Existe Dios? Existencia de Dios: preguntas, argumentos y testimonios

28Mar/100

Los ateos afectivos

Los ateos afectivos

Otro tipo de ateo es el que se aparta de Dios por razones afectivas. A algunos no les conviene creer en Dios porque la religión exige mucho. Los es­torba. Si creemos en Dios, nos obliga una moral, nos obliga una honradez, nos obliga una rectitud. Por no querer adaptar nuestra vida a la fe, tira­mos la fe por la borda. Decimos: «Yo no creo en Dios, y así vivo a mis anchas: hago lo que me da la gana, lo que me apetece, lo que me conviene. »

Si hay Dios, el que tú lo niegues no lo destru­ye. Dios sigue en su sitio. Dice la Biblia, en el capítulo segundo del libro de la Sabiduría: «Los que quieren gozar en este mundo como si no hu­biera otra vida se equivocan; pues Dios ha he­cho al hombre para la inmortalidad.» Dios sigue igual. Lo aceptemos o no lo aceptemos. Dios no desaparece.

Voy a contar un cuento. Iban un día de paseo dos peces por el mar. Y un pez le dice al otro: -Oye, ¿ves esa lombriz? Pues fíjate: está col­gada de un hilo. Y en la punta del hilo hay una caña. Y esta caña está en manos de un hombre. Y ese hombre está esperando a que uno de nosotros se lance a por la lombriz, para engancharle, y a la sartén.

Y el otro, que se las daba de muy enterado, que no creía nada de lo que le decía su compañero: -Bueno, ¿y tú crees en el cuento de la sartén? ¡Pero si es un cuento de viejas! ¡Si eso lo contaba mi abuela! Yo, un pez moderno en el siglo de la técnica, ¿me voy a creer cuentos de viejas? ¿Quién ha vuelto de la sartén para contarlo? ¿No quieres la lombriz? ¡Tú te la pierdes! ¡Mía es!

Y ese pez «listillo», que no creía cuentos de viejas, que se reía de todo eso, se lanzó a por la lombriz, y lo engancharon y ¡a la sartén! Porque el cuento de la sartén no es mentira porque él diga que es mentira. Existe la sartén y los hombres que comemos pescado frito.

Y es que las verdades son muy antiguas. Ha ce mucho tiempo que dos y dos son cuatro. Y no por eso dejan de ser cuatro. Lo que es verdad lo fue ayer, lo es hoy y lo será mañana... Y el infierno que fue verdad para los abuelos será también ver­dad para los nietos. Las verdades dogmáticas no pasan con el tiempo. Son verdad siempre. La so­lución es cuestión de cien años. Cien años pasan pronto. Nos habremos enterado todos. Los que creemos nos encontraremos con lo que creemos y los que no creen se encontrarán que se han equi­vocado. Pero todos nos vamos a enterar, porque la muerte nos lo aclara todo.

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