Existe Dios? Existencia de Dios: preguntas, argumentos y testimonios

9Jul/110

Sobre la evolución

Tradicionalmente, el conflicto en torno a la evolución de las especies se ha planteado entre "fijistas" y "evolucionistas". A su vez, "fijistas" quería decir sostenedores de la "creación separada" de cada especie, mientras que "evolucionista" quiere decir sostenedor de que las especies proceden unas de otras.

No son las únicas alternativas lógicamente posibles. Por ejemplo, si aceptamos la tesis tomista de que es posible (no de hecho real) un mundo sin comienzo, podríamos pensar también en un mundo en el cual ninguna especie comienza a existir, sino que todas existen desde siempre "paralelamente", es decir, sin depender unas de otras.

Por tanto, la alternativa esencial entre "fijistas" y "evolucionistas" es ésta: 1) las especies no proceden unas de otras (fijista) 2) las especies proceden unas de otras (evolucionista).

Pero aún no hemos aclarado del todo los términos de la cuestión. Porque "fijista" puede aún querer decir dos cosas diferentes: 1) que las especies no proceden unas de otras. 2) que hay especies, es decir, que existen modos de ser de los individuos que son, esos modos, necesariamente idénticos a sí mismos y distintos de otros modos de ser.

El "evolucionista", tal como lo hemos definido, se opone claramente a 1). Pero eso no quiere decir que deba oponerse necesariamente a 2). Sin embargo, muchas veces se da por supuesto que lo primero implica lo segundo, y entonces es cuando se deja de hablar de la evolución como de una teoría científica más o menos comprobada, y se empieza a hablar de la evolución como de una tesis filosófica indemostrable, porque falsa y absurda, como veremos enseguida.

Sin embargo, parece existir un argumento, que se desprende de la misma concepción evolucionista original, y que demostraría la imposibilidad de que en el evolucionismo haya "especies". En efecto, la evolución, según Darwin, es lenta y gradual. Esto quiere decir que el paso de una "especie" a otra es una lenta transición de pequeñas modificaciones. Surge inmediatamente la pregunta: ¿dónde y porqué poner el límite entre una especie y otra? ¿Porqué tal pequeña transformación marca el fin de una especie y el comienzo de otra, y tal otra pequeña modificación es solamente una transición gradual dentro de la misma especie?

De este argumento se desprende inmediatamente una conclusión: o bien no hay especies, o bien la transformación lenta y gradual es, en la evolución, un elemento necesario, pero no suficiente, del pasaje de una especie a otra.

Ante todo notemos una cosa: no tiene sentido hablar de transición lenta y gradual de una especie a otra si no hay especies. El filósofo moderno probablemente responderá a esto desconociendo el estado de la cuestión. Dirá, en efecto, que las "especies" son sólo etiquetas cómodas para facilitar nuestro pensamiento y lenguaje, que en la realidad existen sólo los individuos, y que lo que ocurre es que los descendientes de los individuos se van diferenciando cada vez más de sus primeros antecesores.

Bien. Pero entonces, nuestro evolucionista se ha convertido en un adversario de la evolución de las especies, pues niega que haya especies, y transformación lenta y gradual de las mismas. Esto no es banal: si no hay especies, sino sólo individuos, no tiene sentido la palabra "evolución". Ella implica gradualidad, pero entre un individuo y otro no hay gradualidad alguna. No hay nada, a no ser, otro individuo. El único modo de hablar de "evolución" en biología es reconociendo la existencia de esas misteriosas entidades llamadas "especies", integradas por muchos individuos, de modo tal que el pasaje abrupto de un individuo a otro, repetido varias veces, pueda ser considerado como el pasaje gradual de una especie a otra: los individuos, dentro de la especie A, han ido variando en su descendencia de tal suerte, que finalmente los individuos resultantes han sido de la especie B.

Claro, el adversario, puesto a sutilizar, podría responder que así como no hay especies, tampoco hay "individuos", pues también éstos son "etiquetas cómodas" con las cuales reunimos una serie sucesiva de estados. Ojo, que tampoco podría entonces concluir diciendo que lo que en realidad hay son átomos, pues los átomos son individuos. Habría solamente estados. Pero es claro que a esta altura es menos posible todavía hablar de la "evolución", o de algo en general.

Por tanto, hay especies. Pero entonces, según lo indica la conclusión arriba alcanzada, hay que concluir que los cambios graduales, si bien son un componente necesario del proceso evolutivo, no son razón suficiente del pasaje de una especie a otra. Más bien habría que suponer algo semejante a lo que dice Aristóteles hablando del cambio sustancial, que muchas veces es preparado por una serie de cambios accidentales, que sin embargo no son, ninguno de ellos, el cambio sustancial mismo.

Y entonces, el único sentido de la palabra "fijista" que se opone a "evolucionista" es el sentido 1) arriba señalado: el de negar que las especies procedan unas de otras. En cuanto al sentido 2) de "fijista", concluimos que también el evolucionista ha de ser "fijista" si quiere seguir siendo evolucionista, es decir, ha de admitir que existen en realidad (aunque no pueda decir cómo) las especies.

Y las especies, para poder existir, tienen que ser inmutables. En efecto:

"Evolución de las especies" puede querer a su vez decir dos cosas: 1) Que las especies mismas, en sí mismas consideradas, se transforman unas en otras 2) Que de hecho, históricamente, las especies han ido haciendo su aparición en el planeta, unas a partir de otras.

Son dos cosas distintas, y ahora es la segunda la que es solamente una consecuencia obligatoria de la teoría científica de la evolución. Mientras que la primera no lo es, sino que es la expresión de una filosofía absurda e indemostrable que podemos llamar "movilismo", y que tiene sus antecesores en Heráclito y sus discípulos.

No son lo mismo, porque es concebible que, siendo las especies siempre idénticas a sí mismas y por tanto inmutables, sin embargo, los individuos de una especie determinada hayan ido sufriendo transformaciones hasta dar lugar a individuos de otra especie. No han cambiado las especies en sí mismas consideradas, sino los individuos. Por ejemplo, si mato una vaca y me como una de sus costillas, la misma porción de materia, en un sentido, que antes era "vaca", ahora es "hombre", pero eso no quiere decir que "ser vaca" haya pasado a ser "ser hombre". No ha sido un cambio de la especie "vaca" como tal, sino solamente de este trozo individual de materia, que antes pertenecía a esa especie, y ahora pertenece a esta otra.

Por el contrario, la tesis de que las especies cambian en sí mismas es absurda. ¿Qué sentido tiene decir que el "ser vaca" se ha transformado en "ser hombre"? La misma palabra "transformación" quiere decir "cambio de forma", y no quiere decir que la forma misma cambia, sino que la cosa, el sujeto, por ejemplo, un vaso de arcilla, que antes tenía la forma X, ahora tiene la forma Y. Para eso, en general, es necesario que X e Y permanezcan siempre idénticas a sí mismas y distintas la una de la otra, por ejemplo, si el vaso antes era cuadrado y ahora es redondo, ello sólo es posible gracias a que no es posible el círculo cuadrado.

En general, el cambio en nuestro mundo afecta a los individuos, y es como el desplazarse de las fichas de ajedrez sobre el tablero: cambian de cuadro, pero para eso es necesario que los cuadros permanezcan inmóviles. Se mueven las fichas, o sea, los individuos. Los cuadros, que no se mueven, son las especies.

Lo otro, lo de Heráclito, Hegel y Marx, y también Bergson, es absurdo e inconcebible: que el desarrollo de la partida por el campeonato mundial de ajedrez consista sobre todo en el febril desplazamiento de las casillas blancas y negras, ante la mirada azorada de los contendientes. Pues bien, eso mismo es decir que son las especies mismas que cambian, que es el "ser vaca", como tal, el que se transforma en "ser hombre", con lo cual alcanzaría con comerse un churrasco para extinguir la especie vacuna. Y si se responde, como es de prever, que "ser vaca" y "ser hombre" no existen, que son sólo etiquetas cómodas mediante las cuales...etc., entonces volvemos a lo anterior: estamos ante un negador de la evolución.

La relación entre el "evolucionista", el "fijista", y el "creacionista"

Y obviamente, aquí el problema es que también "creacionista" puede querer decir dos cosas diferentes: 1) Que todas las cosas de nuestro mundo dependen radicalmente, en su ser, y por tanto, continuamente, de una Causa Primera Trascendente. 2) Que, además, todo lo que así depende de esa Causa ha debido comenzar a ser producido por ella en algún momento.

Que son distintas, lo muestra Santo Tomás de Aquino cuando enseña que el mundo, si bien por la fe sabemos que ha sido creado por Dios con un comienzo temporal, podría, absolutamente hablando, haber sido creado por Dios sin comienzo temporal. Santo Tomás nos está diciendo aquí que 1) no implica necesariamente a 2).

Luego, el "evolucionista" se opone, si se quiere, al "creacionista" en el sentido 2) de este último término, no en el sentido 1). Es decir, se opone a la tesis de que cada especie debe el comienzo de su existencia a una intervención especial, sobrenatural, de Dios. Pero con esto no alcanza para oponerse también a la tesis de que cada especie, a cada instante de su existencia, depende radical y totalmente, en su ser, de Dios Creador. Es decir, lo que Santo Tomás nos enseña aquí es que lo esencial de la creación no es el comienzo de lo creado, sino la dependencia en el ser. De ello, él deduce que lo creado podría no haber empezado a ser. Igualmente nosotros, podemos deducir, y luego, aplicarlo a la evolución, que lo creado puede no deber su comienzo a una intervención sobrenatural de Dios.

Todo esto quiere decir, finalmente, que la Creación es algo inmensamente más fundamental, concreto y profundo que el mero asunto del comienzo en torno al cual se batieron muchas veces "fijistas" y "evolucionistas". Ésta es en definitiva la razón profunda por la cual el creacionista no tiene dificultad esencial de principio para admitir la evolución de las especies.

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