Existe Dios? Existencia de Dios: preguntas, argumentos y testimonios

7Abr/100

Oración del ateo

FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)

LA ORACIÓN DEL ATEO

Tema muy difícil. Muchas personas dicen que quisieran creer en Dios, en Cristo y en la Iglesia, pero no pueden. No existen recetas mágicas ni automáticas. Pero a lo mejor esto puede servirle, a alguien. Se trata de la oración del ateo, que dice así:

"Señor, heme aquí arrodillado (conviene rezarla de rodillas, a solas, claro) sin saber si estoy arrodillado ante Tí, o ante la inmensa soledad del Cosmos. En la segunda alternativa, no hay problema, porque por hipótesis nadie se va a reír de mí, ni nada semejante. En la primer alternativa, estoy en la posición correcta, para pedirte: Señor, si existes, dame la fe."

Esto ha de acompañarse por un esfuerzo general de orientar la vida de cada día según la verdad, en fidelidad a la voz de la conciencia, con atención ante todo a las personas que nos rodean. También ha de acompañarse con una insistencia un tanto machacona y persistente, día tras día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año, si es necesario.

A ejemplo de aquella viuda que el Señor mismo nos presentó en la parábola evangélica, cuya reiterativa pesadez le valió obtener justicia nada menos que del juez injusto. Evangelio según San Lucas, capítulo 18, vv. 1 - 8.

También es aconsejable y necesario el estudio de la doctrina católica en sus fuentes auténticas y autorizadas. En muchos casos no se es creyente porque no se cree en algo en lo que tampoco cree la Iglesia. Sólo que esto último no se sabe. La ignorancia de la doctrina católica (entre católicos y no católicos...) es un mal tan extendido al menos como la auténtica incredulidad.

Se nos ocurre que para un ateo ( o una atea) ha de ser particularmente fácil entregarse a este tipo de estudios sin ningún tipo de trabas ni obstáculos. En efecto, dada la suprema autonomía y libertad de que según ella misma goza la persona que no reconoce ninguna ley superior a ella misma, ¿a quién va a tener que darle cuenta por haber decidido enfrascarse en el conocimiento del catolicismo?

En este sentido, nos parece que ciertas lecturas serían particularmente peligrosas, quiero decir, útiles:

- Una buena historia de la Iglesia, escrita por católicos. -¡ Parcialidad inadmisible! - No, señor. Lo que es parcialidad inadmisible es conocer la historia de la Iglesia sola y exclusivamente por boca de sus más acérrimos enemigos. Ahora, con la mano en el corazón, en los tres minutos siguientes, nombre las historias de la Iglesia escritas por católicos que ha leído...

Se llevará además una sorpresa. Una buena historia de la Iglesia no se parece tanto a un himno triunfalista voceado en una asamblea, cuanto a un emocionado pero sobrio inventario de recuerdos de familia en el que no faltan las lamentaciones por los errores de nuestros antepasados.

Y es asombrosa la perspectiva que se gana sobre nuestra época y nuestra cultura, curiosamente, cuando se la considera enmarcada en la historia de la cual precisamente se deriva.

- Relatos autobiográficos de convertidos al catolicismo. Los hay excelentes. Ateos, judíos, protestantes, agnósticos, masones, hindúes, musulmanes, budistas, marxistas, etc., etc., nos cuentan sus pensamientos, sentimientos, decisiones, cuestionamientos, avances, retrocesos, y en todos los casos podemos ver cómo la mano de Dios, muchas veces mediante detalles insignificantes o totalmente inesperados e "incongruentes" los fue llevando a todos ellos hasta el encuentro personal con Jesucristo y la incorporación a su Iglesia.

- Buenos manuales de filosofía y teología católicas. Claro, no todos tenemos vocación de filósofos, pero algunos sí. A estos les es necesario informarse en las fuentes de la auténtica doctrina católica, incluso desde las mismas raíces filosóficas. Lo máximo: Santo Tomás de Aquino. Junto con él: San Agustín. Al lado de ellos: innumerables Padres y Doctores. Lo elemental (y fundamental, por tanto): El Catecismo de la Iglesia Católica. Algunos autores modernos que son verdaderamente grandes y útiles: Chesterton, Balmes, Belloc, Menéndez Pelayo, C.S. Lewis (que es anglicano) Maritain. Y muchos otros, claro.

- Al final lo primero: leer uno de los cuatro Evangelios de cabo a rabo. Hace dos mil años que esas pocas páginas vienen siendo la vida de millones de personas. En ellas nos encontramos de buenas a primeras con alguien (un hombre como nosotros) que dice: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí". Leer buscando captar la fisonomía de ese Alguien, su personalidad, su modo de ser. "¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?" "¿Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?".

Y evidentemente, será necesario también en algún momento tomar contacto con la comunidad católica real y concreta. Aquí es donde muchos tiemblan, y no sin cierta razón. Es cada vez más extendido el consenso entre los estudiosos del tema, de que los católicos somos seres humanos exactamente como todos los demás. Incluso tenemos algunos defectos...Eso tiene que ver con lo que nuestra fe nos enseña de la absoluta necesidad de una Redención para todos los hombres.

Pero así y todo, la Iglesia es lo único, en el plan de Dios, que nos permite pasar del papel a la realidad. Sólo por ella podemos dejar de ser anglófilos para convertirnos en ingleses. Sólo allí podemos realizar plenamente el encuentro con el Cristo Resucitado vivo y presente en medio de los suyos, los pobres seres humanos a los que Él ha rescatado con su Sangre, en el insondable amor de Dios por todos los hombres.

Recordando, finalmente, aquellas palabras que según Pascal (el del teorema) le fueron dichas por Jesús en la oración:

"No me buscarías si no me hubieras ya encontrado".

 "Pero búscame más"

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