Una joven, sin piernas, gateaba 4 kilómetros para ir a Misa

Publicado por jorgellop en Agosto 30, 2008

¡Cuántas dificultades ponemos para acompañar a Dios todos los domingos en la Misa! Cualquier dificultad es suficiente para echarnos atrás, para excusarnos con esta cita semanal con Dios que nos cambia. Queda relegado en todos los planes al final del día, es una obligación que se nos impone que dificulta el descanso dominical. También hemos escuchado muchas veces que la Misa no dice nada. Como no me dice nada dejo de ir. El planteamiento Leer el resto de esta entrada »

Pilar Soto, actriz y presentadora, ¿a quién tenemos que llamar?

Publicado por jorgellop en Noviembre 28, 2008

Leo la siguiente noticia en el periódico Alfa y Omega. Jamás había oído hablar de Pilar Soto, actriz y presentadora. Parece que participó entre otros espacios en La isla de los famosos, que tampoco he visto en mi vida. Lo comento para dar pistas en su identificación. A mi me ha costado encontrar una foto que se pudiera colgar en el blog.
 
Una vez más una situación extrema en una persona lleva Leer el resto de esta entrada »

Julio González: ¿Por qué ahora le tengo que preguntar a Dios por qué?

Publicado por jorgellop en Junio 11, 2008

“Lloré cuando estaba en el túnel a punto de entrar en el campo. En el momento en que salí a la cancha todos los hinchas del estadio estaban de pie aplaudiendo. Algo maravilloso, que no se ve todos los días. El recibimiento fue memorable. Hasta el día de hoy no tengo palabras para describir esa emoción”.Así entraba al terreno de juego Julio González, actual jugador del Tacuary, equipo de primera división de la liga paraguaya de fútbol. Era el 16 de noviembre Leer el resto de esta entrada »

Mi amigo, el apostata

Publicado por jorgellop en Julio 14, 2008

—¿Me autorizas a escribir un artículo con lo que me contaste ayer?

—Si le sirve a alguien…

—Yo pienso que sí.

—Adelante, entonces.

—No te preocupes. Seré discreto. Esto fue lo que me dijiste:

“Cuando murió mi hermano pequeño de cáncer, abandoné toda práctica religiosa. Fue una decisión firme y fría. No estaba dispuesto a volver nunca más a la Iglesia. Supongo que eso es lo que llaman una apostasía. No perdí la fe. Era demasiado soberbio para pensar que había estado equivocado durante años. Por eso mi rencor hacia la religión y hacia Dios era más fuerte. Le dije a mi mujer que Dios no se merecía que yo creyera en él.

Menuda barbaridad. Ahora, al recordarlo, me parece diabólico. Marta me dijo que estaba volviéndome loco, que eso no tenía ningún sentido; pero a veces el dolor te hace perder la cabeza.

Lo malo es que mi locura duró quince años. Hace cinco o seis, Marta me habló de un matrimonio amigo, de Luis y a Teresa. Usted ya lo sabe, porque la maniobra fue suya. Pero, bueno, funcionó. Luis tiene la risa más alegre y contagiosa que he conocido. Me cayó bien. Me habló de Dios casi enseguida y yo le escuché por eso, porque me caía bien. Luego, sin darme tiempo para encontrar una buena excusa, me invitó a una conferencia sobre la Semana Santa.

El conferenciante habló del mal ladrón, que compartió con Jesús el suplicio de la Cruz y sólo le sirvió para blasfemar. Comprendí entonces que estaba hablando de mí. Luego se refirió al buen ladrón, que supo aprovechar el mismo sufrimiento para robar el Cielo en el último golpe de su vida.

Yo veía que los asistentes estaban todos de acuerdo, y hasta se reían. Se me ocurrió por un momento que se reían de mí, que habían montado aquel tinglado sólo para que yo oyera aquellas cosas. Como ve, seguía siendo un vanidoso estúpido.

No dormí en toda la noche. Al día siguiente le dije a Marta, que me separaba de ella; que me había traicionado contando mis problemas a un cura e inmiscuyéndose en mis asuntos sin tener el menor derecho.

Lloró tanto la pobre… Ya lo sabe usted. Terminamos los dos abrazados, llorando a lágrima viva. Me confesé…, y hasta ahora.”

Tomado del blog Pensar por libre de Enrique Monasterio

El matón de discoteca que se encontró con Dios.

Publicado por jorgellop en Febrero 15, 2009

Miles de jóvenes católicos en las Jornadas Mundiales de Sydney, el pasado verano, escucharon al antiguo gánster y matón John Pridmore contar su asombroso testimonio de conversión. Nació en 1964 en el East End de Londres. Con diez años, sus padres se divorciaron. “Decidí inconscientemente no amar nunca más“, recuerda. “Empecé a robar a los 13 y me encerraron a los 15 en un centro de menores. A los 19 estaba en la cárcel. Me peleaba siempre, y por eso me castigaban en confinamiento. Al salir de prisión, pensé que ya que me gustaba pelear podía usar eso para ganar dinero”.

Conoció a “unos tipos que parecían tenerlo todo” y le introdujeron en los circuitos de venta de droga, palizas por encargo y tareas de matón de bar y de puerta de discoteca. El dinero fluía. “Dinero, poder, chicas, drogas… Pero aún así había algo que faltaba”. Un día pegó una paliza a un rival. Vinieron a buscar a John al pub para vengarse. Hubo pelea, y John acuchilló a su enemigo. Semanas después supo que no había muerto. Pero mientras tanto, con 27 años, dinero y reputación de tipo duro, se hacía preguntas: “¿Por qué no soy feliz?, ¿por qué estoy tan furioso?” Una noche pasó algo, que detalla en su libro “From Gangland to Promised Land”.

“Estaba en mi piso, sentado, solo. Me sentía deprimido y vacío. Entonces, oí lo que solo puedo definir como una voz. Me decía las peores cosas que yo había hecho. Pensé que era la TV y la apagué, pero la voz seguía. ¿Es que me estaba volviendo loco? Entonces algo hizo “clic” en mí: era la voz de Dios, mi conciencia. No podía respirar, era como si me estuviese muriendo. Un miedo terrible me aferró. ¿Me voy al infierno?, pensé. Caí de rodillas y las lágrimas asomaron a mis ojos. ¡Dame otra oportunidad!, lloré. De repente, un calor increíble se apoderó de mí y el miedo se evaporó.

En ese momento supe que Dios es real. Me consumía un sentimiento sobrecogedor de amor. Entendí por primera vez que Dios me amaba”. John fue corriendo a casa de su madre, acostumbrada a recibirle borracho. “Mamá, creo que he encontrado a Dios”. “¿A la una y media de la mañana?”, dijo ella, frotándose los ojos. Su madre había rezado por él una novena a San Judas. John se confesó y dejó la vida de mafioso. Tenía pendiente una temporada en prisión, que aprovechó para rezar y estudiar. Pasó un tiempo en los peores barrios de Nueva York como novicio de los Franciscanos de la Renovación. Finalmente encontró su lugar en la Comunidad de Saint Patrick, un grupo de laicos evangelizadores en Irlanda. Ahora viaja contando su testimonio a los jóvenes, invitado en colegios de todo el mundo.

¿No será Dios que se manifiesta en esas madres?

Publicado por jorgellop en Noviembre 19, 2009

El escritor Ernesto Sábato, escribe las siguientes líneas con ocasión de la muerte de su hijo en accidente automovilístico. Son reflejo de un Dios deseado, buscado. “Un Dios  -que como el mismo decía-en cuya fe nunca me he podido mantener del todo, ya que me considero un espíritu religioso, pero a la vez lleno de contradicciones”
“Después de la muerte de Jorge ya no soy el mismo, me he convertido en un ser Leer el resto de esta entrada »

La ira de Dios o el castigo divino

Publicado por jorgellop en Julio 24, 2007

 ”La ira de Dios revela que yo me he alejado del amor divino. Quien se aparta de Dios, quien se aparta del buen camino, se acerca a la ira. Quien sale del amor, entra en lo negativo. Así pues, no es algo que te imponga cualquier dictador despótico, sino únicamente la expresión de la lógica interna de una actuación. Si salgo de lo que es adecuado a mi idea de la creación, si salgo del amor que me sustenta, entonces caigo sin más en el vacío, en la oscuridad. Entonces ya no estoy dentro del ámbito de la ira.

nina-buitre.jpg

En una entrevista al Card. Ratzinger que se publicó en un libro titulado “Dios y el mundo”, da una respuesta profunda y, al mismo tiempo, sencilla sobre lo que algunos llaman la ira de Dios.  Copio para no estropearla. Da respuesta a esas personas que contemplan el mal sólo como un castigo de Dios, sin espacio a un mal uso de su libertad.

Los castigos de Dios no son castigos en el sentido de que Dios establezca multas policiales y le guste perjudicarnos. En realidad la expresión “castigo de Dios” manifiesta que he errado el buen camino y pueden sobrevenirme consecuencias posteriores por seguir huellas falsas y abandonar la verdadera vida”