Existe Dios? Existencia de Dios: preguntas, argumentos y testimonios

5Abr/100

El Origen del Universo – Christian de Duve, Premio Nobel

29Mar/100

¿Es posible la autocreación?

Muy débil es la razón

si no llega a comprender

que hay muchas cosas

que la sobrepasan.

Blas Pascal

Un cuento de hadas para personas mayores

—Mucha gente dice que le sobran todos esos argumentos porque la teoría del big bang explica perfectamente la autocreación del universo, y por tanto no necesitan a Dios para explicar nada.

El big bang y la autocreación del universo son dos cosas bien distintas. La teoría del big bang, como tal, resulta perfectamente conciliable con la existencia de Dios. Sin embargo, sobre la teoría de la autocreación –que sostiene, mediante explicaciones más o menos ingeniosas, que el universo se ha creado él solo a sí mismo y de la nada–, habría que objetar dos cosas. Primero, que desde el momento en que se habla de creación partiendo de la nada, estamos ya fuera del método científico, puesto que la nada no existe y por tanto no se le puede aplicar el método científico. Y segundo, que hace falta mucha fe para pensar que una masa de materia o de energía se pueda haber creado a sí misma.

Tanta fe parece hacer falta, que el mismo Jean Rostand –por citar a un científico de reconocida autoridad mundial en esta materia y, al tiempo, poco sospechoso de simpatía por la doctrina católica–, ha llegado a decir que esa historia de la autocreación es como "un cuento de hadas para personas mayores". Afirmación que André Frossard remacha irónicamente diciendo que "hay que admitir que algunas personas adultas no son mucho más exigentes que los niños respecto a los cuentos de hadas...: las partículas originales, sin impulso ni dirección exteriores, comenzaron a asociarse, a combinarse aleatoriamente entre ellas para pasar de los quáseres a los átomos, y de los átomos a moléculas de arquitectura cada vez más complicada y diversa, hasta producir, después de miles de millones de años de esfuerzos incesantes, un profesor de astrofísica con gafas y bigote. Es el no-va-más de las maravillas. La doctrina de la Creación no pedía más que un solo milagro de Dios. La de la autocreación del mundo exige un milagro cada décima de segundo". La doctrina de la autocreación exige un milagro continuo, universal, y sin autor.

Evolución: bien, ¿pero de dónde?

—Hay quien entiende la historia del universo como una evolución de organismos vivos que ha emergido con ocasión del desarrollo de la materia y ha alcanzado un cierto grado de complejidad...

Para quienes defienden esas teorías, parece que el mundo no es más que una cuestión de geometría extraordinariamente compleja. Sin embargo, por mucho que se compliquen unas estructuras, y por mucho que se admitiera una vertiginosa evolución en su complejidad, esa evolución de la sustancia material se enfrenta al menos a dos objeciones importantes.

La primera objeción es que la evolución jamás explicaría el origen primero de esa materia inicial. La evolución transcurre en el tiempo; la creación es su presupuesto.

La segunda objeción es que pasar de la materia a la inteligencia humana supone un salto ontológico que no puede deberse a una simple evolución fruto del azar. La materia, por mucho que se desarrolle, no es capaz de producir un solo pensamiento capaz de comprenderse a sí misma, igual que –como sugiere André Frossard– nunca se vería que un triángulo, después de un extraordinario proceso evolutivo, advirtiera de repente, maravillado, que la suma de sus ángulos internos es igual a ciento ochenta grados.

—¿Y hay algún inconveniente en que un católico crea en la evolución de las especies? Muchos dicen que no tiene sentido que la Iglesia siga resistiéndose a aceptar algo que está probado científicamente.

Quizá no estén bien informados, porque la Iglesia católica no tiene inconveniente en aceptar la evolución del cuerpo del hombre a partir del de un primate. Para conciliar la doctrina de la evolución humana con la teología católica, es suficiente con admitir que Dios actuó en un momento determinado sobre el cuerpo de la primera pareja, infundiéndoles un alma humana.

Dios pudo, en efecto, ir formando el cuerpo del hombre a partir de alguna especie de primate en evolución, según un proyecto por Él diseñado, y cuando alcanzó el grado de desarrollo requerido, dotarlo de alma humana. No tiene la Iglesia inconveniente alguno en que un católico acepte esa hipótesis si le parece digna de crédito.

—¿Y entonces un católico no tiene que creer al pie de la letra el relato de la creación que aparece en el Génesis?

No es necesario que sea al pie de la letra. El relato de la creación que ofrece el Génesis no pretende ser una explicación científica sobre el origen del ser humano. Las narraciones de fenómenos físicos o naturales de la Biblia no pretenden darnos directamente unas enseñanzas en materia científica. Y tampoco el detalle de sus descripciones pretende afectar directamente a la doctrina de la salvación. Queda bien claro que esa narración es un esquema teológico, que no pretende ser histórico, sino una visión general de lo más fundamental, con el fin de explicar que el mundo procede solo del poder de Dios. Pero cómo se llevó a cabo ese proceso es una cuestión que la Biblia deja completamente abierta.

El autor del Génesis no pretendía dar una clase de astrofísica o de biología molecular. Da a entender que todo hombre, y todo el hombre, en cuerpo y alma, viene de Dios, depende de Dios y ha sido hecho por Dios; que el universo no es autosuficiente y que Dios es el creador y señor de todas las cosas. Las aparentes divergencias que parecen darse entre algunas narraciones bíblicas y los actuales conocimientos científicos se deben al sentido metafórico o figurado con el que en algunos casos escribían los autores sagrados, o bien a un diferente modo de expresarse, según las apariencias sensibles o la manera de hablar de entonces de aquel pueblo.

¿Un alma espiritual?

—Mucha gente niega la existencia del alma. Dice que la inteligencia humana es un proceso cerebral, como cualquier otro de los que hay en el organismo humano, y que no necesita explicaciones espirituales.

La inteligencia humana no es una mera función del cerebro, como la que puede hacer la bilis en el hígado, por ejemplo. El hecho de que la inteligencia no actúe sin la colaboración de los sentidos, que tienen su sede en el cerebro, no supone identificar cerebro e inteligencia. Un aparato eléctrico no funciona si no se enchufa, pero el enchufe no es la causa de que funcione, ni de que exista la electricidad. Enchufe y cerebro son condiciones, no causas.

—¿Y por qué tiene que ser espiritual el alma humana?

Ningún efecto puede ser ontológicamente mayor que su causa. Si el hombre es capaz de tener pensamientos abstractos, su alma tiene que ser espiritual. Si la mente humana es capaz de producir ideas inmateriales, el alma tiene que ser inmaterial, es decir, espíritu.

—Pues hay quien asegura que la vida humana responde en su totalidad a un esquema bioquímico que explica todos sus procesos.

¿Fueron entonces –se pregunta José Ramón Ayllón– las neuronas de Miguel Ángel quienes pintaron la Capilla Sixtina? En caso afirmativo habría que admirar los procesos bioquímicos de su cerebro, y no de su propietario. Y si la conducta criminal de Hitler fue exclusiva e inevitable consecuencia de su química neuronal, no sería él responsable del holocausto de tantos judíos, sino solo sus neuronas. ¿Pueden las neuronas ser justas, o valientes, o peligrosas? Si las neuronas movieran totalmente al hombre, el hombre sería un títere de su cerebro. ¿Son acaso las neuronas quienes originan la voluntad libre y, por consiguiente, se dan órdenes a sí mismas?

En la base de las decisiones libres encontraremos procesos bioquímicos, es cierto, pero la libertad y la inteligencia no parecen ser procesos bioquímicos, ni tampoco efectos de solo lo bioquímico, como la luz solar que entra en la habitación no es efecto solo de que la ventana esté abierta: tiene que alumbrar el sol. Reducir la vida humana a un proceso bioquímico extraordinariamente complejo supone negar la existencia de la libertad humana. Y cualquier hombre puede comprender que es capaz de escoger, que podría haber obrado de manera distinta a como lo ha hecho, y que, en definitiva, la libertad existe y no es una simple entelequia de la razón.

Lo curioso es que quienes sostienen esas teorías deterministas –que niegan la libertad en pro de todos esos complejos procesos bioquímicos– no se resignan a que los demás conculquen sus derechos. Estoy seguro que si a uno de ellos le roban su cartera, lo más probable es que no se limite a pensar que el pobre ladrón obró así necesariamente, impelido por un estímulo bioquímico irresistible, sino que llamará a la policía y exigirá que busquen al culpable, quizá incluso que le castiguen, y, por supuesto, la devolución de la cartera.

13Mar/100

Existencia de Dios – ¿Científicamente?

 Existencia de Dios - Una pregunta científica
¿Existe Dios? El otro día me pidieron que probara la existencia de Dios. Fue una conversación cara a cara con un amigo escéptico, quien de alguna manera, puso sobre mí toda la obligación de presentar pruebas. Él no quería argumentos religiosos, morales o filosóficos. Quería la "prueba" científica.

Existencia de Dios - ¿Es posible un enfoque científico?
Cuando se hace la pregunta: "¿Existe Dios?," hay realmente sólo dos conclusiones posibles: Dios es, o no es. No hay punto medio. No hay escala variable. Tanto si eres un ateo como si crees en Dios, existe

13Mar/100

Creatividad y Creación

Creatividad y Creación

La creatividad humana

Dios es espíritu puro, y el acto creador divino es un acto de conocimiento y amor. Podemos entender

algo más del acto creador divino si consideramos nuestra propia actividad espiritual, que es imagen de

Dios.

Utilizamos la palabra crear también para referirnos a nuestra propia actividad. El creativo es aquél que

inventa algo nuevo, que brota de su riqueza interior, que no es copia, sino algo original. Y por eso se

percibe su sello personal.

Nosotros creamos formas, no seres reales

Lo que nosotros creamos es una forma, una manera nueva de hacer o de ordenar materiales existentes.

Y esa creación, esa forma, está en la mente del creativo. Es el contenido de un acto de pensamiento

suyo. Como el proyecto de construcción de una casa en la mente de un arquitecto. La realidad del

proyecto pensado es exclusivamente esa: el acto de pensarla. Lo creado es el contenido del acto

creativo, y nada más.

Pero la creatividad del espíritu humano se limita a una nueva forma o idea, no da lugar, por sí misma, a

una nueva realidad. Para hacerlo real, hay que utilizar materiales reales cuya existencia no depende del

sujeto creativo. Ese anhelo de dar realidad a lo creado está expresado en lo que llamamos mágico: el

mago tendría el poder de hacer que sus palabras engendren realidad por sí mismas.

Creación y realización

El proyecto meramente pensado es una realidad que permite construir. Y su realidad consiste en estar

siendo pensado con ilusión, y nada más. Crear no es realizar. En la actividad humana, hay dos momentos,

el creativo, que engendra una nueva forma pensada, y la realización de la obra exterior, que utiliza

materiales preexistentes.

El creador humano es origen de una nueva forma, y cuando la realiza mediante materiales ya existentes,

puede morir tranquilo. La existencia de su obra no depende de su propia existencia. El sólo es causa del

principio, no del ser y la consistencia actual de esa obra.

La creación divina

En la actividad divina, la eficacia de estos dos momentos –creación y realización- se unen en un solo acto.

En Dios, crear es establecer todo el ser de lo creado. Nosotros sólo creamos “formas”, el pensamientoamor

de Dios da consistencia real a lo que piensa-ama. Ser real consiste en estar siendo actualmente

pensado-amado por Dios.

El ser real es el contenido de un acto de amor creador. No está “fuera” del acto creador, como la casa

está fuera de la acción del constructor. Hay una relación de mutua interioridad entre el acto creador y

lo creado. Es el acto creador el que da consistencia actual a la realidad creada. Y lo creado existe en el

acto creador.

La solidez actual del ser real creado no es un fruto” ulterior” del acto creador, como la casa es un fruto

“ulterior” del acto constructor. Hay ser creado “mientras” hay acto creador. Ser real “consiste” en estar

siendo actualmente pensado-amado en el acto creador divino. La realidad creada está en la intimidad

del acto de creación divino como la forma creada por el hombre está en la intimidad del acto creativo

del hombre.