Existe Dios? Existencia de Dios: preguntas, argumentos y testimonios

5Abr/100

¿Cuál es la peor enfermedad?

Publicado por jorgellop en Diciembre 8, 2007vida-entre-tiburones.jpg

 

¿Será esta o aquella? La experiencia nos dice una cosa, la ciencia médica otra…
 

La peor enfermedad que acecha hoy en día al mundo occidental -afirma la Madre Teresa de Calcuta- no es la tuberculosis o la lepra; es el hecho de no ser deseado, de que nadie nos ame ni se preocupe por nosotros.

 Leo esta afirmación, me imagino tantos que sufren solos y pienso en la pasión del Nuestro Señor Jesucristo. Sufrió más y fueron más dolorosos los sufrimientos morales (soledad, abandono…) que los físicos propios de una crucifixión.

5Abr/100

Pilar Soto, actriz y presentadora, ¿a quién tenemos que llamar?

Publicado por jorgellop en Noviembre 28, 2008

Leo la siguiente noticia en el periódico Alfa y Omega. Jamás había oído hablar de Pilar Soto, actriz y presentadora. Parece que participó entre otros espacios en La isla de los famosos, que tampoco he visto en mi vida. Lo comento para dar pistas en su identificación. A mi me ha costado encontrar una foto que se pudiera colgar en el blog.
 
Una vez más una situación extrema en una persona lleva

13Mar/100

Dominique Morin: vivía inmerso en la droga, la violencia y el sexo

Viví inmerso en la droga, la violencia política y el placer sexual

Dominique Morin es bastante conocido en Francia. Ha escrito un libro, "Le sida a fait de moi un témoin", no traducido al castellano. Ofrecemos cuatro artículos suyos con trazos autobiográficos. En ellos habla desde la experiencia de una persona conoce de primera mano varios de los males de nuestro tiempo. Su posterior conversión hacen de él un testimonio vivo del cristianismo y recibe invitaciones para dar conferencias por toda Francia. Su e-mail es

dom.morin@wanadoo.fr.

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Este amor que nos salva

Entre los diecisiete y los veintiún años, viví inmerso en la droga, la violencia política y el placer sexual sin límite alguno. Atrapado en este remolino , un día tomé una pistola decidido a utilizarla. ¿Qué hacer frente a tal decisión imposible?

Solo, como un niño abandonado, lloré, suplicando interiormente : «Si hay alguien que me escuche, que venga en mi auxilio, pues ya no puedo más». Sin duda esta fue mi primera oración. Seguro que mi madre me alojaría una vez más para ayudarme a salir de ese ambiente opresor. Tenía que tomar una decisión rápida, y me incliné hacia el buen camino. En aquel momento Dios me ayudó. Le doy gracias, y también a mi madre, que corrió el riesgo de tenderme la mano una vez más.

Fue necesario nuevamente huir radicalmente del sexo, las drogas, el alcohol, y la violencia. Ese ambiente seguía asqueándome, pero yo todavía no estaba curado. Permanecí alejado de esas tentaciones durante tres años.

Volví a la Iglesia católica dentro de la cual había sido bautizado y consagrado a la Virgen María. En la navidad de 1984 acudí a mi primera misa. Dos años de práctica regular me dieron la fuerza para dominar mis instintos. Fueron dos años llenos de gracias y que pacificaron mi alma.

Pero me sentía demasiado pecador, indigno de la iglesia. San Juan de la Cruz dice que «se obtiene de Dios tanto como de Él se espera». Yo no podía imaginarme que su amor podría llegar a tanto.

Jamás se dirá lo suficiente sobre la misericordia de Dios.

Hice una confesión general de mis pecados imperdonables. El sacerdote no reaccionó como me esperaba. Lo miré casi seguro de su reacción cuando, ¡menuda sorpresa! Su sonrisa sincera y compasiva me hizo dudar de mis certezas. Transformado por este signo de la misericordia de Dios permanecí en esta Iglesia donde me sentía bien.

La curación se operaba lentamente, como una flor se abre para recibir los rayos del sol, así me abría yo a la vida. Simpaticé con algunos católicos, entre ellos, con mujeres, con los cuales conservo aún hoy la amistad.

Durante ocho años caminé por este camino hasta el día en que mi pasado se vengó brutalmente de mí. Un examen médico me reveló que tenía yo sida, contagiado 13 años antes por una joven que hoy sé que ya murió. Todo se derrumbó a mi alrededor, hasta mi fe tembló. Mi familia, mis amigos y la gracia de Dios me impidieron caer más bajo. Tuve el reflejo de ponerme a rezar. Es el instinto del pobre. Oración desordenada, cargada de tristeza y de rebeldía, pero, a pesar de todo, fiel y perseverante. Después de muchas infecciones sucesivas, pude en 1996 recibir un tratamiento que equilibró mi salud.

Después de desapegarme de mi vida, era necesario aprender a vivir como un incurable. Comencé entonces a dar testimonio de la esperanza y de la verdad basada en mi experiencia yendo a escuelas, asociaciones o parroquias que me invitaban. Un testimonio de esperanza y de verdad basado en mi propia experiencia.

Como el sida, el aborto es el drama de un amor desnaturalizado que produce la muerte. El amor no puede ser neutro. O construye o destruye.

Nuestra sociedad ya no propone más que respuestas fatalistas, sin esperanza. Cuando una madre agobiada va a que le diagnostiquen su embarazo, teme que la animen a abortar si aparecen obstáculos. El aborto se ha convertido en una solución médica para evacuar las carencias de nuestra sociedad, y las mujeres embarazadas cargan solas con esta responsabilidad. Sólo se acepta el niño si alguien se decide a ayudar a la madre para que lo acoja. Los médicos pueden contribuir a sembrar la duda : «¿Está usted segura de querer dar a luz?». Las mujeres se consideran a menudo culpables de su embarazo. La moral se convierte en un concepto puramente médico y socio-económico.

Durante mis testimonios como enfermo de sida me he encontrado con militantes que defienden el aborto y cuya mirada se pone dura cuando se les propone otra alternativa o cuando se les habla de otra cosa que no sea el preservativo para combatir el sida. He visto en ellos a veces el odio y siempre la tristeza. ¡Qué contraste con el gozo de una mujer que da la vida, de un joven que vive la castidad con alegría! La ideología no lo explica todo. Hacer que los otros paguen nuestros fracasos jamás soluciona nada.

Esas relaciones destructoras y esa ley de lo efímero hacen que toda relación afectiva se vuelva aleatoria, que el amor sea un riesgo del que hay que protegerse y que el prójimo sea un adversario en un combate en el que todos pierden. Si hay jóvenes que han podido conservar su pureza y creen en el amor verdadero y en la vida como un regalo, es sobre todo para demostrarnos que esas virtudes tan ridiculizadas son necesarias ahora más que nunca.

Señor, ayúdanos a estar siempre abiertos a la vida y a ser tus instrumentos para convertir a nuestros hermanos devastados por el odio y la desesperación. Que recuerden que han sido niños, que un día creyeron en la vida y el amor. Amar es lo que da un sentido a la vida.

Aunque me haya quemado las alas en este juego trucado donde todos pierden sigo creyendo en el amor y en la amistad humana. Y no en esta guerra sexual en la que cada uno tiene miedo de amar, de entregarse y de crear un proyecto común.

Amor desencarnado y solitario donde el ser amado nos es peligroso.

Este amor me condujo al sida como condujo a numerosas mujeres al aborto como si fuera una fatalidad. Salgamos de esta lógica infernal rompiendo, cada cual en su propia existencia, el círculo de la fatalidad gracias al complot del amor. Superemos este miedo a darnos uno mismo al otro, aún en la amistad, sin esperar nada a cambio. Miedo de participar a la creación que Dios nos ha regalado.

El amor no está condenado al miedo y al muerte mientras no nos resignemos.

Porque los hijos que aceptamos, quizás en el dolor y la duda, son ellos nuestros guardianes. Nos protegen de nosotros mismos, contra el riesgo siempre creciente de ver nuestros corazones endurecerse, de volverse nuestro único objetivo y ya no saber amar.

Nuestro creador nos lo probó encarnándose de una mujer, María. En Belén hace 2000 años no había lugar en la hospedería para esta madre y su hijo. Había un portal para que Maria pudiese darnos su amor por Dios, el amor de su Dios. Fue el más bello entre los hijos de hombre, como cada niño lo es para sus padres. El niño Jesús que iba a rescatar al hombre de corazón endurecido y recordarle con la cruz y la resurrección, hasta qué punto Dios lo ama siempre.

Demos ánimo con todas nuestras fuerzas a los que comienzan la vida para que se comprometan y crean en la fecundidad de este misterio que no es posible reducir a nuestra comprensión. Un corazón aclarado con la inteligencia puede descubrir él mismo este don de amor. La fuente de los problemas de los jóvenes de hoy es no tener nadie a quien admirar, estimar o amar y por defecto se entregan a un sucedáneo de amor que no los colmará nunca.

Señor danos la gracia a todos de ser o de volver a ser como niños, siempre maravillados del encanto de la vida. Danos a todos un corazón de niño, sencillo, lleno de fe y de amor, abierto a la gran aventura de la vida.

Hago esta oración por los que no piden más que amar y ser amados.

¡Que nuestra sola enfermedad sea el amor!

El amor no es un juego

De adolescente, jugué al amor con las chicas. No amé ni respeté a ninguna, no hice más que disfrutar egoístamente y rápidamente dejé de creer en el amor. Un buen día me convertí, y cambié de comportamiento. Encontré así la fe en el amor a través de verdaderas amistades con mujeres católicas sin afán de sexo gracias a la castidad. Quería casarme con una amiga que sigo amando cuando me enteré de que tenía el sida durante mis años de desenfreno. Entonces, razonablemente, decidí renunciar al matrimonio.

Desde entonces cuando me hablan de prevención, veo mucho más allá que el sida. Jugando con el amor sin aceptar reglas perdí mi capacidad de fecundidad, de entrega, necesarias para construir mi vida con la persona amada. ¿A quién podría desear yo esta desgracia, sin hablar ya del sida?

El vagabundeo sexual y las prácticas contra natura propagan el sida, el preservativo no incita a alejarse de él sino sólo a limitar sus riesgos. ¿Es una prevención seria? En lugar de reducir el amor a un juego peligroso, pensad sobre todo en fundar vuestras relaciones en amistades sólidas. ¡El futuro está aquí cerca! Encerrados en relaciones decepcionantes que no cumplen sus promesas, pasando de una pareja a otra, estáis hiriendo vuestro corazón y vuestro cuerpo. El amor libre es una ilusión mortal. Mirad todas sus víctimas y añadid a ellas las del aborto e incluso las de preservativos y anticonceptivos, que muestran así sus límites.

Lo que la Iglesia os propone es hacer que el amor sea portador de paz y alegría abriéndolo a la vida con la exigencia de la verdad y la justicia.

Por culpa del sida no puedo entregarme completamente a la persona que amo sin hacerla correr un riesgo. La única verdad del sida es la mentira, el miedo, la soledad al final del camino. No hablar a los jóvenes sino de buscar el placer sin amar, corriendo riesgos, es la conclusión lógica de una sociedad que ya no les habla de la fecundidad del amor verdadero.

La castidad, dominio gozoso de la sexualidad, permite que ésta no sea un peso ni para uno mismo ni para los demás. La verdadera libertad es un camino donde el amor no rima ni con el miedo ni con la decepción solitaria, sino con la confianza y la alegría compartida.

Sin que sea necesario para ello ser católico, hacer que el amor rime con la desconfianza y el miedo escondido tras el preservativo es profundamente malsano. Si queréis placer, corred riesgos, tomad precauciones, y … ¡buena suerte! Pero yo no os animaría a ir por esta senda que es una burla al amor. El amor no da sino paz y alegría si es respetado. A vosotros adolescentes, os están mintiendo. Tenéis derecho a saberlo antes de elegir libremente vuestro camino.

Cuando hacía paracaidismo, si me hubieran dicho que el paracaídas estaba estropeado pero que había pocos riesgos de que se rompiera al lanzarme del avión ¿qué hubiera escogido? El placer del salto vertiginoso por un lado, el riesgo mínimo por otro… Pero hubiera preferido quedarme en tierra. Con el preservativo os ocultan que el riesgo existe en cada momento y que un día os puede tocar a vosotros. Numerosos testimonios de fracaso me han mostrado los límites de tal prevención.

Al final ¿quiénes son los inconscientes? ¿Los que os dejan arriesgaros preparándoos un infierno o los que os invitan a reflexionar sobre el amor y a no reducirlo a un simple riesgo? Mejor que ocultar o deformar el discurso católico ¿no tenéis más bien derecho a que os digan toda la verdad antes de correr riesgos que a fin de cuentas tendréis que asumir solos?

La Iglesia siempre tiene un discurso razonable y realista, sin buscar adaptarse a la evolución de las costumbres ni a los jóvenes que quieren seguir sus antojos. Nos recuerda a tiempo y a destiempo que no podemos burlarnos del amor sin riesgo mortal para nuestro cuerpo, nuestro corazón y nuestra alma. La Iglesia ve las almas antes de la satisfacción de los deseos. Esta existencia es una promesa que os dará los medios para alcanzar la felicidad verdadera.

Escoged la libertad de amar con confianza y con la verdad que lleva a la vida, y no busquéis el placer a cualquier precio, que lleva a la mentira y a la muerte.

Carta a una joven católica que quiere estar a la última

Querida joven,

Me gustaría a partir de mi propia experiencia reflexionar contigo sobre ciertas actitudes. Yo consumí mi adolescencia en experiencias desordenadas, con el deseo sexual como motor y un afecto enfermizo como brújula. Yo creía en esa época que tales prácticas serían una iniciación sin consecuencias, sin embargo aprendí a mentir y a engañar en el amor, y atrapé el sida. Un día al fin, dejé todo para intentar construir mi vida. Mi regreso a la fe católica dio sentido a mi búsqueda. Hace diez años que conozco mi enfermedad y, al mismo tiempo que la combato, doy testimonio de la belleza de la castidad y de la amistad. Aunque mi corazón y mi cuerpo permanecen marcados al rojo vivo, el perdón de Dios curó mi alma y las relaciones castas que cultivo con las mujeres me enseñaron a creer en el amor.

A nuestro alrededor reina el culto al placer y a la superficialidad. Mundo de mentiras y de soledad donde el hombre y la mujer, huérfanos de Padre al que no conocen o que han rechazado, buscan una razón de ser. Esta influencia a la cual todos estamos sometidos de una manera o de otra, se basa en la fragilidad humana abandonada a sí misma. En la adolescencia el cuerpo se transforma y la imaginación sexual despierta. La adolescente descubre su fecundidad, transformación interior de su cuerpo que un día hará de ella una mujer. Ese mismo cuerpo comienza a tomar una forma propiamente femenina que va atraer naturalmente la mirada de los hombres. La niña se convierte en una mujer y el niño en un hombre. El pudor le permite proteger la intimidad de su cuerpo que se transforma, de la mirada curiosa que puede suscitar en los chicos. Esta castidad tal vez inconsciente, es en todo caso un signo evidente de delicadeza. El joven en su adolescencia descubre su sexualidad de manera exterior a través de una genitalidad muy invasora. Como la primera imagen que la joven da de ella es su ropa, ¿cuál será el impacto sobre el joven de una pierna descubierta, de un pantalón apretado o de una blusa que deja ver el pecho? No olvides que el joven te mira con su psicología, a una edad en que, lo que para la mujer es sólo una seducción inocente, para el hombre representa una excitación sexual. Vuestras relaciones estarán forzosamente influenciadas aunque el joven no se atreva a confesarte su debilidad. Ayúdale a elevar su espíritu y a crecer, siendo delicada con él por tu exigencia, sin tentar su enorme fragilidad.

La seducción busca atraer a toda costa la mirada del otro. También la provocación y el deseo de impresionar, pero de otra manera. ¿Provocando su mirada, estás segura de respetar su libertad? ¿Soportarías que él utilizara su fuerza física, que es su punto débil junto con el instinto sexual, para forzarte a que te intereses por él? Cada uno es responsable de permitir al otro que elija libremente. Es muy triste que una mujer joven o adulta nos solicite con su cuerpo que, a pesar de su naturaleza frágil, somos capaces de mirar castamente. Si cada uno no ayuda al otro, buscando el respeto mutuo, la relación será rápidamente fuente de conflicto. Observa simplemente alrededor de ti esta sociedad donde reina la seducción, la apariencia y el egoísmo. El sufrimiento y la soledad no están lejos y la satisfacción es efímera y ridícula.

La inestabilidad afectiva y la falta de pudor actual son consecuencia de la ignorancia o de la negación de la debilidad humana y de la ausencia de una educación al pudor y a la prudencia. La belleza femenina requiere valorizarse de otra manera y no a través de un mediocre sistema de seducción carnal. Pero la moda para la ropa es a veces tan ambigua que es difícil y a veces imposible evitar la atracción de un cuerpo que se muestra ostentosamente en espectáculo. ¿Acaso lo único interesante de la mujer sea su cuerpo? Nunca lo he pensado así pero entonces ¿qué podemos hacer?, ¿resignarnos o protestar como lo hago yo?

Por experiencia sé lo que un joven piensa al ver un cuerpo descubierto; su pensamiento se concentra en lo que ve y corre el riesgo de no ir más allá. De alguna manera, es reducir la mujer a las formas que enseña. Hablo a menudo con jóvenes que me confían sinceramente que se sienten violentos y que nunca lo confesarán a las chicas.

Pasemos a lo esencial.

Nuestra fe católica nos enseña que nuestro cuerpo es el Templo del Espíritu Santo. Vamos a confesarnos de haberle faltado al respeto a fin de recobrar la amistad de Dios volviéndonos disponibles a su gracia. Cada uno de nuestros actos visibles da testimonio de nuestra fe. No existen acciones nuestras que pertenezcan al ámbito espiritual en las que Dios tenga tutela y otras en las que deba permanecer alejado. Nuestra actitud respecto a nuestro cuerpo es una manera de expresar nuestro pensamiento. Quien se descuida o se preocupa demasiado de su apariencia deforma la imagen de la creación que Dios puso en él, apegándose excesivamente a la superficialidad, por nuestro solo provecho, frecuentemente además perdiendo la interioridad en su vida. Tal es el caso de la seducción o de la agresividad vestimentaria. Nuestro cuerpo es un instrumento que debe permitirnos realizar grandes cosas. Por eso hay que respetarlo y ser delicado con él, pues nuestra alma necesita una imagen que la valorice, y no algo que la oculte o la deforme.

Nuestro Dios no es severo ni cruel. El se encarnó, vivió nuestra condición y murió en la ignominia de la cruz para rescatarnos. Es la prueba evidente de su amor sin límite por nosotros. Desviar la voluntad en un pobre sistema de seducción, ¿no es acaso correr el riesgo de alejarse de un amor tan tierno y misericordioso? Tal vez nunca lo habías pensado antes, o habías confundido indulgencia con complacencia.

¿Piensas que con ir a misa, rezar un poco, o respetar ciertas reglas morales exigentes es más que suficiente? Entiendo que el mundo es fascinante, brillante, tentador, como lo es el mal, puede brillar más que el bien, que no brilla tanto pero que es fiel a sus promesas que son de otro orden, verdadero y fecundo. Seguir el espíritu del mundo en cuestión de moda y después en cuestión de relaciones peligrosas, quien sabe, nuestra naturaleza es tan frágil, es realmente correr un gran riesgo a nivel espiritual. Dios que es siempre fiel te dice sin cesar «te amo como tú eres, hija mía», pero el joven guapo que te mira, seducido o atraído, despierta tu vanidad y tus emociones y puede hacerte perder la cabeza. Por lo tanto, en este campo también tienes que elegir, y las actitudes provocantes son una elección inconsciente. Te preciso que si doy la impresión de culpabilizar a las mujeres más que a los hombres, es porque Dios les ha confiado educar a los hombres y que, aunque el pecado original las ha reducido a un objeto de seducción, siguen teniendo como vocación ser nuestras educadoras.

Recibe esta carta como homenaje a tu vocación.

Al despertar tomo el arma de la oración para inspirar respeto y discreción. Mi vida espiritual me ha enseñado que la vida interior vale más que todo, pacifica los sentimientos y las pasiones, da sentido a la delicadeza y dispone más a Dios y a los demás, alejándolos de los obstáculos de nuestra naturaleza y de nuestra voluntad. La delicadeza para con los otros es uno de los signos del alma pacificada con la oración. Comienza de esta manera o más bien continúa, vuelve sin cesar a la oración que permite que Dios actúe en ti y te hace disponible a su amor. Deja a un lado las influencias, las tentaciones, la apariencia, y ve a lo esencial. Ahí encontrarás a Dios y tu verdadero valor. Al descubrir que eres amable y amada por lo que tú eres y como tú eres realmente, te influirá menos la seducción de aquellas personas que no se sienten a gusto en la vida. Dejarás de ser superficial cuando vuelvas a tomar el camino de la vida interior. Te deseo que tomes este camino maravilloso hacia la verdadera belleza del alma de la mujer. Belleza que necesitamos los hombres para avanzar y crecer juntos.

Carta a un fumador de marihuana

Me dirijo a ti porque yo desperdicié mi adolescencia fumando marihuana. En aquella época nadie pudo disuadirme de dejar de fumar. Fue difícil dejarlo, y conservo un recuerdo doloroso de ello: en aquella época una chica me contagió el sida. ¿Cómo ayudar a los que se drogan o a los que se sienten tentados para que no lo hagan?. Yo doy mi testimonio delante de jóvenes en las escuelas o en otros lados para hacerlos reflexionar sobre el tema. Me impresiona mucho su atención y su receptividad, incluso se muestran agradecidos. Saben que digo la verdad, aún los que se drogan. El hashish no resuelve nada, peor aún, impide que el fumador construya su vida. A tu alrededor ¿cuántos se fuman un porro? Los hay que se identifican con eso, se sienten valorizados por los otros fumadores, otros, que esperan impacientemente su legalización. ¡Cómo culpabilizarlos si también son víctimas como tú y yo! Sin embargo, ¿crees tú que anestesiados por la influencia de la droga, se pueda establecer una conversación apropiada sobre ella?

¿Porqué dejar de fumar el cannabis? Porque nos hace totalmente dependientes; porque la droga aniquila nuestras facultades; porque nuestra existencia se vuelve virtual. Nos volvemos incapaces de asumir cualquier responsabilidad o de tomar decisiones libres. En resumen, ¡es una pérdida de tiempo y de energía!¿Cuántos fumadores habituales de cannabis se han hecho esclavos de él? Es difícil reconocerlo, ya lo sé. Tomar conciencia de ello puede darnos miedo, o podemos perder nuestra autoestima. Pero también puede hacernos reaccionar. Es lo que yo espero. Para poder lograr un proyecto escolar, personal o de cualquier otro tipo, es necesario elegir la libertad en lugar de la droga. ¡Debemos actuar! y para actuar hay que ser consciente y conocerse a sí mismo. El porro hace aún más difícil el esfuerzo, desanima y favorece la depresión. No dejes que la marihuana te gobierne. Yo, un día decidí dejarla para retomar las riendas de mi destino. Desde entonces ya no tengo miedo de vivir y soy libre.

Si nos abstenemos del cannabis, podemos tomar decisiones libres, y acercarnos a los demás. Necesitas de los demás y ellos de ti para construir mutuamente un porvenir. Tus compañeros de la droga no pueden hacer nada por ti en este momento, porque de por sí no pueden con ellos mismos. ¿cómo poder amar a los demás o amarse a sí mismo cuando uno solo se soporta estando drogado? La realidad del drogadicto es la huida y una gran soledad. La vida se aleja, se vuelve angustia, solo la olvidamos consumiendo nuestra droga. ¡Qué desperdicio de tantas vidas de jóvenes llenas de promesas!

¿Eso era lo que buscabas? ¿qué vas a encontrar en el placer fácil, huyendo de las dificultades? La felicidad es una realidad frágil que implica un esfuerzo continuo. Una vida digna de su nombre se basa en el amor que le da su sentido y en la verdad que orienta nuestras decisiones. Por supuesto que no consiste en huir. Sin embargo, no te culpo. Fuiste engañado por esta bella ilusión como yo. Ganarás confianza en ti mismo en este combate por la vida. Para recobrar tu dignidad donde libertad y responsabilidad caminan juntas. ¡Abandona la angustia de vivir escondido en la marihuana!

Al dar uno lo mejor de sí, se corren riesgos. Pero date la oportunidad de descubrir la verdadera vida. Si huyes de la realidad, vas directo hacia el suicidio espiritual y humano. Renuncia a todo lo que te encadena; no te prometo nada, pero abre los ojos y descubrirás la belleza de la vida y lo mucho que vales. A pesar de las dificultades, la alegría de dar y recibir de los demás. Esta alegría y esta paz, ninguna ilusión la puede dar. No tengas miedo, levanta tu mirada y camina hacia tu porvenir. Aprende a ver a la gente que te rodea como compañeros y no como agresores o enemigos.

El sol sale todas las mañanas para ti también. La vida es realmente bella, aprende a descubrirla y a amarla. Ella te tiende los brazos, puedes estar seguro.

Así es que, éxito en el camino. ¡Te estamos esperando!

13Mar/100

Sor Tripi: 25 años hablando de Dios a los peores criminales

Sor María Luz lleva 25 años dedicándose a la pastoral penitenciaria y no tiene ninguna intención de abandonar su tarea. Cada mañana se levanta a las cinco y media para tener un rato de oración y coger fuerzas -«porque yo sola no puedo hacer nada»- antes de entrar al patio de una cárcel y hablar del amor de Dios a violadores, toxicómanos, criminales y atracadores. Se llama María Luz, pero los presos la conocen como «sor Tripi», porque, dicen, sus palabras les ponen más eufóricos que cualquier droga.
- ¿Qué es lo que más le gusta de esta tarea?
- Dedicarme a ellos, que tienen vidas tan rotas, que nunca han recibido amor de nadie. Es maravilloso poder darles el amor de Dios que recibo cada día en la oración, decirles, aunque sean criminales, «Tú corazón es bueno y está hecho a imagen y semejanza de Dios. Esas heridas que tienes sólo Cristo las puede curar. Tú eres importante y especial para Dios. Él te ama tanto que sólo quiere que seas feliz. Aunque tú hayas andado a tu rollo, Él viene a rehacer tu vida».
- ¿Y cómo reaccionan los presos?
- Muchos se ponen a llorar al ver que Dios les ama realmente. Una vez, en la cárcel de Carabanchel me querían prohibir ver a un preso porque era muy peligroso. Al final conseguí hablar con él y se dio cuenta de que era hijo de Dios. Empezamos a hablar y le dije la verdad: «Dios te ama mucho. Eres capaz de rehacer tu vida si te apoyas en Él». Se puso a llorar y a contarme cosas de su vida y, sobre todo, empezamos a orar. Siempre llevo la Biblia y les hablo desde la Palabra para tratar de su vida. Cuando un criminal dice: «Cristo, te adoro como Dios y Señor; creo que Tú has venido a salvarme, estoy dispuesto a abandonar el pecado», es capaz de cambiar de vida. Me preguntan: «¿Eso es verdad?, ¿Dios me quiere?, ¿A mí?». Y se sienten felices al ver el amor gratuito de Dios.
- Debe ser una tarea muy dura, ¿de dónde saca las fuerzas?
- Los presos me dan mucho más de lo que puedo darles yo. Dios se identifica con ellos. No quiere que estén ahí, pero no los deja sólos. Jesucristo sufrió en la cruz de una forma desgarradora y terrible, pero eso no es nada comparado con lo que sufre por los hijos que pasan de él. Yo no puedo dejar de ir a verlos. Es más fuerte que una droga. Te quieren por la alegría que les das en ese infierno terrible que son los patios. Si veo a uno llorar, le doy un abrazo. Y le digo: «¿Sabes lo que te ama Dios, que a mí me da fuerzas, aunque soy mayor, para venir a verte y decirte que te quiere?».
- Escuchar a presos debe ser duro...
- A veces sí, porque cuentan cada historia... Hay padres que los han violado, prostituido, explotado, pegado... ¡Cómo no voy a ir, si me dicen «si hubiese conocido a Cristo antes, yo no estaría aquí»!
- ¿Ha visto muchas conversiones?
- ¡Sí! Dios se manifiesta a través de ellos. Cristo está en ellos, a mí me enseñan, me evangelizan. Algunos cambian. Pasan de ser agresivos a ir con la Biblia y el rosario por el patio. Y dicen entre sí: «Tío, Jesucristo ha cambiado mi vida totalmente; su poder es increíble». Y eso que los patios son un infierno. Voy a la cárcel porque veo la alegría que a través de mí da el Señor a mis hermanos.
- ¿Se siente alguna vez impotente?
- Muchísimo. Él ha venido a salvarnos y hay tantas veces que no soy capaz de transmitirlo. Me da paz saber que todo está en sus manos. Yo no hago nada, es Cristo quien lo hace.
- ¿Cómo le gustaría terminar esta entrevista?
- Con una bendición a los lectores, para que lean buenas noticias y vean la presencia de Dios en el mundo.

Entrevista de José Antonio Méndez en La Razón, 10.III.06

13Mar/100

Luis Ruiz: misionero de 90 años dirige 145 leproserías en China

Acaba de cumplir 90 años, y ha sido la primera vez, desde 1930, que el padre Luis Ruiz lo pudo celebrar en Gijón (España) con su familia. «Es que estos últimos 72 años he estado por ahí, por estos mundos de Dios, ¿sabe usted?», argumenta. Acaba de participar en el Congreso Nacional de Misiones que se ha celebrado este fin de semana en Burgos. Monseñor Luis Augusto Castro Quiroga, arzobispo de Tunja (Colombia), le presentó a los medios como «la estrella del congreso», a lo que él respondió, con el sentido del humor que conserva intacto, «apagada, estrella apagada». «Cuando ves la pobreza no puedes cruzarte de brazos», asegura el P. Ruiz. Hasta hace dos años recorría las calles de Macao en moto. «Ya no, es que ya estoy un poco mayor», alega. Ahora le llevan en coche a sus 145 leproserías, diseminadas por toda China, en las que atienden a 10.000 enfermos. «Allí mismo educamos a los hijos de los leprosos, y tenemos 2.000 alumnos entre primaria y la universidad. En Macao, por ejemplo, tenemos una escuela que ya es muy famosa. Hace poco, un ex alumno, que ahora es un empresario de éxito en Hong Kong me mandó 20.000 dólares de donativo. Y los alumnos que tuve en Cuba en los años 40, que ahora viven en EE UU, aún me mandan dinero», explica.

-Y usted, ¿no piensa retirarse a descansar?

-Yo descanso trabajando. A mis 90 años, llevo un régimen de vida similar al de un hombre de 60. Me levanto a las 6:30 de la mañana. Me encanta el fútbol; a través de la televisión china veo los partidos de equipos españoles. Pero quiero seguir trabajando: tenemos 15 proyectos en espera.

-En 1941, llegó usted a China.

-Sí, y allí comencé a estudiar el chino mandarín, que es una lengua endiabladamente difícil. En 1942 tuve que huir de Pekín por la II Guerra Mundial entre EE UU y Japón. En 1945 fui ordenado sacerdote, y estuve destinado a la misión de Anking, donde daba clase de inglés. En 1951 los comunistas ocuparon nuestra misión, y estuve prisionero en casa, donde enfermé de tifoidea, y me expulsaron de China. 30.000 refugiados

-¿Qué hizo entonces?

-Mis superiores me mandaron a Macao, que era colonia portuguesa. Llegué a una ciudad llena de refugiados que huían del régimen comunista chino. Venían muertos de hambre, sin dinero y sin trabajo. Olvidé mi enfermedad, porque tenía que dar salida a todas esas pobres familias. Les repartía arroz, fideos y queso. Había algunos refugiados que incluso llegaban a nado, y no tenían absolutamente nada. Cada día venían 20, 40, 80. Hasta 30.000 refugiados chinos llegaron a pasar por nuestra misión. Después, cuando he vuelto algunas temporadas a España, me he encontrado con chinitos que estuvieron en mi casa.

-¿Cuándo comenzó su trabajo con los leprosos?

-En 1986 (con 73 años) comencé a trabajar en la provincia de Guangdong. Allí, en una isla, tenían tirados a todos los leprosos. Una noche fuimos en una lancha de pesca hacia la isla. Debería habernos visto; parecíamos contrabandistas. Yo llevaba cigarrillos para repartirlos entre los leprosos. Cuando llegamos a la isla, vimos algo que no se me olvidará jamás. Aquella gente vivía en un lugar sucio y asqueroso. Se me acercó un leproso y le extendí mi mano. Cuando él acercó la suya, me di cuenta de que no tenía más que un muñón. Y así todos los habitantes de la isla que se iban acercando. ¿Y qué podía hacer yo con los cigarrillos que había traído? Pues los iba encendiendo yo, y se los ponía a ellos entre los muñones.

-¿Qué le llevó a dedicarse a los leprosos?

-Cuando ves la pobreza, no puedes cruzarte de brazos. Cuando llegamos, no había agua ni electricidad; las casas estaban destrozadas, y todos pasaban hambre. Empezamos a hacer pozos, y conseguimos unas placas solares para calentar agua. Había muchos leprosos que me decían: «Padre, es la primera vez que nos duchamos con agua caliente».

-Hablando de dinero, ¿cómo lo consigue?

-Yo no consigo el dinero; el dinero me llega. Nunca pido; el Señor me lo envía. El Señor a veces envía unas gotitas de dinero, y a veces es una lluvia torrencial de dólares. Y tenemos más de 100.000 euros al mes en donativos. Yo no me comprendo ni a mí mismo: físicamente tengo 90 años, y aún aguanto. El dinero, sencillamente, llega.

-Todo el mundo conoce a la Madre Teresa, a Vicente Ferrer... ¿Por qué no se conoce al padre Luis Ruiz?

-No me preocupa eso; no hago propaganda de lo que hacemos. Nosotros hacemos la labor de Dios: Él es nuestro Padre, y también el Padre de los leprosos. La labor cristiana es la de la caridad, no la de hacer ruido. Recuerdo que, cuando iba a entrar en China, las autoridades comunistas me dijeron que me daban el visado si no predicábamos a Cristo. Pero el mismo Jesús dijo que «si no creéis en mis palabras, creed al menos en mis obras». Hace unos años, un señor chino que se vino una semana conmigo a visitar las leproserías, me dijo: «Yo no creo en Dios, pero creo en el trabajo que hace el padre Ruiz». Y yo le respondí: «Pues si cree en mí, crea también en Dios».

-Vayamos a sus inicios. Usted fue expulsado de España en 1931 por el Gobierno Republicano.

-Sí, nos desterraron a todos los jesuitas del país. La Compañía me mandó entonces a Bélgica, y en 1937 marché a Cuba, a estudiar Magisterio. Yo era profesor en el colegio al que asistía Fidel Castro, que estaba haciendo el bachillerato en aquella época.

-¿Y cómo era? ¿Ya apuntaba en sus maneras a que llegaría a ser un dictador?

-Pues sí, ya era muy trasto. Cuando yo estaba ya en China, me enteré que lo habían echado del colegio por sacar una pistola en medio de clase. Después engañó a los jesuitas y a sus compañeros y amigos de clase que le ayudaron. Nuestro colegio era el mejor de Sudamérica, y él, cuando alcanzó el poder, lo cerró y expulsó a todos los españoles de la isla. Después, en la subida a la Sierra Madre, numerosos jesuitas se fueron con él de capellanes, y les traicionó a todos.

-Algunos dicen que Juan Pablo II se debería retirar, que está mayor. A usted, ¿qué le parece?

-El Papa está más derrotado físicamente que yo. Pero tiene una cabeza y una conciencia que no están derrotadas. Mientras se pueda servir, sirve; cuando el Señor te diga basta, pues basta. Yo, todos los días, antes de salir a trabajar, paso por la capillita de mi casa y le digo al Señor: «Oye, si quieres llamarme hoy, me llamas». Y por la noche, cuando vuelvo a casa, le digo: «Gracias, Señor, porque has querido darme un día más para servirte».

-Mirado atrás, ¿vale la pena lo que ha hecho? ¿Repetiría su vida?

-¿Ufff! No hay nada mejor que tratar de hacer felices a los demás. No sólo es que valga la pena ser misionero; es que es necesario. Siento que he tenido una vida privilegiada.

Tomado de La Razón, Álex Navajas, 24.IX.03

13Mar/100

Odoardo Focherini: Arriesgar la vida por los perseguidos

Odoardo Focherini (1907-1944), figura importante de los scouts en Italia, era desde 1937 director administrativo del diario «Avvenire», que entonces dirigía Raimondo Manzini, autor de encendidas polémicas contra el fascismo.

En 1938, Focherini contrató en «Avvenire» al periodista judío Giacomo Lampronti, despedido a causa de las leyes raciales, y en 1942, a petición de Manzini –a quien el cardenal de Génova, Pietro Boetto, había enviado algunos judíos de Polonia para defenderlos–, se encargó de proteger de la persecución a estos refugiados en un tren de Cruz Roja Internacional.

Su labor para salvar a judíos de la deportación se convirtió desde octubre de 1943 en la principal ocupación de Focherini. Con la agudización de las leyes antijudías y el comienzo de las deportaciones raciales, en colaboración con otras personas, organizó una eficaz red para la expatriación hacia Suiza de más de un centenar de judíos.

Como alma de la organización, Focherini contactaba con las familias, conseguía los documentos desde las sinagogas, buscaba financiación y proporcionaba documentación falsa.

El 11 de marzo de 1944, Focherini fue detenido por los nazis en un hospital mientas atendía a un judío enfermo. Aislado en el «lager» de Flossenburg, fue trasladado al campo de Hersbruck donde se trabajaba desde las tres y media de la mañana hasta la tarde. Quien no resistía este ritmo, era inmediatamente enviado a los hornos crematorios.

Herido en una pierna y jamás atendido, Focherini murió de septicemia el 27 de diciembre de ese mismo año, a los 37 años.

Antes de morir, dictó a su amigo Olivelli una carta-testamento: «Mis siete hijos... Querría verlos antes de morir... No obstante, acepta, oh, Señor, también este sacrificio, y protégelos Tú, junto a mi mujer, a mis padres, a todos mis seres queridos».

«Declaro morir en la más pura fe católica apostólica romana y en la plena sumisión a la voluntad de Dios –añadió–, ofreciendo mi vida en holocausto por mi diócesis, por Acción Católica, por el Papa y por el retorno de la paz al mundo».

«Os ruego que digáis a mi esposa que siempre le he sido fiel, que siempre he pensado en ella y que siempre la he amado intensamente», concluyó.

En su memoria, la Unión de las Comunidades judías de Italia le otorgó una medalla de oro en 1955. Igualmente, el «Instituto conmemorativo de los mártires y de los héroes Yad Vashem» de Jerusalén le proclamó «Justo entre las Naciones».

En la diócesis italiana de Carpi se ha iniciado el proceso de beatificación de este hombre ejemplar, a quien 105 judíos le deben haberse librado de la deportación nazi.

13Mar/100

Nguyen Viet Chung: Una vocación nacida en el trabajo entre los leprosos

La dedicación de las religiosas de San Vicente de Paúl hacia los leprosos fue el punto de partida de la conversión al catolicismo de un médico vietnamita que hoy es sacerdote.

El doctor Augustinus Nguyen Viet Chung, de 48 años, médico de Ho Chi Minh, conoció la fe católica hace unos diez años. Tras el adecuado camino espiritual y de formación teológica, fue ordenado sacerdote el pasado 25 de marzo, fiesta de la Anunciación de María.

El obispo auxiliar de Ho Chin Minh --Joseph Vu Duy Thong-- presidió el rito de ordenación en la iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de la diócesis del sur de Vietnam. Más de medio centenar de personas, entre parientes del padre Chung, religiosos y religiosas, se unieron a la celebración.

Muchas Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, que conocen y trabajan con el doctor Chung, manifestaron: «La gracia de Dios hace milagros: no es corriente que un médico, y además a la edad de 40 años, se convierta y elija ofrecer su vida totalmente al Señor».

El padre Chung se sintió atraído por los estudios de medicina a través de un misionero extranjero que había optado por dedicar su vida al servicio de los leprosos.

Después de la licenciatura y de la especialización en dermatología, hizo sus prácticas en la leprosería estatal de Ben San, donde trabajan algunas religiosas vicencianas.

«Ejerciendo la medicina, me decía: puedo curar las heridas de los pacientes, pero ¿cómo curar su soledad y el sentido de abandono que experimentan? –recuerda el padre Chung--. Después conocí la fe católica y encontré la medicina para el alma de los enfermos, esto es, a Jesucristo».

El padre Chung fue bautizado en 1994. Cuatro meses después ingresó en el noviciado de la Congregación Vicenciana. «En mi conversión fue decisivo el ejemplo de las religiosas de San Vicente de Paúl: su dedicación y el amor hacia los leprosos hablaron a mi corazón», reconoce el sacerdote.

En la actualidad, el padre Chung trabaja en el centro para enfermos terminales de Sida dirigido por religiosas Hijas de la Caridad en el distrito de Cu Chi, a 45 kilómetros al noroeste de Ho Chi Minh City.

La Congregación Vicenciana llegó a Vietnam en 1954. Hoy cuenta en el país con 13 sacerdotes, 12 diáconos y 43 seminaristas que trabajan en la evangelización de las minorías étnicas y en el servicio a los pobres y enfermos.

Tomado de Zenit, ZS03051402

* * *

Antoine de Saint-Exupery, literato francés creador del entrañable Principito, solía decir que para salir de la vacuidad que sume a los hombres en la soledad, es preciso recurrir a la amistad, al amor, al don de sí.

Esto fue precisamente lo que descubrió el vietnamita Nguyen Viet Chung cuando, al terminar la carrera de medicina, empezó a desempeñar su labor como doctor entre los leprosos de un hospital de Ho Chi Minh. Hoy, diez años después, el doctor Chung reconoce el gran bien que le ha hecho el servicio a los más necesitados.

Su forma de entender la vida fue cambiando paulatinamente con el ejemplo diario de las religiosas de San Vicente de Paúl, dedicadas por entero al cuidado de esos pacientes. “Comprendí” afirma el doctor Chung “que ejerciendo la medicina podía curar las heridas de los enfermos, pero ¿cómo curar la soledad y el sentido de abandono que experimentaban? Pues bien, aquellas mujeres lo conseguían”.

Pronto descubrió que el secreto de esas enfermeras no era otro que su amor a Dios y a los demás. Cualquiera de ellas habría podido expresarse como lo hizo la Madre Teresa de Calcuta ante una periodista occidental que le dijo que ella “no haría aquello ni por todo el oro del mundo” . “Por dinero nosotras tampoco seríamos capaces”, le respondió, “lo hacemos por amor a Jesucristo”.

Como le dijo el Principito a Antoine: “Lo importante no se ve”. Ciertamente ese amor y esa solidaridad se habían clavado en el corazón de nuestro protagonista oriental sin que éste apenas lo percibiera. La labor escondida del hospital fue acercando al doctor Chung cada vez más a Cristo, al que enseguida logró percibir tras el sufrimiento de los leprosos. Los veía como otros crucificados y le sirvió para tratarles con mucho cariño e interesarse por la salud de sus corazones. También por las miles de pequeñas cosas que a esos pobres hombres les preocupaban.

Comenzó a aprender la doctrina cristiana. Esto le ayudó a desempeñar su labor médica de una modo bastante más humano. Y finalmente, tras años al servicio de los demás, el doctor Chung pidió ser bautizado.

Ahora, tras desechar ofertas de otros centros médicos más prestigiosos y con superiores expectativas económicas, atiende a los enfermos terminales de SIDA de la capital vietnamita. Tal vez la causa de su decisión haya sido el descubrimiento de la Felicidad en el don de sí a los demás por amor.

Carlos González, PUP, 17.V.03

13Mar/100

Eugenio Zolli: La conversión del Gran Rabino de Roma

Israel Zoller (Zolli es la italianización del apellido) nació en la Galizia polaca en 1881, último de una familia de cinco hijos. En 1904, el joven marcha a Viena para seguir la carrera de rabino, fiel a la tradición familiar, ya que por vía materna se habían sucedido antepasados rabinos durante más de dos siglos. Acabará los estudios en Florencia y conseguirá la plaza de vicerrabino de Trieste. En 1918, es nombrado rabino jefe de la ciudad, cargo que ocupará hasta su traslado a Roma y que hará compatible con su tarea docente como profesor de lengua y literatura semíticas en la Universidad de Padua.

En aquellos años, la idea de la conversión no se le pasaba ni tan siquiera por la cabeza. Todas las tardes se limitaba a abrir por donde cayera la Escritura, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, para meditar. Fue así como la persona de Jesús y sus enseñanzas se le hicieron familiares, sin que ningún prejuicio se interpusiera ni le diera el gusto de lo prohibido. El fruto fundamental de sus años de Trieste será la obra El Nazareno (1938), un estudio lingüístico y etimológico en el que realiza una exégesis metódica del Evangelio a la luz del Antiguo Testamento.

“Nadie ha tratado de convertirme –relataba algunos años después–. Mi conversión ha sido una lenta evolución interior. Desde hace años, y yo mismo lo ignoraba, mis escritos tenían ya un carácter tan cristiano que un arzobispo dijo de El Nazareno: ‘todos podemos equivocarnos, pero por cuanto puedo juzgar, pienso que podría firmar yo mismo ese libro’”.

Los rumores de guerra hicieron que el eco del libro fuera limitado. Durante esos años, Zolli había ayudado a los hebreos que dejaban la Europa central para trasladarse al futuro Israel. Sus contactos y el conocimiento de la lengua alemana favorecían que contara con informaciones de primera mano sobre el peligro que se acercaba. En 1935 envió una carta al rabino jefe de Roma, Angelo Sacerdoti, sobre los “actos inhumanos” cometidos contra los hebreos en Alemania, para que informara a Mussolini. El Duce dijo que protestaría ante el embajador alemán. Sea lo que fuere, lo cierto es que en 1938, cediendo a las presiones nazis, también en Italia se introdujeron leyes racistas. Zolli protestó públicamente y el gobierno como represalia le quitó la nacionalidad italiana.

Fue en ese contexto en el que le ofrecieron el puesto de rabino jefe de Roma. La comunidad hebrea de la capital (de la que el rabino era un empleado a sueldo) estaba dividida entre filofascistas y sionistas. Tal vez la fama de persona independiente y profundamente religiosa que se había ganado Zolli en esos años influyó en la elección. Sus dos interlocutores fueron Dante Almansi, presidente de las comunidades israelitas de Italia, que había sido jefe de la policía fascista y tenía buenos contactos con el régimen, y Ugo Foà, presidente de la comunidad hebrea de Roma.

Los primeros meses de la estancia de Zolli en Roma se caracterizaron por la defensa de los hebreos ante las leyes antisemitas. La situación, sin embargo, precipitó en septiembre de 1943 con la llegada de las tropas alemanas a la capital italiana. Después de los años pasados en Trieste, Zolli tiene experiencia: advierte a Almansi de que es preciso proteger a la población judía, pero éste sostiene que el día anterior un ministro le había asegurado que no había de qué preocuparse y que no convenía alarmar a la gente.

La respuesta vino pocos días después. El 10 de septiembre, el ejército nazi controla Roma. Un comisario de policía, de sentimientos antifascistas, aconseja a Zolli que se esconda, ya que –como se vio en Praga en esas mismas fechas– la primera víctima entre los hebreos solía ser el rabino.

El 26 de septiembre, el comandante Herbert Kappler impone a los judíos de Roma el pago de cincuenta kilos de oro, en un plazo de 24 horas, como rescate para no deportar a una lista de trescientas personas. La comunidad hebrea consigue reunir treinta y cinco kilos. Los presidentes Almansi y Foà piden a Zolli que acuda al Vaticano para pedir ayuda. Así lo hace –aunque sobre su cabeza pesaba una recompensa de 300.000 liras–, y recibe una respuesta positiva. Al final, los quince kilos del Vaticano no harán falta porque se habían conseguido por otras vías (incluidas, según se escribe, las de algunas casas religiosas y párrocos).

En esas semanas Zolli tuvo un encuentro con Foà en el que presentó un plan práctico para dispersar a los judíos de Roma. La acogida no pudo ser más fría: “Si hay que tomar decisiones, las tomaré yo con mi consejo –respondió Foà–. De momento no se ha decidido nada. Vaya a comprar un poco de valentía en la farmacia”. Años después escribirá Zolli: “Se me había concedido el don de ver sin poder actuar; y a otros, el poder de actuar sin poder ver”.

El oro, desde luego, no sirvió para nada, pues el 16 de octubre comenzaron las deportaciones, que sólo se frenaron por intervención de Pío XII. Zolli, que podía haberse exiliado fuera de Italia, vivió nueve meses en la clandestinidad, huésped de familias amigas, al igual que su mujer Emma y su hija Miriam (la otra hija, Dora, fruto de su primer matrimonio, no corría peligro por estar casada con un “ario”).

En febrero de 1944, la comunidad hebrea lo destituye como rabino, pero en junio los aliados lo ponen de nuevo al frente de la sinagoga. Allí permanecerá solo unos meses, pues en otoño presenta la dimisión por motivos personales. Y es que el día de Yom Kippur, durante la ceremonia en la sinagoga, había oído una voz interior que le dijo: “Estás aquí por última vez. Desde ahora, me seguirás”. Ya en los meses anteriores había meditado dar el paso del bautismo, pero no quiso hacerlo durante la persecución nazi.

La noticia del bautismo de Zolli causó enorme estupor (su mujer se bautizó el mismo día y su hija Miriam, que superaba ya la veintena, lo hizo un año después). La sinagoga de Roma decretó varios días de ayuno como expiación. El paso había dejado a Zolli literalmente en la calle: a los 65 años y sin casa ni sueldo. El futuro cardenal Dezza le ofreció un puesto de docente en el Pontificio Instituto Bíblico, de la Universidad Gregoriana.

Tal vez el mensaje principal de Zolli que se desprende de la lectura de su vida es precisamente la conexión que existe entre la Sinagoga y la Iglesia: “La Sinagoga era una promesa y el Cristianismo es el cumplimiento de esa promesa. La Sinagoga indicaba el Cristianismo; el Cristianismo presupone la Sinagoga”. Por eso, a pesar de la hostilidad que encontró en ambientes judíos, se preocupó por mejorar las relaciones entre hebreos y católicos: es suya, por ejemplo, la primera iniciativa que llevaría a suprimir de la liturgia del Viernes Santo, en 1961, la expresión “pérfidos judíos”: dio como razón que pocos entendían ya su significado original de “judíos incrédulos”.

13Mar/100

Magaly Llaguno: Mi batalla contra el cáncer

El tesoro del sufrimiento

He sufrido mucho en los años que he vivido. Sin embargo, en los últimos seis experimenté un sufrimiento tan grande que creí morir de dolor. En este lapso de tiempo tuve que pasar por el rompimiento de mi matrimonio, murieron mis padres y los médicos me diagnosticaron con cáncer. Todos estos sucesos me llevaron a comprobar que se puede crecer espiritualmente a través del sufrimiento. El sufrimiento ha sido para mí uno de los regalos más valiosos de Dios, una verdadera escuela. Me ha enseñado muchas cosas: a tener paciencia, a sentir mayor compasión por los demás y a saber expresarla; y a aceptarlo todo de la mano de Dios. Lo que más agradezco es que me ha acercado mucho más a El a través del dolor.

El sufrimiento nos hace mejores personas y nos madura emocional y espiritualmente si lo aceptamos por amor y obediencia a Dios y si tratamos de sobreponernos a él, buscando nuestro consuelo y fortaleza en Dios. Son incontables las veces en que me he sentido acongojada, deprimida, agotada física, emocional o espiritualmente; pero en todas he acudido a Dios y siempre me ha dado Su gracia para continuar mi peregrinar hacia Él.

Este documento es el relato de algunas de mis experiencias, las cuales escribo, con la esperanza de poder ayudar a personas que se encuentren en circunstancias parecidas a las mías.

El diagnóstico

Fue en el mes de febrero del 2000 cuando me diagnosticaron mieloma múltiple; un raro tipo de cáncer de la médula ósea, lugar donde nuestro cuerpo fabrica la sangre. Desde entonces he pasado cientos de días recibiendo quimioterapia, en el hospital como paciente externo o ingresada. Aunque parezca increíble, fue casi un alivio enterarme de que padecía cáncer, pues había tenido cinco dolorosas fracturas espontáneas sin saber por qué; tres de ellas en dos costillas y una vértebra, después de un resfriado. Había sido examinada por cinco médicos y hablado con seis más, hasta que al fin a uno de ellos (el reumatólogo), se le ocurrió hacer la prueba de un tipo de proteínas en la sangre. Lamentablemente, esperó desde noviembre, fecha en que hizo la prueba, hasta que volví a verlo en su consulta en febrero, para ver el resultado y decirme que tengo cáncer.

Al fin, cuando logré ver por primera vez al doctor hematólogo-oncólogo, me puso bajo un tipo de tratamiento, el cual no fue efectivo. Luego, durante seis meses, estuve ingresanda por 5 ó 6 días cada mes para la quimioterapia, la cual tampoco dió resultado. Del 20% de cáncer en la médula de los huesos, que me habían descubierto durante la primera biopsia, pasé el 81%. Fue como si en lugar de matar el cáncer, lo hubieran estado alimentando.

Cuando el doctor me dio esta mala noticia, le pregunté cuánto tiempo me quedaba de vida y me dijo que menos de un año. Yo le dije que no aceptaba ese diagnóstico, porque de hecho, Dios me había prometido más tiempo de vida. La única verdadera alternativa que me dio mi médico fue un tratamiento experimental con arsénico (¡el veneno!), y vitamina C. Puesto que no tenía nada que perder, acepté después de orar, investigar, y hablar con mis cinco hijos al respecto.

El tratamiento experimental

Durante meses iba diariamente al hospital a recibir el arsénico con vitamina C. Soporté seis terribles ciclos de cinco semanas cada uno, con dos semanas de descanso seguida de una biopsia después de cada ciclo. Los lunes y los viernes tenían que hacerme electrocardiograma, análisis de sangre, etc. para saber si había llegado al punto de estar en peligro de complicaciones graves debido al arsénico. También me hacían pruebas para conocer el daño que le estaba haciendo el arsénico a todas las células de mi sangre, tales como las rojas, las blancas y las plaquetas. Por supuesto, tuvieron que darme un número de transfusiones, y ni hablar de los demás efectos secundarios de esta quimioterapia experimental.

Lamentablemente, uno de los efectos secundarios graves de esta medicina (el arsénico), es que daña el sistema inmunológico, porque destruye las células buenas que están en la sangre, junto con las malas (cancerosas). Por añadidura, el tipo de cáncer que yo tengo tiene el mismo efecto en la sangre (además de dañar los huesos). Por tanto, desde hace mucho tiempo he estado luchando contra las infecciones. Fui hospitalizada por tres semanas debido a una septicemia, por una infección en el "port" (catéter colocado quirúrgicamente en la vena cava para administrar la quimoterapia). Estuve en casa una semana, y acto seguido tuve que ser hospitalizada de nuevo debido a una neumonía y para remover el catéter infectado y colocar uno nuevo. Sin embargo, Dios no quiso que muriera en esa oportunidad tampoco y me salvé para continuar el tratamiento con arsénico. ¡Fui la primera en EE.UU. en llegar al final de los seis ciclos viva y hasta me entrevistó un canal de televisión!

Durante la segunda semana de hospitalización por la neumonía, cuando comencé a mejorar, se me presentaron otras complicaciones, las llamadas "enfermedades oportunistas". Por ejemplo, contraje la "culebrilla" (muy dolorosa), sinusitis (la cual me ha dejado sin olfato ni gusto permanentemente), flebitis en ambos brazos debido a los sueros (muy dolorosa también), y otras infecciones más. Por supuesto, debido a la debilidad de mis huesos y la fuerza con que tosía, se me rajó de nuevo una costilla.

Una noche, cuando estaba hospitalizada, después de tantos sueros e inyecciones, tuve problemas con mis venas. El catéter no se podía utilizar por orden del médico, hasta que no transcurrieran 48 horas de ser insertado. Sin embargo, las medicinas había que administrarlas por vía intravenosa. Una hermana en Cristo y yo, hicimos la Coronilla de la Divina Misericordia y le rogamos a Sor Faustina, Apóstol de la Divina Misericordia, su intercesión (todavía no había sido canonizada). Ella nos escuchó. Después de haber tratado de establecer una línea para el suero tres enfermeras, tres veces cada una, otra enfermera me dijo: "Déjame probar una vez más". ¡Y milagrosamente lo logró!

Durante esa estancia en el hospital, aprendí mucho sobre el valor infinito del sufrimiento, tanto para nosotros como para los demás. También medité mucho más sobre la pasión de Cristo. Le doy gracias a Dios por haber derramado tantas bendiciones sobre mi persona durante esta difícil etapa de mi vida, no sólo al darme la fortaleza para continuar luchando por sobrevivir, sino también, por darme el grandísimo honor de compartir su cruz, a pesar de que no soy digna de hacerlo.

El recordar el sacrificio que Jesús hizo por nosotros en la cruz, me ayudó a soportar todos los sufrimientos. Cada vez que me pinchaban con una aguja pensaba en que Jesús fue coronado de espinas y le decía a El: "Esta es una ofrenda tan pequeña, Señor, comparada con lo que tú sufriste para salvarme." Y cuando me arrancaron dos pequeñitos pedazos de piel al removerme un esparadrapo (al cual soy alérgica) y me dolió tanto, recordé que Jesús fue brutalmente azotado, le pusieron una capa sobre su sangrante espalda y después se la removieron violentamente. Según los relatos científicos, una gran parte de su sanguinolenta piel le fue arrancada junto con la capa, pues se le pegó a la tela. ¡Cuán grandes son los dolores que El sufrió por nosotros! Fue su amor lo que lo llevó a la cruz y lo hizo permanecer en ella, a pesar de los que le gritaban que bajara y se salvara. Y ha sido providencial para mí, el que estos sufrimientos míos hubieran tenido lugar durante el Mes del Sagrado Corazón de Jesús. ¡Qué hermoso regalo de amor pude brindarle! Ofrecí mis sufrimientos (y todavía lo estoy haciendo), por el movimiento provida y por Human Life International y la Sección hispana que dirijo, Vida Humana Internacional y sus organizaciones afiliadas en el mundo hispano.

Dios me dio el regalo del gozo durante esa etapa en que estuve a punto de morir, y me enseñó que no debo temerle a la muerte ni al sufrimiento, pues Él está siempre conmigo.

Enfrentándome al transplante

El doctor me dijo que ya que me había bajado tanto el nivel de cáncer en los huesos con la ayuda del arsénico y la Talidomida que recibí por meses, era hora de planear un transplante de células estaminales, utilizando mis propias células. Puesto que el tipo de cáncer que tengo es incurable, solo se trataba de alargar un poco mi vida.

Dos semanas antes de mi transplante, me sentía tan agotada de esta lucha que he estado librando contra el cáncer por los últimos dos años, que no tenía ya las fuerzas para continuar. Sabía que me esperaban muchas más dificultades y sufrimientos. Por lo que había leído, este tipo de transplante es un procedimiento muy largo, difícil y peligroso que requiere mucho tiempo de recuperación.

Me encontraba "al pie de una enorme montaña" que sabía tenía que escalar, pero no tenía las fuerzas para comenzar a hacerlo. Hay momentos en la vida de uno en que súbitamente sentimos sobre los hombros y sobre el corazón, todo el peso de muchos años de sufrimientos. Era como si me hubiera caído con mi cruz y no tuviera fuerzas para levantarme. Hasta ese punto, Dios me había dado una fortaleza sobrenatural que me llenaba de optimismo, energías y hasta gozo espiritual. Pero fue como si en aquellos momentos me la hubiera retirado por completo, quizás para que me diera cuenta de lo débil y frágil que soy, y de lo mucho que dependo de Él. Las palabras de San Pablo cobraron aun más importancia para mí y me aferré a ellas con todo mi corazón: "A todo puedo hacerle frente, gracias a Cristo que me fortalece." (Filipenses 4: 13 ) Y las de Cristo : "Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece unido a mí, y yo unido a él, da mucho fruto; pues sin mí no pueden ustedes hacer nada" (San Juan 15:5), me hicieron comprender, como nunca antes, que es verdadera y personalmente Cristo quien nos fortalece.

Antes de poder ingresar para el transplante de células estaminales tuve que someterme a un procedimiento llamado eféresis. Me insertaron quirúrgicamente en la vena cava un catéter mucho más grande que los que había tenido anteriormente. Tenía tres tubos en la parte de afuera: por un lado sacaban la sangre, por el otro administraban anticoagulante, y por el tercero devolvían la sangre al cuerpo. Me estimularon primero la médula ósea con unas inyecciones. El objetivo era separar las células estaminales inmaduras del resto de la sangre, y hacer que salieran a flote en la sangre.

Durante el procedimiento tuve una complicación: me bajó mucho el calcio y comencé a sentir como unas terribles corrientes eléctricas por todo el cuerpo, hasta llegar al punto de que se me engarrotaron ambas manos y se me paralizaron los dedos. En aquel momento pasé un gran susto porque creí que me estaba dando un derrame cerebral. De momento no pude evitar las lágrimas y el desaliento y la desesperación, pero de nuevo Cristo me fortaleció. Después de quedar una noche ingresada en el hospital, con los medicamentos que me administraron pudieron seguir el proceso iniciado. Lamentablemente, no alcanzaron a colectar todas las células necesarias para el transplante, pero de todos modos, mi médico decidió seguir adelante porque era la mejor decisión con respecto a mi salud.

El ingreso al hospital

Era el 7 de octubre de 2002, Festividad en la Iglesia Católica, de Nuestra Señora del Santo Rosario. El hecho de que iba a ingresar en el hospital en esta piadosa fecha, me dió ánimos para el suplicio que sabía se acercaba inexorablemente. Pensé: He pasado tanto tiempo en este complejo de hospitales, que ya prácticamente son mi segunda casa.

La primera semana de ingreso para el transplante no fue fácil. El primer día me dieron una dosis extremadamente alta de "Melphalen", una quimioterapia muy fuerte. Según me informaron, era una dosis diez veces más alta que la que regularmente les dan a los pacientes. Inmediatamente, el segundo día, me pusieron por vía intravenosa, las células estaminales que me habían extraído de la sangre y habían congelado.

Después de la quimioterapia, no pude mantener nada en el estómago por mucho tiempo. Las náuseas eran una parte constante de mi vida cuando estaba despierta, no había nada que verdaderamente permitiera que mantuviera líquidos o alimentos en mi estómago. Por 24 días en el hospital viví mediante los sueros. Las pocas veces que pude mantener algún líquido fue gracias a la oración. Pero hasta la oración se me hacía difícil, porque las náuseas eran muy intensas. Con toda mi alma le pedí al Señor que estabilizara mi estómago, no sólo porque me sentía muy débil, sino también porque me dolía la quijada izquierda (afectada por el cáncer), de tanto devolver los alimentos.

Prepararnos para escuchar, tener paciencia y perseverancia

Una mañana caí en una pequeña depresión, al sentir que todavía no toleraba alimento en el estómago y que estaba tan débil. De nuevo me fallaron las fuerzas y dejé de tratar de ingerir alimentos. Para colmo de males, los dolores en el cuero cabelludo mientras se me caía el cabello, me molestaban mucho cuando ponía la cabeza en la almohada. Clamé al Señor llorando y su ayuda me llegó de nuevo. El enfermero me aconsejó, explicándome muy delicadamente, que mi actitud era negativa y esto alargaría más tiempo mi recuperación. Me dí cuenta de que había caído en la trampa de pensar negativamente. Dios actúa a veces a través de quien menos esperamos.

Después recordé el poder sanador de Dios a través de la música. Puse en mi equipo portátil un cassette de música religiosa que sabía me daría el mensaje que necesitaba oir de consuelo y fortaleza. La letra de la primera canción titulada "Amigo, no temas", me recordó la promesa de Jesús de estar siempre conmigo. Dice la canción : "Amigo, no temas, yo estoy contigo en tu caminar" y habla de cómo Dios cuida de las aves y las flores del campo, "y ellas no son más que tú". Si el Padre Celestial viste los campos de primorosos colores, con muchas flores que duran solo un día, cómo no va a poner en nuestra alma una y otra vez, el amor y la fortaleza que necesitamos en momentos difíciles. ¡Acabé por cantar, bailar, y alabar a Dios! Fue otro encuentro personal con Dios que me fortaleció emocional, física y espiritualmente.

Verdaderamente debemos estar atentos a la Palabra de Dios y obedecerle, si queremos recibir Sus gracias especiales. Si yo hubiera ignorado el consejo del enfermero de cambiar mi actitud y me hubiera dedicado a sentir lástima de mí misma, no habría recibido las gracias que recibí. Debemos recordar siempre la importancia de las "tres p" : Preparar los oídos para escucharle y obedecerle, tener paciencia y perseverancia.

Como nos aconsejó Santa Teresa de Jesús en su poema "Nada te turbe": "...confianza y fe viva mantenga el alma". Mi ánimo había cambiado hasta tal punto, que tuve el valor de dejarme rapar la cabeza pues de todos modos el pelo se me estaba cayendo. Y le di gracias a Dios porque al mirarme al espejo, no sentí dolor sino orgullo. Consideré mi calvicie, una de las cicatrices, producto de la difícil batalla que estoy librando.

Ahora, cuando me deprimo por todos mis sufrimientos y ni siquiera tengo deseos de orar; escucho una música religiosa alegre. Entonces comienzo a cantarle a Dios como nos pide la palabra de Dios : "Canten y alaben de todo corazón al Señor" (Efesios 5:19), y acabo siempre dándole gracias y alabándolo. Es indudable que Dios nos da siempre las fuerzas y hasta el gozo espiritual, sin importar las circunstancias, cuando se los pedimos de todo corazón.

Necesitamos el amor de nuestros seres queridos

Hay evidencias científicas de que el amor y el apoyo de los demás ayudan a lograr la sanación. Los estudios realizados muestran grandes diferencias con respecto al tiempo que sobreviven las personas gravemente enfermas que reciben amor y apoyo, y las que no los reciben. Uno de los estudios, realizado en la Universidad de Tejas, les preguntó a los pacientes si participaban regularmente en un grupo de apoyo, como por ejemplo asistiendo a una iglesia, y si esa participación les proporcionaba fuerzas y consuelo. Seis meses después del tratamiento, los que contestaron que no a ambas preguntas tuvieron siete veces más probabilidades de morir que los demás. Otro estudio de la Universidad de Los Angeles (UCLA) realizado con grupos de apoyo, investigó a personas a quienes se les practicó una cirugía debido al cáncer melanoma. Después de dicha cirugía algunas de las personas participaron en grupos de apoyo por seis semanas, mientras el resto simplemente se fue a su casa. Cinco años después los investigadores encontraron que entre los que no participaron en ningún grupo de apoyo hubo tres veces más muertes y dos veces más metástasis que entre los que lo hicieron. ("Cancer Recovery Today", boletín de la organización Cancer Recovery Foundation of America.)

Verdaderamente, el amor y el apoyo de otras personas constituyen una necesidad básica para los enfermos. El no obtenerlos es dañino; ¡cuánto más dañino será el ofrecerle a una persona enferma la eutanasia o el suicidio asistido! Los que estamos gravemente enfermos necesitamos una verdadera compasión, no la falsa compasión que ofrecen los promotores de la eutanasia y el suicidio asistido.Y aun más importante es para los enfermos, el amor de sus seres queridos.

Sí, es cierto que solo Dios basta, como dijo Santa Teresa de Jesús. Si tenemos que continuar nuestro peregrinar totalmente solos, lo hacemos con la fuerza que Dios nos da. Sin embargo, el amor de otros seres humanos es para nosotros en momentos difíciles lo que la lluvia para las flores. A ellas las alimenta y las hace abrirse en toda su belleza. A nosotros también, porque nos alegra el alma y nos transforma en personas más humanas. Con ello nos hacemos más compasivos y tenemos aún más fortaleza para enfrentar nuestro dolor.

Enfrentándome a la recuperación

Llegó el momento de salir del hospital después del transplante y no tenía quien me ayudara (vivo sola), ni siquiera pagándole. Había hecho muchas gestiones, hablado con varias personas pero al final, las dos que me prometieron ayuda me llamaron para decir que no podían. Desde el principio había confiado en Dios y le había pedido que si no podía conseguir a nadie, me diera las fuerzas para poder cuidar de mí misma. De nuevo, Su gracia no se hizo esperar, pues Dios me dio las fuerzas para cuidarme durante el mes que estuve en casa recuperándome.

Y cada vez que he necesitado algo que no podía resolver por mí misma, Dios me ha enviado personas para ayudarme. Una amiga y hermana en Cristo, que es psiquiatra, me ha ayudado mucho espiritual y psicológicamente. No hubiera podido avanzar tanto en mi recuperación emocional sin su ayuda. Otra buena amiga a quien quiero como una hermana y un matrimonio de mi parroquia, fueron también algunos de los hermanos en Cristo que me ayudaron.

En Dios confiemos

Recientemente mi oncólogo me dijo que aunque mi cáncer al fin parece estar en remisión, se me ha presentado otra grave enfermedad de la sangre llamada mielodisplasia, debido a la cantidad de quimioterapia que he recibido o como consecuencia del tipo de cáncer que tengo. La médula de mis huesos no está produciendo las células (rojas, blancas y plaquetas), que mi cuerpo necesita, y algunas de las que produce son anormales. Por lo que me quede de vida, tendré que continuar recibiendo a menudo transfusiones a través de un catéter en la vena cava y medicinas para estimular la producción de las otras células. De este modo podré sobrevivir un tiempo más, puesto que no es posible una curación. Entre otros, me esperan los riesgos de infecciones y hemorragias. Además el doctor me dijo que tengo un 80% de posibilidades de contraer un tipo de leucemia.

Sin embargo, no tengo miedo. Por el contrario, mi alma está llena de gozo, porque hoy Jesús me dio en la misa las gracias extraordinarias que necesitaba para enfrentar este nuevo sufrimiento. Instantes antes de recibir la sagrada comunión, vi claramente en la faz de una escultura de Jesús, una sonrisa.

Hay quienes creen que la religión es solo un bastón en el cual las personas se apoyan cuando se encuentran en circunstancias difíciles de su vida. Piensan que la fe es una creencia en "algo" intangible y esto es cierto, pero es mucho más. La realidad es que la verdadera fe, la fe fructífera, la que crece cada día más si la nutrimos con la oración, la lectura espiritual y los sacramentos (esto último para aquellos que somos católicos); no es algo intangible que imaginamos o que nos hemos inventado. Es una relación íntima y personal con nuestro Creador, que es más real que la luz que vemos y el aire que respiramos. Nuestro Dios nos ama tanto, que está involucrado hasta en los más insignificantes acontecimientos de nuestra vida. Está atento a nuestras más pequeñas necesidades, sabe lo que queremos y necesitamos, y se apresura a dárnoslo si es para nuestro bien.

A través de toda mi odisea, que continuará cada día hasta que Dios quiera, nunca he estado sola, pues Jesús siempre está conmigo y me lo demuestra de diferentes maneras.Y además, he tenido y todavía tengo la inmensa bendición y la alegría de poder contar con incontables oraciones (inclusive en diferentes países del mundo), de personas que he conocido por mi labor en defensa de la vida y la familia. Las cartas, tarjetas y llamadas que he recibido de líderes del movimiento provida hispano han sido numerosas. A todos los tengo en mi corazón , y a Dios he ofrecido mis sufrimientos por la labor que realizan estos valientes hermanos en Cristo en sus respectivos países. Se están enfrentando a grandes batallas para defender la vida y la familia, los cuales sufren graves ataques en los países hispanos.

Un mensaje especial

Por último, quiero dirigirte un mensaje personal a ti, que estás enfermo(a) de cáncer o tienes otra enfermedad grave.

De nuestra actitud depende mucho el poder sobrevivir más tiempo. He leído que aquellos enfermos graves que tienen una actitud positiva, una vida activa y la voluntad de vivir, sobreviven más tiempo. No dejes que nada perturbe tu paz, te entristezca o te deprima. Sonríe siempre, pase lo que pase, porque Dios te ama y cuida de ti. El apóstol san Pablo nos dice: "Alégrense siempre en el Señor. Repito: ¡Alégrense! Que todos los conozcan a ustedes como personas bondadosas. El Señor está cerca. No se aflijan por nada, sino preséntenselo todo a Dios en oración; pídanle, y denle gracias también. Así Dios les dará su paz, que es más grande de lo que el hombre puede entender; y esta paz cuidará sus corazones y sus pensamientos por medio de Cristo Jesús". (Filipenses 4: 4-7) Cuando me olvido momentáneamente de que todo lo que sucede es para nuestro bien, aún lo que nos hace sufrir, repito mentalmente las palabras de San Pablo: "Que la esperanza os tenga alegres, estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración." (Romanos 12:12) La esperanza de poder estar con Cristo algún día me proporciona gozo espiritual, el cual me ayuda a mantenerme firme en la tribulación por medio de la oración.

No temas a los sufrimientos. Cuando me diagnosticaron el cáncer y leí sobre las posibles complicaciones y lo dolorosas que podrían ser en las últimas etapas de mi enfermedad, sentí un gran temor. No temía a la muerte, sino a los sufrimientos que podrían acompañarla. Sin embargo, el Señor me llevó a leer una cita bíblica que me tranquilizó y me recordó que Él estará conmigo hasta el final, y nada me sucederá que con la ayuda de su gracia no pueda enfrentar. A través del Salmo 40, "Oración de un enfermo", Dios me habló: "El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor, calmará los dolores de su enfermedad".

Además Dios nos promete: "...Los que confían en el Señor tendrán siempre nuevas fuerzas y podrán volar como las águilas, podrán correr sin cansarse y caminar sin fatigarse." (Isaías 40: 31) Y Jesús mismo nos dijo: "No se angustien ustedes. Crean en Dios y crean también en mí... Les doy mi paz, pero no se la doy como la dan los que son del mundo. No se angustien ni tengan miedo." (Juan 14:1, 27) Por último, si unes tus sufrimientos a los de Cristo, aceptándolos por amor a Dios y ofreciéndoselos a Él, verás sus frutos en la eternidad.

Probablemente el tener que enfrentarte a tu enfermedad y la posibilidad de morir debido a ella, ya te han enseñado el valor tan grande que tiene la vida, regalo de Dios. Atesórala, disfrútala en todo lo posible, diles a tus seres queridos cuánto los amas. Vive cada día como si fuera el último, porque no sabes cuándo será el día ni la hora. Utiliza sabiamente ese valioso tiempo de vida que te queda, que es un regalo que Dios te ha dado, para que te prepares para vivir con El para siempre. Trata de acercarte más a El cada día por medio de la oración, la meditación y los sacramentos (si eres católico). Alguien le preguntó a Santa Ángela de Merici, la fundadora de las Hermanas Ursulinas, qué consejo le daba para comportarse debidamente. Ella le contestó : "Compórtese cada día como usted deseara haberse comportado cuando le llegue la hora de morirse y de darle cuenta a Dios."

No temas a la muerte, el mismo Dios que te ama y cuida de ti, te recibirá en sus amorosos brazos, donde estarás por toda la eternidad. Dile al Señor de todo corazón : "Yo, Señor, confío en ti; yo te he dicho: ‘¡Tú eres mi Dios!, mi vida está en tus manos." (Salmo 31: 14)

Que Dios te bendiga y aumente tu fe, tu paciencia y tu fortaleza para enfrentar tus sufrimientos.

Nota: Este escrito, terminado el 9 de febrero del año 2003, es propiedad intelectual de la autora y de Vida Humana Internacional (VHI), Sección hispana de Human Life International. VHI y la autora dan su autorización para que se reproduzca sin hacer ningún cambio en el texto y se distribuya gratuitamente, sin fines de lucro. VHI es una organización católica educativa y misionera que ofrece en su portal en Internet: http://www.vidahumana.org/, información sobre más de 20 temas relacionados con la defensa de la vida humana y la familia, y un catálogo de materiales educativos. Para comunicarse con Vida Humana Internacional diríjase a: 45 S.W. 71 Ave, Miami, Fl, 33144, U.S.A. Teléfono: (305) 260-0525. E-mail: vhi@vidahumana.org. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla El portal www.masalladelsol.org, ofrece un "chat room" para las personas que tienen cáncer y sus familiares. Puede escribir a: ishen7@hotmail.com. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla

13Mar/100

Anna Nobili: De la discoteca al convento

Después de haberse ganado la vida bailando en los estrados de discotecas, Anna Nobili optó por la vida religiosa y por dedicar su vida a los necesitados, tras culminar un camino personal de conversión.

La hermana Anna relató en una entrevista publicada en el último número de «Mondo Voc» --la revista italiana de animación vocacional de los Rogacionistas--, el itinerario que le llevó a ingresar en las Hermanas Operarias de la Sagrada Familia de Nazaret.

«Comencé a frecuentar las discotecas a los 19 años y continué hasta los 21. Fueron tres años muy intensos durante los cuales perdí totalmente la cabeza. Iba todas las noches y me quedaba hasta las ocho de la mañana», recuerda.

«Desde medianoche hasta las 4 de la madrugada me exhibía en una discoteca, y desde las 4 hasta las 8 iba a bailar a otra. Viajaba incluso fuera de Milán; por ejemplo, a Amsterdam, donde me quedaba cuatro o cinco días».

«Buscaba las discotecas más frecuentadas», continúa su relato; «de ahí mis relaciones con los hombres y el uso del alcohol».

Poco a poco se fue distanciando de esos ambientes. «No sé bien por qué --comenta la hermana Anna--, pero en cierto momento me sentí cerca de la Iglesia. Comencé a ir a misa los domingos y allí lloraba continuamente, sintiendo dentro de mí una presencia diferente».

«Veía a los jóvenes, que se querían de manera muy sencilla y estaban serenos. Un mundo auténtico, no falso como el que yo frecuentaba», prosigue.

El paso siguiente fue «un retiro espiritual en Spello, en la ermita de Carlo Carretto. Recé, hice largas meditaciones. Hasta que una tarde, en la plaza de Santa Clara en Asís, contemplando el cielo y la naturaleza, tuve una percepción clara de que Dios es el Creador y nosotros somos sus criaturas».

«Sentí en el corazón un gozo indescriptible --describe--. Y me puse a bailar. Esta vez no para conquistar a los hombres, sino para agradecer y alabar. Había encontrado lo que buscaba».

Ahora el proyecto de la religiosa es «vivir el carisma de mi Congregación al servicio, incluso a través de trabajos manuales, de los menos afortunados».

«El problema no es tanto ir o no ir a las discotecas --constata--, sino dejarse envolver en relaciones humanas insatisfactorias. Vayamos a la discoteca, pero con Jesús».

«Es normal que los jóvenes busquen sensaciones y que éstas se intensifiquen por la noche. Pero a menudo la vida nocturna se vive como una rebelión que lleva a la perversión», advirtió.

La Congregación de las Hermanas Operarias de la Sagrada Familia de Nazaret fue fundada en 1900 en el norte de Italia y hoy cuenta con 200 religiosas. El Instituto trabaja en situaciones de marginación, como la recuperación de ex prostitutas, y se ocupa de los problemas relacionados con la inmigración.

Tomado de Zenit, 9.III.03, ZS03030904