la teodicea, es decir, de la justificación de Dios ante el hecho de que a menudo a los buenos las cosas les van mal, mientras el malo triunfa.

¿Es un punto de contacto con la antigua sabiduría oriental?

Kasper. La teoría de la reencarnación encontró un renovado interés en la época moderna, a partir del período neoclásico y romántico. Poetas y pensadores como Kant, Lessing, Lichtenberg, Herder, Goethe y Schopenhauer se interesan por ella. La antroposofía de Rudolf Steiner contribuyó mucho a su difusión. También en los nuevos movimientos religiosos, especialmente en el movimiento New Age y en los movimientos que le están emparentados, tiene un papel importante.

(...) Sin embargo, no se debe pensar que, con las nuevas teoría de la reencarnación, se haya vuelto a tomar contacto con la antigua sabiduría de la espiritualidad oriental. Al contrario, entre las teorías de la reencarnación orientales (hinduista y budista) y las occidentales modernas hay una diferencia fundamental. Para la religiosidad oriental, el ciclo de volver a nacer es algo temible, del que se quiere escapar y liberar. La teoría de la vuelta a un cuerpo está en ese caso inseparablemente unida con el tema de la culpa y la expiación, de la purificación o catarsis; la rueda del volver a nacer es castigo y maldición y provoca horror y miedo.

En el pensamiento occidental, por el contrario, la posibilidad de la reencarnación significa una nueva ocasión positiva, para realizar todas las posibilidades humanas y recuperar una vida fracasada y equivocada, para lo que una vida única sería demasiado breve. En este caso la reencarnación no es peso, sino consuelo por la apertura de posibilidades posteriores. No se encuentra bajo el signo de la redención de la sed de la existencia, sino de la autorrealización en la existencia. Es más, se encuadra en el típico optimismo occidental sobre el progreso, que, desde el momento en que tiene más o menos todos los medios externos para la existencia, mira hacia un alargamiento espiritual de la conciencia y hacia una cada vez más amplia manifestación de la chispa divina en el mundo y en el hombre. Desde este punto de vista, a menudo hoy la teoría de la reencarnación se une con las nuevas teorías de la evolución, que parten de una dinámica de autoorganización y de autotransformación del universo que se trasciende cada vez más (F. Capra, H. Von Dithfurt).

¿Es compatible con el cristianismo?

Kasper. El juicio de todos los teólogos católicos es absolutamente claro: las teorías modernas de la reencarnación son incompatibles con la esperanza cristiana en la vida nueva y eterna, y contradicen no sólo versículos específicos de la Sagrada Escritura o alguna afirmación dogmática aislada de la Iglesia, sino que van contra las ideas esenciales de la fe cristiana, situándose en contraste con el conjunto de esa fe.

El mensaje central del Evangelio es que la realización del hombre no es obra nuestra ni fruto de nuestro propio esfuerzo, sino, más bien, don de la gracia de Dios. En el cristianismo no vale, como en la doctrina del Karma, la ley de la obra personal y la recompensa, sino el principio de la gracia. Lo que esto significa se revela en la parábola de los viñadores. El dueño de la viña es bueno y por ello incluso los que han trabajado solo una hora reciben la recompensa completa de una jornada de trabajo, igual que los que han soportado el peso y el calor de todo el día (Mt 20, 1-6).

¿No es demasiado poco una única vida?

Schönborn. Lo que impulsa a muchos de nuestros contemporáneos a creer en la reencarnación es el sentimiento de que una única vida terrestre es demasiado breve para sostener el paso de una decisión que tiene alcance eterno. Al mismo tiempo existe el sentimiento de que nuestros actos humanos, tan fuertemente condicionados por muy diversas circunstancias, no pueden tener ese carácter definitivo que la tradición bíblica les atribuye. Así surge el intento de imaginar existencias sucesivas que permitan “corregir” lo que ha faltado en la vida presente.

A primera vista, este modo de ver las cosas parece más indulgente con las debilidades humanas, aunque, en realidad, es de una dureza inhumana, pues de hecho hace recaer sobre el hombre el peso de una liberación, que sólo puede recibirse de Dios. Efectivamente, desde esa perspectiva, es el hombre solo quien debe llevar a buen término la propia vida. ¿Quién puede afirmar que obtendrá un resultado mejor la próxima vez? ¿No seguirá estando, igual que ahora, sometido a debilidades? Y aunque consiguiese escapar a ciertas carencias que le oprimen en la existencia presente, ¿quién podrá prepararle contra nuevas dificultades, quizá más graves que las de ahora? Realmente de este modo no se escapa de la idea alucinante de interminables existencias sucesivas, con altos y bajos infinitamente variables, sin posibilidad de salida, desde el momento en que, para poder salir, es necesario que el hombre fuese capaz de una vida completamente lograda, íntegra, perfecta. ¿Cómo podría lograrlo en mil vidas mejor que en una sola, si en todas y cada una depende de sus solas fuerzas? ¿Quizá lo que no se quiere es precisamente salir del círculo de la propia vida? ¿Y si eso fuese precisamente el infierno?

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(1) Congregación para la Doctrina de la Fe. Temas actuales de Escatología. Documentos, comentarios y estudios. Palabra. Madrid (2001). 152 págs. 9, 60 €.

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