Existe Dios? Existencia de Dios: preguntas, argumentos y testimonios

9Jul/110

Textos sobre la evolución:historia de la

a historia de la evolución de las distintas especies.

«Son conocidos los muchos intentos que la ciencia ha hecho --y sigue haciendo-- en los diferentes campos, para demostrar los vínculos del hombre con el mundo natural y su dependencia de él, a fin de inserirlo en la historia de la evolución de las distintas especies. Respetando, ciertamente, tales investigaciones, no podemos limitarnos a ellas. Si analizamos al hombre en lo más profundo de su ser, vemos que se diferencia del mundo de la naturaleza más de lo que a él se parece. En esta dirección caminan también la antropología y la filosofía cuando tratan de analizar y comprender la inteligencia, la libertad, la conciencia y la espiritualidad del hombre.

El libro del Génesis parece que sale al encuentro de todas estas experiencias de la ciencia y, hablando del hombre en cuanto «imagen de Dios», da a entender que la respuesta al misterio de su humanidad no se encuentra por el camino de la semejanza con el mundo de la naturaleza. El hombre se asemeja más a Dios que a la naturaleza. En este sentido, el salmo 82, 6 dice: «Sois dioses», palabras que luego repetirá Jesús (cf. Jn 10, 34).

Esta afirmación es audaz. Hay que tener fe para aceptarla. Aunque es cierto que la razón libre de prejuicios no se opone a tal verdad sobre el hombre; al contrario, ve en ella un complemento de lo que resulta del análisis de la realidad humana y, sobre todo, del espíritu humano» (Catequesis del Papa durante la audiencia general del miércoles, 6 de diciembre de 1978; cf. L´Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espaZola, 10 de diciembre de 1978, p. 3).

«(...) la Revelación divina, de la que la Iglesia es garante y testigo, no comporta en sí ninguna teoría científica del universo
Y la asistencia del Espíritu Santo no viene a garantizar en modo alguno las explicaciones que nosotros quisiéramos enseñar sobre la constitución física de la realidad.

No debe sorprendernos ni escandalizarnos que la Iglesia haya podido avanzar con dificultad en un terreno tan complejo. La Iglesia, fundada por Cristo que se declaró el camino, la verdad y la vida está compuesta de hombres limitados y solidarios con su época cultural. Ella confiesa interesarse siempre por la investigación sobre el conocimiento del universo físico, biológico o síquico. Pero sólo mediante el estudio humilde y asiduo aprende a disociar lo esencial de la fe de los sistemas científicos de una época, sobre todo cuando una lectura habitual de la Biblia aparecía unida a una cosmogonía obligada» (Discurso del Papa a los participantes en el Simposio Internacional celebrado con ocasión del 350 aniversario de la publicación de los "Diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo" de Galileo Galilei, Roma, 9 de mayo de 1983; cf. L´Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espaZola, 7 de agosto de 1983, p. 2).

En el concepto polivalente, y considerado bajo el perfil filosófico de "evolución", se está desarrollando cada vez más desde hace tiempo en el sentido de amplio paradigma del conocimiento del presente.

Quiere integrar la física, la biología, la antropología, la ética y la sociología en una lógica de explicación científica general. El paradigma de la evolución se desarrolla no en último lugar, a través de una literatura, en crecimiento continuo, hasta llegar a ser una especie de concepción cerrada del mundo, una "imagen evolucionista del mundo".

Esta concepción del mundo se diferencia de la imagen del mundo materialista, que prevaleció durante el cambio de siglo por una vasta elaboración amplia y una gran capacidad de integrar dimensiones aparentemente inconmensurables. Mientras el materialismo tradicional quería descubrir que la conciencia moral y religiosa del hombre era ilusión y la combatía activamente a veces, el evolucionismo biológico se siente lo suficientemente fuerte como para motivar esta conciencia funcionalmente con las ventajas de la selección vinculadas a ella e integrarla en su concepto general. La consecuencia práctica ha sido que los autores de esta concepción evolucionista del mundo han introducido una nueva definición de las relaciones con la religión, que se diferencia notablemente de la del pasado más reciente y del más remoto.

En cuanto al aspecto puramente naturalista de la cuestión, ya mi inolvidable predecesor, el Papa Pío XII, en la Encíclica "Humani generis", llamaba la atención en 1950 sobre el hecho de que el debate referente al modelo explicativo de "evolución" no es obstaculizado por la fe si la discusión se mantiene en el contexto del método naturalista y de sus posibilidades. Pío XII destaca el límite del alcance de dicho método cuando afirma que el Magisterio de la Iglesia no prohíbe que "según el estado actual de las ciencias y de la teología, en las investigaciones y disputas entre los hombres más competentes de entrambos campos sea objeto de estudio la doctrina del evolucionismo, en cuanto busca el origen del cuerpo humano en una materia viva preexistente; pero la fe católica nos obliga a aceptar que las almas son creadas inmediatamente por Dios.

Mas todo ello ha de hacerse de modo que las razones de una y otra opinión - es decir, la defensora y la contraria al evolucionismo - sean examinadas y juzgadas seria, moderada y templadamente" (cf. DS 3.896). Según estas consideraciones de mi predecesor, una fe rectamente entendida sobre la creación y una enseñanza rectamente concebida de la evolución no crean obstáculos: en efecto, la evolución presupone la creación; la creación se encuadra en la luz de la evolución como un hecho que se prolonga en el tiempo - como una creatio continua - en la que Dios se hace visible a los ojos del creyente como "Creador del cielo y de la tierra".

La "nueva imagen evolucionista".

La cuestión del límite justo y coordinación recta de los diferentes ámbitos del conocer humano que está en el centro de la citada afirmación de la Encíclica Humani generis, ha asumido también dimensiones nuevas gracias a la "nueva imagen evolucionista". En su amplia aspiración no se trata meramente del origen del hombre, sino de la acepción más extendida de modelar todos los fenómenos espirituales, incluida la moral y la religión, al modelo-base de la "evolución" y a partir de éste se circunscriben al mismo tiempo su función y límites.

Tal funcionalización de la fe cristiana tendría que incidir en el hombre y modificarlo en lo más íntimo. Y por esto, el pensamiento que se basa en la fe no puede dejar de ocuparse de esta concepción evolucionista del mundo, que va mucho más allá de sus fundamentos naturalistas. El problema central de la fe sigue siendo la búsqueda de la verdad. Ahora hay que preguntarse qué contenido de verdad y qué posible ubicación deba atribuirse a las teorías científicas, que debieran sostener y motivar la filosofía que con frecuencia se presenta en forma de divulgación y se incluye en el conocimiento naturalista y se desarrolla a partir de éste.

Es claro que este problema grave y urgente no puede resolverse sin la filosofía. A la filosofía corresponde precisamente someter a examen crítico el modo de llegar a resultados e hipótesis, distinguir de extrapolaciones ideológicas la relación entre teorías y afirmaciones particulares, situar las afirmaciones naturalistas y su alcance y, en especial, el contenido propio de las afirmaciones naturalistas.

Se trata de comprender al hombre

Por dichas razones veo con agrado este Simposio en el que científicos y estudiosos competentes - sobre todo filósofos y teólogos de orientaciones diferentes y especializaciones diversas - han querido dedicarse a este trabajo con intención de detectar con precisión los problemas y elaborar respuestas acertadas a partir del conocimiento de las cuestiones.

En definitiva, se trata de comprender al hombre, problema que ciertamente no puede separarse del tema de Dios. Según una profunda frase de Romano Guardini, al hombre lo comprende sólo quien conoce a Dios. En efecto, sólo con esta perspectiva más dilatada sale a la luz la verdadera grandeza del hombre y se evidencia quién es en lo más profundo: un ser querido y amado de su Creador, cuya grandeza inalienable es poder decir "tú" a Dios» (Discurso del Papa al Simposio científico internacional sobre "Fe cristiana y teoría de la evolución" celebrado en Roma, el 26 de abril de 1985; cf. L´Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española, 7 de julio de 1985, p. 4).

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